lunes, 24 de abril de 2017

Pedofilia y violencia oscura


MITOS Y CREENCIAS SOBRE LA VIOLENCIA OSCURA

Lic. Fernando Britos V.

Cuando el horror y el dolor estremecen ante una tragedia con desenlace catastrófico como la acontecida el pasado jueves se plantea el compromiso de expresarse sobre las cuestiones que demanda la causa de los niños, su defensa, su protección, su cuidado. Es una obligación social, un compromiso que convoca a los profesionales y que debe cumplirse al margen de cualquier intento de obtener notoriedad, exposición mediática o reconocimiento a favor de la conmoción que generan dramas demoledores. Sin embargo, en lo que se dice a continuación no hay nada nuevo, nada concluyente, nada condenatorio, nada exculpatorio, nada definitivo. No se trata de juzgar sino de comprender.

El crepitar de los medios de comunicación, la multiplicación de declaraciones, de comentarios y de opiniones que saturan la redes sociales y el espectro electrónico en general nos indica que existen demasiados mitos y creencias que deben ser expuestos porque seguirán afectando nuestra comprensión de estos fenómenos cuando la conmoción actual se haya apaciguado, cuando los duelos se hayan resuelto, cuando el terror se haya olvidado, cuando las reflexiones se hayan olvidado, en fin cuando el abuso infantil vuelva a ser nuevamente ignorado, negado, ahogado.

1) Existe una sola forma de abuso: la violencia desatada o violencia física – No es verdad. El abuso físico, la violación, la tortura, el asesinato suelen ser la culminación de un proceso, generalmente prolongado y ominoso. La gama de pervertidos y pedófilos capaces de atacar a los más débiles, a los niños, a las mujeres, a los discapacitados, es muy grande y por definición resistente a los perfiles que elaboran algunos profesionales que pretenden ser los descubridores del agua tibia.
Es más, los más peligrosos son los “seductores”, individuos generalmente jóvenes o de mediana edad pero de esos que sus vecinos y conocidos califican invariablemente como “bueno, amable, servicial, incapaz de matar una mosca” y desde luego carentes de antecedentes penales.
El vecino del pedófilo que asesinó al niño Felipe aseguró ante las cámaras - antes de descubrirse el crimen - que el entrenador “aparecería con el niño porque lo quería mucho y era incapaz de hacerle daño”. La explicación de esta ceguera fenomenal radica en una incomprensión de las características de la violencia y sobretodo de la violencia siempre presente en los casos de abuso infantil. Se asocia violencia con la ira y los impulsos brutales y episódicos, con el contacto físico, lo cual permite que la violencia psicológica sea ignorada o menospreciada cuando no justificada.

2) La violencia psicológica: omnipresente y desconocida – La violencia psicológica es una agresión que se lleva a cabo sin que se produzca contacto físico entre las personas. Por ende puede encontrarase en todos los ámbitos (en la familia, en las relaciones de pareja, en el trabajo, en la escuela, en el deporte, etc.).
La violencia psicológica es una forma de presión que tiene lugar en el marco de una relación de poder de gran asimetría, es decir donde el violento impone a otro u otros determinadas acciones, influye sobre sus vínculos, inculca creencias y trastorna sus afectos. Generalmente se traduce en frases descalificadoras que intentan desmerecer y descalificar a otro individuo para adquirir un control total sobre la víctima (por ejemplo, el pedófilo intenta descalificar a los padres, en este caso a la madre del niño para ganar su lealtad incondicional y someterlo) o, por el contrario, en una actitud de dominio que se presenta como cariñosa, protectora, gratificante y complaciente.
La violencia psicológica es difícil de probar porque se desarrolla en un marco de ambigüedad y muchas veces encubierta en una “relación especial”, de amor, de amistad. En el caso de los niños que son víctimas de abuso la violencia psicológica es aún más ominosa porque el perpetrador explota vulnerabilidades propias de la infancia (socialización incompleta) y vulnerabilidades específicas (abandono paterno o materno, penuria afectiva y/o económica, situaciones de desprotección extrema: niños perdidos, catástrofes naturales, discapacidades, etc.).
A diferencia de lo que sucede cuando se registra un maltrato físico y patente, la violencia psicológica se desarrolla de modo velado y puede tener lugar en cualquier ámbito sin perjuicio de lo cual y sobre todo en el caso de la violencia contra los niños y jóvenes existen escenarios más frecuentes, precisamente aquellos en donde el contacto físico, la cercanía de los cuerpos, es mayor (por ejemplo en instituciones deportivas, religiosas, educativas, recreativas y en el entorno familiar).
En el caso de los pervertidos, pornógrafos y pedófilos que pescan a sus víctimas a través de Internet la violencia psicológica, la seducción, precede a la violencia física que supone más que el contacto de los cuerpos: la exposición de las imágenes.
La violencia psicológica es, por fin, más común, más discreta, más ignorada, más justificada y está más naturalizada entre nosotros que la violencia física. Véase si no que la AFA intenta defender a Lionel Messi de la sanción que le aplicaron por insultar al árbitro demostrando que “la concha de tu madre” no es un agravio sino una común expresión cariñosa rioplatense.

Hechos como el que acaba de culminar en Villa Serrana deben servir para estar alerta ante las manifestaciones de violencia psicológica aunque más no sea porque, en cualquier ámbito de la vida, la violencia psicológica precede en la enorme mayoría de los casos a la violencia física.

3) Los antecedentes de los pedófilos son siempre evidentes – Esto no es verdad. En realidad un número importante de pedófilos y de quienes los han amparado o los amparan no registran antecedentes penales o de inconductas o episodios anteriores. En distintos medios, inclusive en la judicatura, en las autoridades eclesiales y en determinados organismos jurisdiccionales, existe una especie de lenidad, cuando no de franca negación, acerca de los alcances y la gravedad del abuso infantil y en particular de la pedofilia.

Es sorprendente y ejemplar el caso relativamente reciente del juez que entendió en la violación incestuosa de un padre hacia su hija, que no fue condenado porque “la violación no había provocado escándalo público”, y que condujo a que el violador exculpado violara a los pocos años a su nieto, que era su hijo, y terminara suicidándose al ser descubierto. Hasta donde se sabe ese juez sigue su carrera ascendente tan campante. Algo parecido sucede con los obispos, cardenales y Papas que han encubierto a los curas fornicadores y pedófilos tan frecuentes en la Iglesia Católica. O los dirigentes de clubes que han albergado pedófilos y ponen púdica distancia de episodios descubiertos.

En sentido estricto no se trata de que no existan antecedentes sino que estos han sido ignorados, menospreciados o negados porque la pedofilia marca a las víctimas que difícilmente se atreven a denunciar a los perpetradores, ya sea por temor o por haber sido seducidas, de modo que los actos delictivos, las aberraciones, las tentativas, las insinuaciones frustradas, no trascienden o son borradas de la memoria colectiva por acción de los victimarios o de sus protectores.

4) Los abusadores han sido abusados – Independientemente de la dudosa calidad metodológica de investigaciones que aseguran que en los antecedentes de un abusador condenado figuran,en todos los casos, abusos sufridos en la infancia hay que decir que esta afirmación es, en la mejor de las alternativas, una verdad a medias. En otras palabras se ha demostrado que no todas las víctimas de abuso infantil se transforman, a su vez, en abusadores.

Las distintas formas de violencia, psicológica y/o física, son sin duda episodios traumáticos de entidad, muy difíciles de superar (o aún imposibles de superar). Sin embargo no constituyen un estigma que condicione necesariamente a la víctima de hoy para transformarse en el victimario de mañana. La interpretación conductista y organicista de los traumatismos menosprecia y desconoce aspectos más profundos y al mismo tiempo de significación social de las acciones humanas. Es simplista sostener que quien ha sido violado tiene una enorme propensión a transformarse en violador. En realidad, depredadores sexuales perversos y recientes, como el arquitecto colombiano perteneciente a una adinerada familia de Bogotá, no habrían sufrido violencia física en su niñez y juventud aunque si posiblemente violencia psicológica. Sucede que el determinismo conductual tiende a equiparar abuso con violencia física exclusivamente lo cual, como se ha dicho, es una forma de menospreciar la violencia psicológica, las asimetrías de dominio y sumisión, el poder ejercido sobre los más débiles.

En este punto, como en el anterior, la prevención no puede basarse en los antecedentes formales sino en las actitudes concretas. La madre del niño asesinado manifestó que ella, como policía, “había investigado los antecedentes del entrenador” que se había apoderado de su hijo pero que “no los tenía”. En realidad lo que si tuvo ante sus ojos fue una apropiación indebida del afecto que contó, en el mejor de los casos, con una ceguera ingenua de su parte.

5) Vidas ejemplares y ámbitos inmunes – No existen ámbitos inmunes al abuso infantil, a la pedofilia y a la violencia psicológica. El perpetrador, un jardinero de 32 años y de buen pasar, sin vínculos de pareja conocidos (de cualquier naturaleza), vivía en una vivienda independiente vecina a la de su madre, era antiguo practicante de artes marciales y amante del excursionismo en las serranías, se desempeñaba como entrenador aficionado de baby fútbol en un modesto club de Maldonado (en la categoría de 9 años) desde hace casi una década. Hasta aquí ha de parecerse a decenas y tal vez cientos de personas con similares intereses y ocupaciones.

No es sorprendente que en sus declaraciones a los medios y sobre todo en las redes sociales (al amparo de la impunidad e irresponsabilidad propias de las mismas) se produzcan manifestaciones enfrentadas, desde quienes obcecadamente atribuyen las muertes “a un tercero” porque el entrenador era bueno e “incapaz de causar daño” hasta quienes culpan al victimario, a la madre y al padre biológico.

En verdad los pedófilos o quienes potencialmente pueden desarrollar un desorden de ese tipo tienden a aproximarse a instituciones o sitios de concentración infantil, donde la proximidad física y sobre todo emotiva es importante. En torno a estas instituciones o sitios pueden encontrarse en los alrededores desde los pervertidos que espían a los niños para masturbarse, hasta potenciales depredadores que secuestran o dementes como el que recientemente ingresó a un liceo armado de una escopeta. Esta es una fauna omnipresente aunque no ostensible.

Sin embargo, hay también pedófilos más o menos contenidos que se incorporan a las instituciones. En el caso de las escuelas y de muchas instituciones deportivas existe un encuadramiento basado en equipos de docentes o entrenadores cuya conducta y proximidad con los niños, incluso la gestualidad y el contacto físico, suelen tener cierto grado de control colectivo. También hay instituciones donde ese marco organizativo no existe o es más débil y en esos casos la acción de los pedófilos se ve facilitada. Esa facilitación no consiste necesariamente en el contacto impropio, tocamientos o contemplaciones que puedan tener lugar en la misma institución sino en la posibilidad de desarrollar una relación, entre el pedófilo y los niños o niñas y especialmente el niño o la niña, que va más allá del lapso de participación institucional. Relaciones de amistad de gran familiaridad que inevitablemente conducen a un estrechamiento que facilita la acción de los pedófilos seductores.

Es esta relación íntima, disfrazada de paterno-filial, la que se dio en este caso con una responsabilidad inocultable o inexcusable de la madre y el padre del niño finalmente asesinado. El entrenador no solamente solía organizar “hamburgueseadas” para los niños en su casa sino que se llevaba al niño de paseo en autos que alquilaba al efecto, a pesar de tener su propio vehículo, se fotografiaba permanentemente abrazado con él, se presentaba como su padre y participaba en las reuniones que convocaba la escuela, viajaba al exterior por muchos días con el niño (los padres habían firmado una autorización para que saliera con él del país).

En fin, el entrenador había usurpado la paternidad del niño favorecido seguramente por la ausencia de un padre abandónico, la vulnerabilidad de una madre soltera (vulnerabilidad que incluye un desapego aparentemente producto del exceso de trabajo) y una ceguera considerable acerca de las verdaderas intenciones de las imposiciones y las dádivas monetarias del pedófilo. Otro elemento coadyuvante es el de la gratificación prometida: el entrenador iba a conducir al niño al éxito deportivo, a la fama y la gloria de los futbolistas más destacados. Esta promesa explícita es capaz de cegar a los padres que ven en el fútbol un camino de ascenso social y glorificación (en algunos casos casi el único camino) con una inversión de competitividad exagerada y de entrega o lealtad al líder que puede ser manipulada en forma perversa, como aquí seguramente sucedió.

Cuando hace un siglo o más, la Iglesia Católica ofrecía a los novicios un camino de acceso a una vida espiritual superior y una ubicación social segura, respetable y útil a la comunidad, esa promesa podía ser manipulada y de hecho lo era en unos pocos casos para producir un número importante de relaciones pedófilas en los seminarios sacerdotales. Ahora que las vocaciones sacerdotales han caído en flecha, parecería que los pedófilos solamente pueden dirigirse a los monaguillos o a los cada vez menos niños que acceden a la catequesis. Hipotéticamente la promesa de la gloria futbolística parece haber reemplazado en el repertorio de los pervertidos a la promesa eclesial.

Por otra parte, cierta sexualización del entorno que afecta crecientemente a los preadolescentes y adolescentes en su exposición en las redes sociales parece evidencia de la falta de vigilancia y prevención por parte de los adultos. Por ejemplo, el niño asesinado tiene una hermana de doce años que, en su propia página, se presenta maquillada, en posturas y vestimentas sugestivas claramente sexualizadas (más de 300 corresponsales de edades indeterminadas pero en su enorme mayoría adultos retribuyen las imágenes con los términos “linda”, “ricura”, “bombón”, etc.).

Naturalmente no se trata de censurar esas actitudes de una preadolescente sino de advertir la falta de una intervención materna que evite ese tipo de exposición sexualizada que, como se sabe, puede conducir a distintas formas de chantaje, engaño y seducción por parte de pedófilos y tratantes activos en las redes.

Como la estrecha relación entre el niño y el entrenador llevaba más de dos años y la madre había notado cambios (el menor se mostraba huraño y se distanciaba de ella, se comía las uñas, etc.) lo llevó a la psicóloga y recibió un informe de la profesional, quien habría detectado anomalías en la relación y propuesto que el entrenador no estuviera a solas con el niño. La madre citó al sujeto en la cantina del club de baby fútbol, el miércoles por la tarde, y se limitó a comunicarle su prohibición de que continuara sus contactos en razón de la recomendación de la psicóloga.

Increíblemente la madre no tomó otras acciones que hubieran sido fundamentales para prevenir el desastre. La escuela no fue avisada de esta situación y el ultimatum materno provocó el desencadenamiento catastrófico. En menos de 24 horas el pedófilo alquiló un auto, pasó a media tarde por la escuela, retiró al niño antes de la salida aduciendo que se aproximaba una tormenta y la maestra lo permitió vistos los antecedentes que se venían registrando habitualmente por parte de quien se presentaba como “padre” del menor. Pocas horas después se produjo el desenlace fatal.

Ante los hechos conocidos hay quien dice “yo jamás le confiaría un hijo a un desconocido” o “yo solamente confío a mis hijos a familiares muy cercanos”. Sin embargo, el perpetrador no era un desconocido; había seducido al niño y había indicios de que su relación estaba fuertemente sexualizada. Si durante la misma o en el sangriento episodio final se produjo la violación del niño o no, es irrelevante. Por otra parte, en los casos de pedofilia sucede que los abusadores, con mucha frecuencia, se encuentran en el entorno más cercano: padrastros, padres, abuelos, tíos, primos hermanos, más o menos en ese orden de incidencia.

6) Los niños nunca mienten - A mediados de los 90, los Estados Unidos vivieron una fiebre de denuncias sobre abusos sexuales que se basaban en recuerdos de violaciones, abortos forzados y otras hechos terroríficos que habían aflorado de la memoria profunda de las víctimas con ayuda de ciertos psicoterapeutas, consejeros familiares o pastores de ciertas congregaciones religiosas. Las víctimas no recordaban los hechos pero algunos terapeutas sospechaban que síntomas como la depresión, fobias y el miedo a la oscuridad, desórdenes alimentarios como la bulimia y la anorexia y otros, se debían a que los pacientes (adultos jóvenes) habían sido abusados en la infancia. Se pusieron de moda unas pseudoterapias empleando hipnosis, psicofármacos e interpretación de sueños y conductas. Estas “evocaciones” no deben confundirse con las rememoraciones espontáneas que sufren algunas víctimas reales.

Una profesional experimentada, por lo general una psicóloga o psicólogo, es capaz de determinar la presencia de indicios de abuso como en realidad sucedió en este caso pero hay que comprender que se trata de instancias de gran complejidad. Los niños no mienten pero pueden ser manipulados de modo que un interrogatorio conducido sin la idoneidad necesaria puede no desvelar lo que está sufriendo un pequeño o lanzar a los investigadores por una senda errónea.
Los “recuerdos evocados” o “memorias recuperadas” que en la última década del siglo pasado hicieron furor en los Estados Unidos no tuvieron andamiento en nuestro medio. Finalmente, en Norteamérica los terapeutas fueron llevados a los tribunales por sus pacientes, condenados por mala práctica y expulsados de las asociaciones profesionales. Algunos se salvaron gracias a pactar indemnizaciones millonarias con los denunciantes. Este recurso también ha sido muy usado por los pedófilos millonarios, como el finado Michael Jackson, que se salvó de la cárcel pagándole abultadas sumas a los padres de sus víctimas.



7) Ajenidad de la vulnerabilidad y el abuso: la causa de los niños – La idea de que los casos de abuso infantil “le pueden suceder a cualquiera” o por el contrario “que son versiones exageradas o deformadas de la amistad entre un adulto y un niño” tienen un origen común: el drama del abuso infantil “atañe a otros”, en otros sitios, a otras personas. Es una negación de la responsabilidad que aunque recaiga fundamentalmente sobre los padres es común a toda la sociedad y en particular a las comunidades o al entorno en que viven los niños. Como ya se dijo el riesgo no radica en el carlanco, “el viejo de la bolsa” u otros personajes de fantasía. No anida en cualquier relación o en cualquier circunstancia y esto obliga a toda la comunidad a reflexionar sobre la vulnerabilidad de los niños, sobre la necesidad de protegerlos sin sobreprotegerlos lo cual entraña la necesidad de guiarles para desarrollar y encauzar su autonomía, su libertad y su valor.
Los niños timoratos, carentes de afecto genuino (independientemente de su pertenencia a un hogar monoparental, de las penurias de la vida familiar o de su salud o sus capacidades) son vulnerables ante el abuso, ante la violencia familiar y ante las complejidades de un mundo inextricable incluso para los adultos. No en vano la crianza de los hijos y en general el trato con los niños propios y ajenos (puesto que nos debemos a todos los niños por lo que trasciende a la maternidad o la paternidad) es la función más difícil y que puede encarar un ser humano. Se trata de la obra más comprometida y prometedora, el desafío más cargado de incógnitas, de misterios, de desencantos y también de las más profundas satisfacciones. No hay academia, ni curso, ni obra o doctrina alguna que pueda sustituir el compromiso vital que nos une a la niñez, a todos los niños.


Íncubos y súcubos de Trump


THOMAS C. SCHELLING Y ROBERT D. KAPLAN
Dos fogoneros de la guerra y su relación carnal con Trump
El complejo militar-industrial de los Estados Unidos ha encontrado un presidente necio y bravucón a la medida exacta de sus intereses. Conozca a dos de los fogoneros que lo inspiran.
Por Fernando Britos V.
Aunque tonto y necio suelen usarse como insultos, se trata de términos que no tienen una sinonimia absoluta. Donald Trump no parece tonto aunque en pocas semanas aparezca nimbado de necedad. No era necesaria una sutileza política considerable para anticipar que el machacón eslogan de campaña (“hacer grande otra vez a los Estados Unidos”) se transformaría en bravuconería belicista en materia de política internacional.
La omnipotencia imperial ha alimentado todas las guerras de conquista y las invasiones desencadenadas por los Estados Unidos desde el primer tercio del siglo XIX. La mayoría de los presidentes estadounidenses de los últimos dos siglos han estado involucrados, de un modo u otro, en acciones bélicas, agresiones, intentos de asesinato, espionaje y guerras declaradas o encubiertas. El general Dwight Eisenhower, comandante en jefe durante la Segunda Guerra Mundial y 34º presidente de los EUA (1953-1961), fue quien le puso nombre al corazón del imperio: el complejo militar-industrial.1
El belicismo no es un invento de Trump. Cuando sus antepasados maternos pastoreaban ovejas en las islas de Escocia y su abuelo paterno degustaba la panza de cerdo rellena en el pueblito de Renania-Palatinado donde se crió (en el suroeste de Alemania) o inauguraba fondines y prostíbulos (como inmigrante en California), el complejo militar-industrial estaba en pleno desarrollo y tenía sus escribas y propagandistas. Se sabe que Trump no es lector y que ha transformado su incultura en un sesgo anti intelectual, pero ahora nos referiremos a dos fogoneros del belicismo, esos pequeños demonios, los íncubos y súcubos con los que el flamante presidente mantiene relaciones carnales.
LA GUERRA COMO JUGUETE
El estadounidense Thomas Schelling (fallecido el 13 de diciembre pasado a los 95 años) y el israelí Robert Aumann ganaron el Premio Nobel de Economía en el año 2005. En aquella oportunidad, la Academia Sueca consideró que los trabajos de ambos sobre la “teoría de los juegos” era una contribución importante para acercar las matemáticas a las ciencias sociales y especialmente a la política. La distinción ocultaba la trayectoria de estos dos siniestros personajes, grandes fogoneros de la guerra y la violencia.
Schelling fue el teórico de la escalada militar estadounidense que se propuso reducir a Vietnam a la Edad de Piedra a fuerza de bombardeos arrasadores, y hasta sus últimos días se opuso ferozmente a las medidas necesarias para amortiguar el cambio climático y a las propuestas de las Naciones Unidas para corregir las desigualdades y el hambre en el mundo. Israel Robert John Aumann (nacido en 1930 en Alemania), por su parte, es un fanático talmudista esotérico que promueve el castigo colectivo para someter a los palestinos.
Desde el punto de vista de la influencia directa sobre Trump y sobre los jefes del complejo militar-industrial es más importante Schelling que Aumann. Este último, aunque es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, se concentra más que nada en el Oriente Medio. Según Thierry Meyssan2, se ha dedicado a la “aplicación de la teoría de los juegos a la lectura del Talmud sobre todo para resolver el cruel dilema de la repartición de la herencia de un marido fallecido entre tres viudas” y a investigaciones sobre los ocultos códigos cabalísticos que la matemática permitiría desvelar en la Torah.
En materia política Aumann ha sentado una tesis de inocultable estirpe nazi: el “principio de la cooperación forzosa por temor al castigo” como forma de tratar a los palestinos, dentro y fuera de Israel. Los castigos colectivos son violatorios de todas las convenciones internacionales y constituyen una práctica del terrorismo de Estado. Aumann milita en la organización ultra derechista Professors for a Strong Israel, que él contribuyó a crear para sabotear los acuerdos de paz en Medio Oriente en aras del Gran Israel3 con base en el principio de pureza racial, para oponerse a la creación de un Estado palestino, para imponer el apartheid, para favorecer la anexión de Gaza y para promover la colonización de territorios ocupados, entre otros objetivos de los belicistas israelíes.
Por su parte, Thomas C. Schelling nació en California en 1921 y estudió economía en la Universidad de Berkeley. En 1948 trabajó en París junto a su mentor, Averell Harriman, en la implementación del Plan Marshall4, un proyecto de reconstrucción de Europa cuyo objetivo era garantizar las inversiones estadounidenses mediante la creación de un mercado interno al tiempo que influía sobre los procesos políticos para evitar que los comunistas llegaran al poder por la vía electoral.
Cuando Truman nombró a Harriman como Secretario de Comercio, Schelling le acompañó a Washington. En 1958, Schelling fue reclutado por la Rand Corporation, un centro de investigaciones propaganda política y planeamiento estratégico del complejo militar-industrial (un think tank como lo llaman los estadounidenses). Allí, junto a personajes como Herman Kahn (teórico de la guerra nuclear y de la preparación para “el día después”) y Albert Wohlstetter (un peligroso promotor de la guerra nuclear), conoció a Robert Aumann.
Participó en las negociaciones sobre el desarme que se desarrollaron en Ginebra, bajo la dirección de Paul Nitze (1907-2004), el fogonero mayor de la Guerra Fría, cuyo asistente era Wohlstetter. Nitze, era una especie de “Dr. Insólito”5 obsesionado con el rearme nuclear y la guerra contra la URSS. Estos fanáticos pensaban que las bombas atómicas no eran suficiente disuasión para un presunto ataque soviético. Por eso promovieron un enorme aumento del presupuesto armamentista, el desarrollo de nuevas armas de destrucción masiva y la dispersión de bombas atómicas por todo el mundo, multiplicando las bases, los submarinos y portaaviones con proyectiles nucleares de largo alcance. Al mismo tiempo, pretendían negociar con los soviéticos el desmantelamiento de sus instalaciones misilísticas. Ni que decir que esa concepción y estructuras organizativas perviven a pesar de los cambios en las hipótesis de conflicto que maneja el complejo militar-industrial.
En ese entorno -que se extendió desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1960- la Corporación Rand puso en marcha un proyecto para “racionalizar” las negociaciones de desarme entre las grandes potencias que además buscaba enfrentar el justificado temor de la población mundial a una hecatombe nuclear si se llegaba a desatar una guerra atómica. Para esta racionalización se promovió la adaptación de la teoría de los juegos del matemático John von Neuman (el padre de la bomba de hidrógeno y de los misiles intercontinentales)6 y del economista Oskar Morgenstern (coautor del primer libro sobre la teoría de los juegos). Schelling estudió la aplicación de dicha teoría en el manejo de conflictos y escribió The Strategy of Conflict (La estrategia del conflicto)7 en 1960, que fue un texto clásico en las escuelas de guerra, seminarios sobre estrategia, diplomacia, economía y en el mundo empresarial.
Según Schelling la disuasión mediante la amenaza atómica no debía ser un juego en el que cada competidor temiera perder lo mismo que su oponente (juegos de suma cero) sino que es una mezcla de competencia y cooperación tácita (juegos de sumas variables). Argumentaba que durante la Guerra Fría era posible tratar de vencer en teatros de operaciones periféricos sin provocar por ello un apocalipsis nuclear. Esta tesis encantó a sus patrocinadores de la Corporación Rand y a las grandes compañías de la industria bélica porque conducía a la adopción de una estrategia de respuesta gradual en vez de la que proponía la destrucción de todas las grandes ciudades del enemigo (la respuesta masiva).
La consecuencia de la nueva estrategia implicaba decuplicar el presupuesto militar, desarrollar una vasta gama de nuevas armas, aumentar el número de misiles y plataformas de lanzamiento así como el arsenal nuclear almacenado. Además tuvo una consecuencia directa: fue el fundamento para la intervención masiva de los EUA en una de las Guerras más sangrientas de la segunda mitad del siglo XX: la Guerra de Vietnam.
A principios de la década de 1960 la idea predominante en el gobierno estadounidense seguía siendo la de la “respuesta nuclear masiva”. Para demostrar su teoría de la guerra localizada como un juego que podía llevarse a cabo sin terminar en el apocalipsis atómico, Thomas C. Schelling y su amigo John McNaughton (que era consejero principal del Secretario de Defensa Robert McNamara) organizaron en setiembre de 1961 un juego de simulación que se llevó a cabo en dos fines de semana y en el que se enfrentaron dos equipos, los Azules y los Rojos. Altos dirigentes civiles, como Henry Kissinger y McGeorge Bundy, y los jefes militares participaron en el mismo.
En 1964 el Consejero para la Seguridad Nacional McGeorge Bundy8, pidió a McNaughton y a Schelling que planificaran una estrategia gradual, o sea un escenario que permitiera una escalada capaz de obligar a los vietnamitas a claudicar. El patrón de la Seguridad Nacional temía que los jefes militares repitiesen en Vietnam los errores que había cometido en Corea del Norte el general Douglas MacArthur (quien pretendía el arrasamiento absoluto del país para acabar con los comunistas y enseguida atacar a China). Respondiendo a esa demanda los expertos diseñaron la campaña de bombardeos aéreos crecientes sobre la República Democrática de Vietnam. Seis millones de toneladas de bombas más tarde, la teoría de los juegos de Thomas C. Schelling había arrojado dos millones de muertos, millones de heridos y mutilados, la deforestación masiva y terribles daños estructurales y ambientales pero no doblegó a los vietnamitas ni modificó el curso de la guerra.
Antes de la Ofensiva del Tet, en enero de 1968, las propuestas de Schelling ya habían probado ser ineficaces y Johnson primero y Nixon después empezaron a intentar “vietnamizar” la guerra, dejar a un gobierno títere en el sur para enfrentar al FNL y sacar la pata del lazo en una guerra que les consumía. Robert McNamara fue de los primeros en percibir que la guerra estaba perdida y renunció a la Secretaría de Defensa, en 1968, para dedicarse a la presidencia del Banco Mundial. McGeorge Bundy había dimitido en 1966 y pasado a dirigir la Fundación Ford, una fachada de la CIA. Averell Harriman fue llamado para reforzar el equipo que empezó a negociar la paz en París. Después del descalabro de sus teorías, Schelling volvió a dedicarse a la enseñanza en Harvard y siguió trabajando como consultor para la CIA. Entonces comenzó a aplicar la teoría de los juegos a las negociaciones comerciales internacionales.
En 1990, después de acogerse a su jubilación como profesor universitario, se incorporó a la Albert Einstein Institution, una sucursal de la CIA para organizar el derrocamiento de regímenes mediante vías “no violentas”. Desde allí participó en la organización de las pseudo revoluciones en los países de la antigua zona de influencia soviética, entre ellas las de Georgia y Ucrania. En junio de 2002, reapareció con un artículo que justificaba el rechazo del presidente George W. Bush a la ratificación del protocolo de Kyoto. Según Schelling y el eco que ahora reproduce Donald Trump, la relación entre la emisión de los gases que provocan el efecto invernadero y el cambio climático no están claramente demostrados y ningún Estado ha previsto seriamente la realización de costosos esfuerzos para reducirlo.
La obra teórica de Thomas C. Schelling ha demostrado ser científicamente errónea aunque ha conseguido probar que los gobiernos estadounidenses utilizan las mismas herramientas cognitivas para abordar tanto los temas militares como los de comercio y política internacional. Aunque Trump nunca haya leído sus libros, sus asesores y sus colaboradores seguramente los conocen y vuelven a resucitar sus argumentos rescatándolos, en forma vergonzante, del panteón de la Guerra Fría.
EL INCONFUNDIBLE OLOR DE LA BASURA
Otro fogonero de la guerra, más actual y si se quiere más peligroso que el finado Schelling (aunque también le ha errado como a las peras en sus predicciones) es Robert D. Kaplan. Kaplan es el analista en jefe de Strategic Forecasting, una empresa privada estadounidense más conocida por su acrónimo Stratfor, que desde su sede central en Austin, Texas, se dedica a la inteligencia militar y política, al espionaje (incluyendo el espionaje industrial), contraterrorismo, armamento y la producción de análisis estratégicos o geopolíticos.
Esta creación de George Friedmann empezó a funcionar en 1996 y se transformó en un lucrativo negocio, muy bien promovido por los medios masivos de comunicación y las grandes corporaciones multinacionales. Entre sus clientes figuran también gobiernos de distintos países, institutos militares y personajes como, por ejemplo, el Cuerpo de Infantería de Marina de los EUA, Dow Chemical o Henry Kissinger.
Sus publicistas han designado a Stratfor como “la CIA en las sombras” aunque el mote resulta contradictorio porque sus “trabajos” tienen gran exposición. Sus detractores dicen que los informes del espionaje privado contienen la información que The Economist publicó una semana antes pero su precio es cientos de veces más elevado que una suscripción del periódico británico.
En esencia, lo que hace Stratfor es contratar informantes, cientos de ellos por todo el mundo que reciben su paga a través de un banco suizo (¿cuándo no?), que se dedican a recoger versiones, chismes o trascendidos en el medio o a navegar empleando Google, Facebook o cualquiera de las redes sociales para recoger información que después remiten a la central de Texas donde les dan forma de análisis o información secreta y novedosa. Hace cinco años, los servidores de Stratfor fueron hackeados y Wikileaks dio a conocer cinco millones y medio de mensajes electrónicos intercambiados entre los jerarcas de Stratfor y entre estos y sus fuentes. La exposición dañó considerablemente la reputación de la empresa porque dejó al descubierto la falta de idoneidad de sus informantes y los métodos burdos con que son manejados.
En los correos se puede apreciar cómo las fuentes confidenciales de las que se jacta Stratfor son sesgadas y poco confiables. La empresa lo sabe, como consta en los mails intercambiados entre los analistas y Friedman, el máximo responsable: “el problema con las fuentes de los analistas es que están poco calificadas. Esto supone que no podamos evaluar la situación con claridad”, opinó el jefazo en uno de sus mensajes internos. En otro de los correos, Friedman se comporta como un personaje de novelas baratas de espionaje: “si crees que una fuente tiene valor, tienes que tenerla bajo control. Eso significa controlarla económica, sexual o psicológicamente”, le ordena a sus agentes.
Robert D. Kaplan, es un neoyorquino de origen judío (nacido en 1952) que a partir de sus primeras armas como periodista en medios secundarios se dedicó a viajar por el mundo. Residió en Israel y formó parte de la Tzahal (las Fuerzas Armadas de ese país) y además vivió en Grecia, en Portugal y viajó a más de cien destinos sobre los cuales escribió artículos y publicó libros con sus crónicas. En la década de 1980 empezó a ser conocido a través de notas publicadas en Selecciones del Readers Digest9 acerca de las acciones de los talibanes, financiados y armados por los EUA para enfrentar a los soviéticos en Afganistán. Sin embargo su libro sobre “los soldados de Dios” y otro sobre las hambrunas en Etiopía fueron fiascos editoriales.
Seguía siendo un periodista del montón hasta que, en 1993, publicó un libro sobre los Balcanes. El entonces presidente de los EUA, Bill Clinton, fue visto leyéndolo y eso le acarreó fama instantánea, debido entre otras cosas al cholulismo de los medios estadounidenses hacia la figura de sus primeros mandatarios. El mismo Kaplan considera que la lectura de su libro hizo que Clinton se abstuviera de intervenir en Bosnia lo cual es una flagrante contradicción teniendo en cuenta la guerra aérea que se llevó adelante contra Serbia, en 1999, mediante miles de incursiones de bombardeo que acarrearon incontables víctimas civiles, el arrasamiento de fábricas, edificios públicos, obras de infraestructura y la provocativa destrucción de la embajada China en Belgrado.
Ya embarcado en la intención de presentarse como especialista en estrategia global, Kaplan escribió un artículo en 1994 titulado “La anarquía venidera” (The Coming Anarchy) en el que afirmaba que el aumento de la población mundial, la urbanización y el agotamiento de los recursos naturales eran factores de incubación de anarquía en el Tercer Mundo (“la anarquía criminal aparece como el verdadero peligro estratégico”, vaticinaba) que crearía un estado de guerra permanente en ciertas zonas y amenazaría la estabilidad del mundo entero (es decir, el dominio imperial).
Para el futuro recomendaba que los países del Tercer Mundo se sometieran al gobierno de “autocracias moderadas e inteligentes” (ponía como ejemplo a Singapur) que les permitieran acercarse a los países occidentales. En cuanto a estos últimos sostenía que el “periodo democrático” es un simple pasaje de la historia, una etapa transitoria, previa a la generalización en el futuro próximo de “regímenes democráticos en apariencia” en los cuales el poder de hecho radicará en manos de una oligarquía integrada por grandes corporaciones multinacionales, grupos de presión y medios de comunicación que, según él, ya gobiernan en países como los Estados Unidos y Japón.
En el año 2000 ya era un propagandista integral del belicismo10, un chacal de la guerra que publicó un libro sobre “los peligros de la paz”, estado al que calificó como “una ilusión adormecedora y corrosiva”. Desde entonces se volvió un conferencista, frecuente y generosamente remunerado, en el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, en todas las escuelas de guerra de los países de la OTAN, y un consultor en temas estratégicos de la CIA, el FBI y la Junta de Jefes de Estado Mayor. Por ejemplo, participó como asesor y redactor de los planes de invasión de Irak durante el gobierno de George W. Bush, aunque después y con los resultados a la vista dijo que esa guerra había sido un error y se lamentó de haberla promovido.
Sus autocríticas inconcluyentes no perturbaron su carrera como experto en estrategia militar. Su punto fuerte es, indudablemente, la autopromoción. Kaplan se especializó en decirles a los capitostes del complejo militar-industrial de los Estados Unidos y a sus generales lo que ellos quieren oír. Invariablemente ha venido alimentando la soberbia imperialista, los incrementos en los gigantescos presupuestos militares y el renovado espíritu guerrero del país.
Escritor prolífico, además de su trabajo en Stratfor, produjo un par de libros en la primera década del siglo XXI que han sido puntualmente traducidos al español. Se trata de “Gruñidos imperiales. El imperialismo norteamericano sobre el terreno” (una crónica exhaustiva de la acción de las Fuerzas Especiales en Colombia, Irak y Mongolia), escrito en 2005 y editado en Barcelona en 2007, y “Por tierra, mar y aire. Las huellas globales del ejército americano” (una exposición sobre los últimos adelantos en armamentos de alta tecnología, las formas de organización y la mentalidad de los soldados rasos del imperio), escrito en 2007 y publicado al año siguiente en español. Ambos volúmenes tienen más de quinientas páginas cada uno.
Los títulos de artículos de los últimos años (publicados en la revista The Atlantic) muestran que se ha mantenido coherente con su línea de falso realismo y adulteración histórica, geográfica y política. El tipo de mercadería que vende se tituló, por ejemplo, “En defensa de Henry Kissinger” (2013) o “En defensa del imperio” (2014). Desde hace bastante tiempo sus análisis (difundidos por Stratfor) vienen pronosticando el colapso de Corea del Norte y como era de esperar promoviendo la inevitabilidad de la guerra contra China.
Finalmente vale la pena apuntar a su permanente reivindicación del espíritu guerrero de los Estados Unidos, el que llevó a la conquista del oeste exterminando a las tribus indígenas y especialmente el que reconoce en los esclavistas confederados del sur durante la Guerra de Secesión (1861-1865). Kaplan ha dedicado cientos de páginas a laudatorias historias de vida de “soldados americanos”, particularmente cabos, sargentos y tenientes, que considera las piezas fundamentales de la organización militar del imperio y los portadores del espíritu de los nuevos “héroes anónimos” que ensalza. Por cierto, esto lo hace sonar como el Jean Larteguy11 del siglo XXI y lo vincula con el chapucero espíritu de gesta que Donald Trump intenta infundir en sus declaraciones aunque, más allá de la retórica, se perciba su influencia demencial sobre los actos agresivos del actual gobierno estadounidense. He aquí el inconfundible olor de la basura.




1 El 17 de enero de 1961, al dejar la presidencia, el republicano Eisenhower advirtió a los estadounidenses acerca del poderío del complejo militar-industrial. “No debemos permitir nunca que el peso de esta conjunción (los intereses económicos de los militares y de la industria armamentista) ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democráticos”, dijo el hombre que había conocido al monstruo como ninguno.
2 Thierry Meyssan es un periodista y activista político francés, autor de investigaciones sobre la extrema derecha, conocido también por su defensa de la laicidad. Es el creador de la Red Voltaire (www.voltairenet.org/auteur29.html?lang=es).
3 Eretz Israel es el inmenso territorio que supuestamente ocupó el reino de Israel en época de David y que actualmente ocuparía no solamente todo Israel, Palestina, Jordania y buena parte de Egipto, de Arabia Saudita, de Irak y de Siria.
4 Harriman (1891-1986) era un banquero y hombre de negocios, heredero de una de las mayores fortunas de los Estados Unidos, que durante la década de 1930 había financiado a Hitler, con quien compartía sus concepciones acerca del mejoramiento de la raza mediante la eugenesia y un furioso anticomunismo. En 1941, Harriman abandonó sus simpatías nazis y empezó a colaborar con Roosevelt precisamente porque el expansionismo alemán le pareció un riesgo mayor.
5 El famoso filme de Stanley Kubrick (1963) “Dr. Insólito o como aprendí a dejar de preocuparme y a amar la bomba” en el que Peter Sellers, entre otros personajes, encarna al Dr. Strangelove, un científico nazi que trabaja para los EUA y promueve la destrucción del mundo en una hecatombe nuclear.
6 Von Neumann produjo su propia definición sobre el papel de la teoría de los juegos: “El ajedrez es una forma bien definida de computación. Puede que no sea posible concebir las respuestas pero en teoría debe existir una solución, un procedimiento exacto en cada posición. Ahora bien, los juegos verdaderos no son así. La vida real no es así. La vida real consiste en farolear, en tácticas pequeñas y astutas, en preguntarse uno mismo qué será lo que el otro piensa que yo soy capaz de hacer. Y en esto consisten los juegos en mi teoría”.
7 Schelling, Thomas C. (1964) La estrategia del conflicto. Editorial Tecnos Madrid, 1964. En los países anglosajones se promueve hasta ahora como una colección de ensayos sobre la teoría de los juegos que abarca las negociaciones en los conflictos, la guerra y la amenaza de guerra, el desalentar a los criminales, la extorsión, el chantaje y el regateo. Es un libro de propaganda exento de las densas fórmulas matemáticas que eran usuales en otras obras sobre el tema. Traza similitudes entre las maniobras en una “guerra limitada” y las que se producen en un embotellamiento de tránsito, la contención de los soviéticos y de los hijos de los lectores, la estrategia moderna del terror y la antigua institución de los rehenes, entre otras.
8 McGeorge Bundy fue el asesor estrella en políticas y estrategias militares de John Kennedy y de Lyndon Johnson (1961-1966). En ese cargo influyó notablemente en la Crisis de los Misiles (1962) y en la Guerra de Vietnam y fue el principal instigador del aumento de la intervención militar de los Estados Unidos en el sudeste asiático.
9 Se trata de una revista especializada en resumir textos ajenos y en desarrollar la propaganda ideológica del imperialismo estadounidense. Llegó a ser el impreso mensual con mayor circulación mundial en los más diversos idiomas pero ya desde hace más de dos décadas es considerada como una reliquia de la Guerra Fría. Alcanzó picos de tiraje después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial y tuvo cierto remanso en su caída libre después de los atentados del 2001 acompañando las intervenciones militares de los EUA en Irak y Afganistán. Aún antes de la irrupción de Internet su circulación había declinado en todos lados después de los niveles que tenía bajo el gobierno de Ronald Reagan. Ahora es un fósil ignorado.
10 En inglés existe una palabra específica para designar a los belicistas, los promotores de la guerra, que es más elocuente que la sinonimia en español o francés. Se trata de “warmonger” una palabra compuesta de “war” (guerra) y “monger” (un vendedor al menudeo). Esto encaja perfectamente con la actividad de Robert D. Kaplan.
11 Jean Lartéguy (1920–2011) es el seudónimo de Jean Pierre Lucien Osty, un escritor y periodista francés cuyas obras de ficción (Los mercenarios, Los centuriones, Los pretorianos, que datan de los primeros años de la década de 1960) glorificaban a los paracaidistas, legionarios y mercenarios que combatieron y fueron derrotados en las guerras coloniales francesas, en Indochina y en Argelia. Sus métodos brutales de tortura, las masacres y el terrorismo contra la población civil fueron copiados por los estadounidenses, constituyeron el fundamento de la Doctrina de la Seguridad Nacional que implantaron las dictaduras cívico-militares en América Latina y fueron material de estudio en los cursos de “contrainsurgencia” al que se sometieron miles de oficiales de la región.


martes, 14 de marzo de 2017

Volverse bueno: trayectoria de Hans-Georg Gadamer


Interpretar o transformar el mundo: una cuestión fundamental y el papel de los filósofos reciclados

VOLVIÉNDOSE BUENO: LA TRAYECTORIA DE HANS-GEORG GADAMER

Lic. Fernando Britos V.

Hans-Georg Gadamer fue una estrella de la filosofía con su hermenéutica. Su trayectoria muestra la forma en que académicos conservadores y derechistas colaboraron en el ascenso de Hitler, legitimaron el nacionalismo agresivo y el racismo y se reciclaron a la caída del Tercer Reich conservando intactas sus posiciones académicas. Los nazis se evaporaron en mayo de 1945 cuando los aliados ocuparon Alemania. Los criminales más connotados huyeron a refugios seguros en las Américas por “el camino de las ratas”; muchos miles se mantuvieron en la República Federal y una ínfima minoría fueron juzgados y encarcelados o ahorcados. Ha pasado más de medio siglo para que ese procedimiento para “volverse buenos” que llevaron a cabo varios de los intelectuales alemanes quedara al descubierto. El caso de Gadamer fue típico y su estudio debería servirnos para comprender y prevenir procesos similares en cualquier lugar del mundo, en la actualidad.

Fugados, ocultos y reciclados - Cada poco tiempo, alguien necesitado de llenar un espacio u obtener unos segundos de atención mediática saca a luz alguna vieja versión relativa a América Latina (por ejemplo: que Hitler no se habría suicidado en Berlín el 30 de abril de 1945 sino que habría muerto tranquilamente en Paraguay 25 o 30 años después) o recicla algún detalle verdadero pero insignificante en si (como que Mengele habría formalizado su casamiento en Colonia Suiza, Uruguay, en un fugaz pasaje de su permanente huída). A veces esas apariciones tienen tufillo a codicia nostalgiosa pero generalmente responden a la superficialidad, es decir a una deliberada ausencia de profundización en la complejidad de los fenómenos y, en este caso, en el desarrollo del fascismo, el nazismo, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y la URSS, que marcaron en forma indeleble la historia del siglo XX y, en cierta medida, se proyecta sobre la suerte de la humanidad en este siglo XXI.

Hace unos 2.500 años, el dramaturgo griego Agatón (457 – 402 a.n.e) sostenía que ni siquiera los dioses pueden cambiar el pasado. Esto es verdad en cuanto a lo que realmente sucedió pero los humanos y los dioses que son sus criaturas, han intentado siempre acomodar la imagen del pasado mediante el ocultamiento, el olvido y la mistificación. En abril y mayo de 1945, cuando los ejércitos aliados penetraron en el corazón de Alemania no solamente se encontraron con las huellas del genocidio en los campos de exterminio; las carreteras sembradas de cadáveres producto de “las marchas de la muerte” que arreaban los guardias de las SS mientras huían despojándose de sus uniformes negros; la fuga generalizada de los jefes, algunos cargados de documentos otros con el oro expoliado a los asesinados, y una multitud de personas que habían abandonado las zonas ocupadas por los nazis o las tierras de Prusia Oriental o que vagaban apáticamente porque habían perdido sus hogares en los bombardeos de los últimos meses. Lo que no encontraron fueron nazis 1.

La mayoría de los alemanes y austríacos habían perdido la memoria y se habían vuelto demócratas. Los pocos verdugos que fueron identificados, se amparaban en la “obediencia debida” o en la insignificancia de sus actos. Los intelectuales y académicos salían de su “exilio interior” (algo parecido al “insilio” rioplatense pero con un significado muy distinto como veremos más adelante).

Muchos nazis y sus colaboradores más sanguinarios (como los ustachis croatas) habían fugado disfrazados con papeles falsos y se encaminaron a través de “la línea de las ratas” organizada por el aparato de la Iglesia Católica en Italia dirigido por el obispo Alois Hudal, con el apoyo de Pío XII y con la complicidad de la Cruz Roja (que se había hecho la distraída ante los horrores que contempló en los campos de exterminio y ante el regimen aniquilador al que se sometía a los prisioneros de guerra soviéticos a diferencia del que sufrieron los prisioneros de otros aliados).

Desde puertos italianos y españoles partieron miles de criminales de guerra que fueron amparados durante meses y años en refugios europeos, dotados de pasaportes, nuevas identidades y dinero, y embarcados para las Américas (a Canadá, a los Estados Unidos, a Brasil y especialmente a la Argentina y a Chile). Al mismo tiempo, los británicos y sobre todo los estadounidenses desarrollaron la búsqueda y traslado de los técnicos y especialistas (Operación Paperclip) para desarrollar sus industrias bélicas, sus aparatos de represión y espionaje y para incorporar los conocimientos que suponían que los torturadores nazis habían obtenido con sus crueles experimentos con seres humanos.

Un tercer cauce por el que se esfumaron los criminales de guerra y en general quienes habían ocupado cargos de responsabilidad o sido parte de las SS (que en su conjunto fue declarada por los aliados como una “organización criminal”) fue estableciéndose en las zonas de ocupación británica y estadounidense, ya fuese con una identidad falsa o con la suya propia, en el campo o en una ciudad distinta a la de sus orígenes y aún en su antigua casa. Muy pocos de estos individuos fueron molestados y la mayoría murió tranquilamente por causas naturales, apacibles abuelitos de edad provecta rodeados por sus familiares y vecinos.

Las cifras son impactantes. Se calcula que el personal de los campos de exterminio, SS y los kapos auxiliares, fueron no menos de 60.000; sin embargo solamente 600 fueron juzgados en Alemania y Polonia en la posguerra. En las zonas de ocupación soviética y francesa y después en la República Democrática Alemana (R.D.A.) no les fue tan bien. Muchos fueron desenmascarados y juzgados pero en abril de 1945 la enorme mayoría de los comprometidos y colaboracionistas habían corrido a entregarse a los británicos y estadounidenses. Después de pasar unos meses en un campo de prisioneros, a la mayoría se los rehabilitó de hecho y quedaron libres sin más trámite.

Decenas de miles de intelectuales y técnicos - que no habían sido combatientes, ya fuesen afiliados al Partido Nacional Socialista, a las SS o simplemente simpatizantes o apolíticos - consiguieron reciclarse y mantuvieron u ocuparon altos cargos en la administración, la judicatura, la enseñanza, la cátedra universitaria y en las fuerzas policiales y militares de la República Federal Alemana (R.F.A) que se constituyó al calor de la Guerra Fría al agrupar las zonas de ocupación de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, en 1949.

Muchos de estos intelectuales alemanes reciclados pasaron a ser estrellas en el firmamento de la cultura europea de posguerra con gran predicamento entre los posmodernistas franceses y anglosajones. Pasaron décadas antes de que algunos de estos personajes fueran confrontados abiertamente con su pasado. El caso más conocido, más famoso y más comprometido con el nazismo fue el de Martin Heidegger quien se mantuvo tozudamente aferrado a su ideología nazi hasta su muerte, sin hacer caso a los ruegos de sus discípulos, Hanna Arendt y Herbert Marcuse, para que se desmarcase de su simpatía hitleriana.

Una historia de éxitos y un pasado oscuro – Hans-Georg Gadamer (1900-2002) parecía una típica historia de éxito en la R.F.A. Este filósofo no se había afiliado al Partido Nacional Socialista, se mantuvo al margen de la política y durante el Tercer Reich (1933 – 1945) aseguró que se había refugiado en el “exilio interno”. Por cierto, Gadamer no fue nazi pero el análisis de su obra antes, durante y después de la guerra, muestra un profundo conservadurismo y un significativo grado de coincidencia y colaboración con los nazis.

Sus ideas opuestas a la Ilustración (que en el plano político culminó con la Revolución Francesa) y su carácter de principal promotor de la hermenéutica - postura que destaca la naturaleza circunstancial y parcial de la verdad - le llevaron a coincidir con el nazismo antes y con la fauna posmodernista después. En este último caso, el tradicionalismo de Gadamer (el papel determinante que atribuía a la tradición) parecía diferente del posmodernismo pero su rechazo de las ideas de Kant (especialmente de la moralidad universal) se transformó en un cimiento fundamental para la deconstrucción posmoderna de la verdad objetiva en las últimas décadas del siglo XX.

La coincidencia de Gadamer con los nazis era más sutil que la de su maestro Heidegger. El escepticismo de la hermenéutica respecto a la razón coincidía con la apología de la particularidad germana que hacía el nazismo y su tesitura de la raza superior (el Herrenvolk). Una parte de la intelectualidad, cuando el ascenso del nazismo, hizo un pacto fáustico con ese movimiento. Este pacto fue más bien europeo, no se limitó a Alemania e Italia. En Francia – por ejemplo – muchos intelectuales se negaban a explorar la historia reciente de su país porque esta, lejos de mostrar un avance progresivo y una profundización de los ideales republicanos a partir de la Revolución Francesa, mostraba la influencia regresiva del nacionalismo a través de la configuración de la ciudadanía por medio de “la sangre”, “la patria” y “la tradición” y la existencia de una derecha reaccionaria, profundamente racista, antisocialista y anticomunista.

En Francia esto se manifestó en el Segundo Imperio, la derrota de la Comuna de París, el escándalo Boulanger, el caso Dreyfus, las organizaciones católicas protofascistas de los años 30 del siglo XX, hasta el derrotismo de 1940 y el colaboracionismo filonazi de Vichy, la represión de los argelinos y otros magrebíes en la posguerra, las guerras coloniales de Vietnam y Argelia, la trayectoria de personajes como Maurice Papon que pasaron limpiamente de Vichy al gaullismo y la prédica actual de Marine Le Pen y compañía.

En la R.F.A. pasaron casi cuatro décadas desde que Hitler se suicidó en su bunker de Berlín, el 30 de abril de 1945, para que empezaran a aflorar investigaciones acerca de los intelectuales y académicos durante el Tercer Reich. Entonces empezaron a perforarse los mitos diversionistas acerca de “la otra Alemania” o “el exilio interno”. Quedó claro el papel que habían jugado muchos historiadores alemanes de entreguerras, derechistas aunque no nazis, al proporcionar a las SS la información etnográfica y demográfica en la que se basó la planificación y ejecución de la Solución Final. Esos historiadores han sido calificados como “Vordenker der Vernichtung” (profetas del aniquilamiento) que actuaron como legitimadores de los actos genocidas e imperialistas.

Las justificaciones no provenían mayormente del riñón del partido nazi sino de círculos académicos afines a los varios partidos de derecha y de centro que existían hasta que el nazismo los absorbió en 1933/1934. Entre 1939 y 1945, muchos profesores conservadores, provenientes del campo de las humanidades ( historiadores, filósofos, musicólogos, especialistas en cultura y antiguedad clásica, historiadores del arte, etc.) se incorporaron a toda prisa al aparato propagandístico del nazismo que dirigía el Dr. Joseph Goebbels y que promovía la superioridad de la cultura y los valores alemanes. Según parece fue un efecto de la impresión que había producido entre los intelectuales derechistas las primeras victorias de las fuerzas armadas alemanas. En realidad muchos universitarios de disciplinas más prácticas como la medicina, el derecho, la arquitectura, la ingeniería, estaban colaborando con el régimen desde mucho antes.

Bajo la dirección de un destacado profesor de derecho de la Universidad de Kiel, Paul Ritterbusch, se creó un programa para promover en Europa la oposición a los valores de los enemigos de Alemania. Organizaron publicaciones monográficas y conferencias de alto nivel académico y se crearon institutos alemanes en las ciudades de los países ocupados para difundir la propaganda nazi y el idioma alemán. Estas actividades tenían dos facetas, por un lado se presentaban películas y se montaban exposiciones para una concurrencia masiva que presentaban los éxitos de la Wehrmacht, los beneficios de la administración alemana y campañas racistas contra los judíos, los eslavos, etc. Por otra parte y a un nivel académicamente elevado se intentaba convencer a las elites europeas acerca de la superioridad cultural y científica de Alemania y consiguientemente de la inevitabilidad del triunfo del Tercer Reich a nivel mundial. Contaban para esto con que ese público selecto estaría integrado por académicos derechistas (dado que los opositores habían debido exiliarse o estaban presos) y con que podrían atraerlos a una colaboración duradera.
El propio Gadamer reconoció haber suscrito un pedido internacional de apoyo a Adolf Hitler organizado por profesores universitarios alemanes en noviembre de 1933. La solicitada apoyaba a Hitler que promovía un plebiscito para la salida de Alemania de la Liga de las Naciones (el antecedente de las Naciones Unidas). Para los nazis, abandonar ese organismo era un primer paso en el camino de expansión y de conquista que desarrollaron. El apoyo de los intelectuales derechista fue importante para legitimarlo ante la estirada oligarquía prusiana y la gran burguesía que todavía veía a Hitler como un advenedizo.

Como perdido en su curricula aparece que, en 1936, Gadamer participó de buena gana en un “campamento de reeducación política” organizado por los nazis. Reconoció que lo hizo para favorecer su carrera como docente universitario. Tanto el filósofo como sus biógrafos actuales ocultaron que, desde 1933, Gadamer se había afiliado a la Asociación Nacional de Docentes Nacionalsocialistas (Nationalsozialistchen Lehrerbund) lo que implica un compromiso más antiguo y mayor con el nazismo.

Verdades que la hermenéutica desconoce - Durante las célebres polémicas de los historiadores (Historikerstreit) Hans Mommsen 2 instó a sus colegas a abandonar las racionalizaciones y mecanismos de defensa que habían practicado desde 1945 y reconocer que eufemismos como “las afinidades” entre los intelectuales y la Alemania nazi ya no servían como excusa. Durante décadas Gadamer y otros se habían hecho los distraídos y empleado verdades a medias cuando resultaba evidente que habían adoptado la visión del mundo del nazismo. El colaboracionismo, que antes se consideraba una excepción durante el Tercer Reich se ha transformado en la regla en la medida en que continuamente aparecen nuevos documentos, testimonios y traducciones sin retoque de los textos de época. El mito de la excepcionalidad y el exilio interior corrió paralelo a otro, también derruido, como el que sostenía que la Wehrmacht (el ejército alemán) se había limitado a combatir sin participar en los crímenes de guerra que se atribuían exclusivamente a las SS, las Waffen SS y los Einsatzgruppen.

Otra cosa que ha cambiado es lo que se entiende como “participación” en el sistema de los nazis. Durante décadas se consideraba participantes exclusivamente a quienes figuraban como afiliados al Partido Nacionalsocialista en los registros y fichas que se conservaban en los archivos. En los últimos tiempos el criterio se amplió para abarcar múltiples formas de oportunismo y colaboración por acción u omisión que se registraron en todos los ámbitos de la ciencia, el arte y la cultura. Bajo el antiguo criterio estrecho de participación , muchos intelectuales sacaban la pata del lazo atribuyendo su presencia en cátedras, laboratorios y actos públicos a actividades exclusivamente profesionales, apolíticas, circunstanciales, casuales u obligadas, que coexistían con un presunto sentimiento íntimo opositor o discrepante. Este argumento es, salvadas las distancias, una forma de la infame “obediencia debida” bajo la que los criminales de todas las épocas alegaban limitarse a cumplir eficientemente las órdenes recibidas. Los profesores y científicos se habían visto “obligados o chantajeados para colaborar”. Unos y otros fueron seres banales con pocas excepciones.

En su existencia relativamente breve (1933 – 1945) el régimen nazi desarrolló una fuerte presión sobre todas las clases del pueblo alemán. Entre las herramientas fundamentales para el rápido ascenso de Hitler (de político advenedizo en 1920 a Fuhrer investido de poder absoluto en 1933) y para el sometimiento ideológico de millones de seres se encontraba el nacionalismo y el racismo. Ambas tendencias fueron impulsadas por las clases dominantes desde siglos atrás (el Sacro Imperio Romano Germánico, pasando por Lutero, el romanticismo conservador y el militarismo prusiano). Sin embargo, la ideología nazi era sincrética, es decir amalgamaba las distintas corrientes del nacionalismo, el racismo, el irracionalismo y el misticismo que por cierto no eran homogéneas.

En el ámbito académico, el nazismo practicaba una especie de “pluralismo vigilado”. Al estudiar la psicología y la psicoterapia que se practicaba en la Alemania nazi – por ejemplo – se percibe la existencia de ciertos resquicios, como el llamado Instituto Goering 3, dirigido por un primo hermano del Mariscal del Reich, Hermann Goering, que funcionó oficialmente hasta la desintegración del Tercer Reich en 1945.

Bajo la supervisión de Goebbels, las distintas variantes permitidas en el ámbito académico exigían la eliminación de izquierdistas y judíos y no admitían divergencias políticas concretas. Esas variantes en el terreno ideológico eran toleradas porque eran funcionales al régimen porque ampliaban y consolidaban la base social del nazismo y la superioridad racial de los arios, no solamente en Alemania sino en los países ocupados y en general en los regímenes fascistas como Italia, España, Hungría, Portugal y la Francia de Vichy.


Grandes y pequeños participantes – Desde muy temprano los nazis comprendieron que necesitaban incorporar filósofos e intelectuales conservadores, aunque no fueran sus simpatizantes. Bastaba con que no criticaran abiertamente las medidas políticas, que apoyaran la superioridad de la cultura y la nación alemana y que estos intelectuales “volkisch” se opusieran nítidamente al comunismo y a los países que se enfrentaban con Alemania. En forma paradojal, sujetos como Gadamer, carentes de convicciones político-partidarias pero que coincidían con las directrices del régimen, tuvieron más posibilidades de abrirse camino y de ser promovidos en el ámbito universitario que los nazis fanáticos, que como Goebbels y Rosenberg, tuvieron altas responsabilidades políticas y sufrieron las consecuencias de sus actos criminales (el primero se suicidó con su familia y el segundo fue ahorcado después de ser juzgado en Nuremberg).

Estos mismos principios de “amplitud” fueron aplicados por los nazis en otros campos, claramente en la judicatura, entre los funcionarios públicos y muy especialmente en las fuerzas armadas y policiales, donde los fundamentos de adhesión se remontaban al militarismo prusiano, al espíritu de casta, a la disciplina clasista y aristocrática y al racismo teutónico.

Como ha señalado Richard Wolin 4, en el ámbito de la educación superior, los nazis a menudo valoraron la estabilidad más que la corrección ideológica absoluta, pues esta era en todo caso difícil de definir. En las humanidades (Geisteswissenschaften) existía una maleable “zona ideológica gris”, porque los límites entre las posiciones conservadoras y nacionalistas tradicionales, que promovían orgullosamente la superioridad alemana, y la ortodoxia nazi eran casi imperceptibles.

Quienes intentan explicar el éxito del nazismo para imponerse a la sociedad alemana en términos estrictamente ideológicos no distinguen claramente el fenómeno que pretenden explicar. Aunque el terror jugaba un papel central, los nazis no podían completar su dominio de Alemania exclusivamente por este medio. Es preciso reconocer que en la adhesión masiva que alcanzó (sobre todo mientras las cosas marchaban bien) se sustentaba en el apoyo que recibió de los conservadores tradicionales, con quienes se identificaba precisamente Gadamer. Aunque estos derechistas podían tener discrepancias con los métodos nazis, la brutalidad de las SA y el antisemitismo rabioso de Hitler, estaban convencidos de que la República de Weimar era un fracaso y que se necesitaba mano dura para enfrentar a los trabajadores organizados, a los socialistas, a los comunistas y a los movimientos sociales que impulsaban un cambio profundo de la sociedad alemana.

Las clases dominantes de la Alemania de la primera posguerra, los mandos militares que difundían la reverenda mentira de que no habían sido derrotados en los frentes de combate sino por la defección de la retaguardia, los aristócratas terratenientes prusianos, los grandes industriales, los comerciantes y los banqueros que se habían enriquecido con la guerra y con la crisis, las organizaciones religiosas desde el poderoso catolicismo bávaro hasta los luteranos del norte y el este y, desde luego, los intelectuales tuvieron una gran responsabilidad en el ascenso de Hitler al poder. Bajo su dominio la burocracia alemana y los mandos militares seguirían en su lugar, el sistema educativo y el judicial y los privilegios sociales y económicos de esas clases se preservarían y profundizarían.

Como advierte Robert O. Paxton (2005)5 “buscar temores puede ser, en realidad, una estrategia de investigación más fructífera que la búsqueda literal de pensadores que “crearon” el fascismo” (47). Estas “pasiones movilizadoras” dice Paxton (54) se dieron en su mayoría por supuestas y no se expusieron siempre abiertamente como proposiciones intelectuales pero fueron el magma sobre el que se asentó el fascismo y suelen encontrarse, de uno u otro modo, en el sustrato de los intelectuales alemanes.

He aquí las principales: 1) un sentimiento de “crisis abrumadora” que requiere medidas especiales; este es el tema favorito de los promotores del “cuanto peor mejor”. 2) la primacía de la nación (el Volk) sobre las personas que tienen deberes superiores hacia ella y esos deberes están por encima de cualquier derecho humano o individual. 3) la creencia de que la nación es una víctima lo cual justifica cualquier accióncontra lo enemigos internos o externos sin atenerse a límites legales o morales. 4) el temor a la decadencia de la nación y el debilitamiento de su cultura a causa de la lucha de clases, la presencia de extranjeros, etc. 5) la necesidad de la pureza racial y la más estrecha integración al grupo superior, ya sea por las buenas o por las malas (violencia excluyente). 6) la necesidad de un líder o caudillo que debe encarnar el destino de la nación y cuyas orientaciones son indiscutibles e inherentemente superiores a cualquier razonamiento. 7) la belleza de la violencia (y la guerra como su máxima expresión) y el poder de la voluntad cuando se aplica al éxito del Volk. 8) el derecho del pueblo elegido a dominar a otros sin restricción alguna de tipo humano o divino que se da por la capacidad del Volk para triunfar en la lucha por la supervivencia.6

En el campo de las humanidades y las ciencias sociales hubo académicos como el filósofo Martin Heidegger, el jurista y filósofo Carl Schmitt7, Ernst Krieck8, y Alfred Baeumler9, que tenían ambiciones políticas y trataron de incidir activamente en la orientación ideológica lo que los llevó, por un lado, a ocupar cargos importantes, especialmente durante los primeros años del periodo nazi, para tener que apartarse o ser apartados después por “discrepancias” aunque sin ser perseguidos o molestados. El pastor Martin Niemoller10, en cambio, apoyó a Hitler hasta que se transformó en opositor en 1937 y fue preso hasta 1945.

La mayoría de los oportunistas alegaron, en 1945, haberse mantenido en el “exilio interno” y a diferencia de Alfred Rosenberg, que había sido el jefe (Gauleiter) de los territorios ocupados en Polonia, no fueron molestados y siguieron dictando sus clases, escribiendo y publicando, cosechando distinciones en la RFA y en el extranjero hasta su muerte. Por añadidura, la falta de depuración de nazis y colaboracionistas en la posguerra, hizo que estos elementos se mantuvieran en el cerno de la cultura alemana, de modo que los filósofos y científicos que habían debido abandonar Alemania perseguidos por los nazis, no consiguieron reinsertarse a su regreso al país.

Estudiosos como Yvonne Sherratt11 han señalado con indignación que nazis y colaboracionistas como Heidegger y Gadamer se han vuelto famosos en los países que lucharon contra el nazismo, como los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Asimismo y como producto de la Guerra Fría en el campo ideológico esos mismos filósofos, más algunos otros que debieron huir de los nazis, como Karl Popper, han disfrutado de popularidad por su anticomunismo y sus argumentos útiles a los propagandistas.


Nuevos elementos sobre las acciones de Gadamer – En una entrevista que concedió en 199012 , Hans-Georg Gadamer se refirió a su participación voluntaria en un campo de rehabilitación política de los nazis quitándole importancia al adoctrinamiento que recibió. Gadamer calificó como “tonterías paramilitares” las jornadas de gimnasia matutina, los deportes en equipo y las marchas con equipo completo cantando canciones nacionalistas.

Sostuvo que se había mantenido apolítico porque los capitostes nazis “no se interesaban en nosotros” (los filósofos), aseguró. Sin embargo su “inversión” rindió frutos rápidamente. En 1937 obtuvo el nombramiento como profesor universitario en Marburg, donde trabajó con Heidegger, y en 1938 alcanzó una cátedra en Leipzig donde permaneció inamovible. Después de la guerra se dedicó a colocar a sus colegas en puestos universitarios de la RFA hasta que finalmente siguió el mismo camino en 1948.

Aquel pasado (que ni siquiera los dioses pueden cambiar) fue muy distinto a lo que esgrimió Gadamer en su defensa. La doctrina de la guerra total se aplicó en Alemania junto con la invasión a la URSS, en junio de 1941, y exigió a los filósofos y otros catedráticos una participación activa en acciones propagandísticas. Durante el periodo nazi, Gadamer había publicado “Nación e historia en el pensamiento de Herder”. Aunque J.G. Herder 13 no había sido un nacionalista furibundo o un racista, los colaboradores del nazismo, entre ellos Gadamer, emplearon su concepto de Volk (nación) a favor de Hitler y los suyos (Volkstum, Volkheit, Volkseele, entre otros términos fueron derivaciones nazis).

La monografía sobre Herder fue escrita bajo la influencia del triunfo espectacular que los ejércitos alemanes habían conseguido en los primeros años de la guerra (1939 – 1941), especialmente con la conquista de Francia. Para Gadamer el éxito de la Wehrmacht demostraba la superioridad de la civilización alemana sobre la francesa (inficionada por los valores de la Ilustración). Gadamer no era y no fue un nazi pero no tuvo reparos ante los métodos brutales del nazismo en la medida en que este había conseguido los tradicionales objetivos de la derecha intelectual alemana que veía en los valores de la Ilustración y en el marxismo los principales enemigos a derrotar.

Algunos estudiosos actuales consideran que Gadamer fue un oportunista pero según Wolin 14 esto no le exime de responsabilidad como querrían sus admiradores porque “¿cuántos oportunistas se necesitan para estabilizar un régimen como el de los nazis?”, o bien “¿pertenece el oportunista a una categoría moralmente superior a la de los partidarios convencidos?”. “¿En qué categoría caerían los actos de Gadamer durante el Tercer Reich?”.Desde Platón a Heidegger los filósofos nunca han estado al margen de los compromisos éticos. Algunos pueden ser disculpados pero otros son imperdonables. Los filósofos pueden equivocarse pero en el caso del nazismo no pueden atribuir el error (su acuerdo o su indiferencia) a una confusión circunstancial en relación con un régimen que exterminó a millones de víctimas inocentes, estableció un sistema de terror, conquista y saqueo, en suma un régimen criminal apoyado en una ideología declaradamente racista y de nacionalismo genocida.

Muchos intelectuales alemanes cometieron actos más graves y comprometedores que Gadamer. También es cierto que no existe un imperativo categórico que exija, ante un sistema como el nazismo, el actuar como un héroe luchando en la clandestinidad (como muchos lo hicieron incluso en Alemania) pero lo que no puede hacerse es mentir u ocultar acciones de colaboración como las que – ahora se sabe – Gadamer desarrolló.

En 1941, funcionaba en el París ocupado el Instituto Alemán bajo la dirección de Karl Epting (1905 – 1979) que creía que en una Europa dominada por los nazis, las humanidades jugarían un gran papel para demostrar la superioridad de la cultura germánica. El instituto tenía objetivos puramente propagandísticos: celebrar la superioridad racial de los arios, suministrar una justificación a la ocupación nazi, legitimar a los colaboracionistas de Vichy y atraer intelectuales derechistas para colaborar con los gobiernos títere o con las autoridades militares alemanas. Epting pensaba que la traducción al francés de los textos de nazis fanáticos como Goebbels o Rosenberg no resultaba muy conveniente porque su estridencia panfletaria o su ampulosidad podía chocarle a los conservadores franceses. En cambio difundían activamente a Heidegger, Weber, Sombart, Wagner y Herder.

En la edición original de las obras completas de Gadamer (que vio la luz en la RFA a fines de la década de 1950) no se incluyó el ya mencionado “Nación e historia en el pensamiento de Herder” y tampoco se mencionó la conferencia que el promotor de la hermenéutica brindó en el Instituto Alemán de París sobre ese mismo tema. Wollin denunció 15 que las ediciones posteriores fueron retocadas de modo que el concepto de Volk y la superioridad germánica tan reiterados en la época del Tercer Reich fue cuidadosamente eliminado de las obras completas. En lugar de celebrar “los momentos más grandiosos de la unidad nacional y política en la moderna historia alemana” como se había referido al Tercer Reich en 1942, Gadamer aparecía aludiendo en el mismo párrafo, 25 años después, “al más crudo despotismo… que ha recaído sobre la historia alemana de las últimas dos centurias”. Mintiendo y embrollando el filósofo “se había vuelto bueno”.

En sus textos originales Gadamer también había adulterado el pensamiento de Herder. Este creía en “el pluralismo cultural” que era partidario del desarrollo de un sentimiento nacional entre los pueblos eslavos. Ese era un tema absolutamente prohibido para los nazis que consideraban a los eslavos como raza inferior (Untermenschen) pasible de ser esclavizada o exterminada. El Gadamer de posguerra mentía diciendo que había tenido problemas con los nazis porque objetó la predominancia de las razas nórdicas y germánicas y defendió la diversidad de pueblos, culturas y lenguajes. En realidad los textos que produjo bajo el Tercer Reich están llenos de afirmaciones sobre la superioridad cultural y política de los alemanes que nada tienen que ver con su autoproclamada oposición, con el conveniente “exilio interior” o con el apoliticismo.

La polémica incesante: interpretar o transformar – El espíritu conservador y derechista de Gadamer, el filósofo estrella de la RFA, volvería a quedar en evidencia y con secuelas que se extienden hasta la actualidad a partir de una polémica que había encendido Karl Marx con sus Tesis sobre Feuerbach 16. Desde fines de la década de 1960 y muy especialmente en la de 1980, Hans-Georg Gadamer se vio envuelto en la célebre polémica con Jürgen Habermas 17.

El fuego lo rompió Habermas en 1967 con la publicación de La lógica de las ciencias sociales 18 y después, en 1970, con el artículo “La pretensión de universalidad ded la hermenéutica” (que en español es un capítulo del libro antes citado). Gadamer respondió con varios artículos que, en 1986, se incluyeron en Verdad y método II (por ejemplo “Retórica hermenéutica y crítica de la ideología”). El debate se dio en el marco de la reinterpretación crítica Marx y Hegel que hizo la Escuela de Frankfurt y su inclusión del psicoanálisis en la teoría crítica para contribuir a la transformación de la sociedad 19

La posición de Gadamer parte de la postura ontológica de Heidegger que sostiene que el hombre no es una consciencia trascendental sino un Dasein: un ser-en-el-mundo de la vida fáctica, pre-teórica, cuya característica es el comprender. Para comprender es necesario interpretar en un ámbito previo a la teoría.

Desarrollando a Heidegger, Gadamer sostiene que no somos una conciencia ante un mundo objetivo por conocer sino que lo que siempre hacemos es interpretar en una situación histórica y linguística concreta que determina la universalidad de la hermenéutica (es decir de la interpretación). “El ser que puede ser comprendido es lenguaje” sostiene Gadamer (1999) 20 La relación con el mundo es lingüística, la palabra permite comprender y lo comprendido también es lenguaje. Para él, la universalidad de la hermenéutica permite superar el sometimiento de “las ciencias del espíritu” al método científico.

Al sostener que comprendemos desde un ámbito histórico y lingüístico que nos precede resulta que la verdad se da en ese ámbito y por tanto hay verdades no científicas en el arte y la filosofía, lo que plantea una oposición central al sujeto que accede a la verdad a través del método científico. Al cuestionar el método científico y la conciencia en relación con la verdad, Gadamer ataca la racionalidad moderna, las ideas de la Ilustración y a quienes pretenden emancipar a la humanidad sobre la base de una crítica racional de la tradición religiosa, metafísica y política. La universalidad ontológica antepone la necesidad de interpretar el mundo.

Habermas (1988) 21, en cambio, plantea que la universalidad no radica en la dimensión lingüístico-ontológica sino en la razón. La suya es una universalidad epistémica que antepone la necesidad de transformar el mundo. De este modo, en tanto Gadamer promueve la revalorización de la tradición y sus prejuicios para alcanzar la auto-comprensión, Habermas desarrolla la crítica y la ruptura de la tradición para liberar a la humanidad de sus problemas. Sostiene que el promotor de la herméutica hace sus interpretaciones a través de prejuicios que no pueden ser criticados. Advierte que los prejuicios suelen ser el resultado de la falsa conciencia y de la pseudocomunicación impuesta por el poder.

El consenso del lenguaje – según Habermas – se puede producir por coacción autoritaria mientras que la hermenéutica gadameriana parte de ciertos presupuestos idealistas e irreales, a saber: la comunicación exenta de dominio; la convivencia entre las personas exenta de coacción en una humanidad emancipada; la vida moralmente correcta. Suposiciones que resultan naturalmente irreales dado que desde el siglo XVIII los filósofos de la Ilustración habían criticado el derecho divino por el cual gobernaban los reyes y el orden social estamentario y aristocrático “establecido por Dios” como prejuicios negativos.

Habermas llamó a desconfiar de los acuerdos logrados mediante el lenguaje, que solamente podrían ser valederos en una sociedad libre de coacción que en realidad no existe. Sin que los dialogantes lo perciban el lenguaje suele comportar una carga de prejuicios que legitima la situación de dominio de una clase sobre otras. A cierta altura de la polémica, Habermas consideró que el psicoanálisis freudiano podía ser un modelo de reflexión social porque emplea la interpretación crítica para restablecer una comunicación deformada por el paciente.
Gadamer reafirmó sus posiciones en Verdad y Método II 22que recoge artículos de las décadas de 1980 y 1990, en los que aceptaba que las relaciones entre la hermenéutica y las ciencias sociales era, para decir lo menos, problemáticas. Gadamer reiteró su rechazo a la oposición que la Ilustración planteaba entre autoridad y razón aunque reconoció que la autoridad puede actuar dogmáticamente en diversas formas de dominio.

Otro de los promotores de la hermenéutica, Paul Ricoeur 23 intentó mediar para reconciliar las posiciones de Habermas y de Gadamer, poco antes de la muerte de este último, aludiendo a la “hermenéutica crítica” y a la “crítica hermenéutica”, y manifestó que no comprendía las razones por las que se debatía dado que la polémica no ahondaba en el pensamiento filosófico. En realidad, el conciliador era partidario de Gadamer.

Ambas posiciones pueden resumirse como sigue:
Gadamer reconoce la universalidad de la comprensión desde un horizonte dominado por el lenguaje natural (dialógico), por la tradición y por el prejuicio entendido positivamente como un elemento heredado que ayuda a la comprensión. En consecuencia, la ciencia y su método, que son productos de la razón, no son las vías privilegiadas para acceder a la verdad. Para transformar la sociedad no es necesaria la destrucción radical de la tradición y por eso las revoluciones, en tanto transformaciones radicales dela sociedad, carecen de sentido o razón de ser.

Habermas, en tanto, señala a la tradición como fuente de error; el lenguaje natural, con su carga de prejuicios, es resultado de la ideología. Solamente a través de la ciencia (ya sea natural o social) y de su lenguaje monológico se puede abordar la crítica radical de la tradición (tanto la religiosa como la política) y proponer la transformación revolucionaria.

La polémica no ha cesado con la desaparición de Gadamer y si bien no consagró a Habermas como un genuino renovador del marxismo, sirvió para demostrar que el promotor de la hermenéutica fue siempre un conservador que sirvió a los nazis debido a sus coincidencias, consiguió reciclarse para llegar a ser el favorito de la República Federal Alemana y mantuvo su oposición de toda la vida a las transformaciones de la sociedad e hizo lo posible para evitar que la reflexión filosófica contribuyese a esas transformaciones.

NOTAS
1El fenómeno fue analizado en forma más amplia aunque no siempre profunda por Richard Bessel (2009) en Alemania 1945. De la guerra a la paz; Ediciones B, Barcelona.
2 Hans Mommsen (1930 – 2015) fue el historiador que instó a los alemanes a reconsiderar la catástrofe que representó el nazismo. Mommsen rechazó el pensamiento predominante entre sus colegas que atribuía la responsabilidad por lo sucedido a las intenciones y decisiones de Hitler y su entorno inmediato. Criticó esta postura aduciendo que era simplista y exculpatoria y enfocó sus investigaciones en las acciones concretas del régimen nazi lo que transfería la responsabilidad histórica principal a las elites conservadoras y nacionalistas - a la gran burguesía industrial y financiera, a la aristocracia, a los altos funcionarios estatales, judiciales y militares – no solamente por haber facilitado la llegada de Hitler al poder sino por haber colaborado amplia y sostenidamente con el régimen, para escapar después a un segundo plano a partir de mayo de 1945 pero sin ceder en sus posturas derechistas. Entre otras acciones documentó y denunció el trabajo esclavo de los prisioneros de campos de concentración que utilizó intensamente la Volkswagen.
3Se trata del Institut für psychologische Forschung und Psychotherapie). Allí trabajaron Matthias Heinrich Goering, Müller-Braunschweig, Harald Schultz-Hencke y Werner Kemper. Durante la quema de libros de 1933 en Alemania se quemaron públicamente los trabajos de Freud pero a pesar de ello se siguió practicando el psicoanálisis (aunque en una forma limitada) gracias a la ambición y amplia disposición a aceptar compromisos de los funcionarios alemanes no judíos, así como también a las relaciones familiares del director y además, gracias a la posición de Freud, quien al menos no se opuso al proceder de los funcionarios alemanes ni a la actuación de Ernest Jones.
4Wolin, Richard (2004) The seduction of unreason: the intellectual romance with fascism. From Nietzche to postmodernism. Princeton University Press. Nueva Jersey.
5Paxton, Robert O. (2005) Anatomía del fascismo. Ediciones Península, Barcelona.
6Se apreciará hasta que punto las políticas de Donald Trump, Benjamin Nethanyahu, Recep Tayip Erdogan y tantos otros emplean actualmente estas mismas “pasiones movilizadoras”.
7Carl Schmitt (1888 – 1985) fue ideólogo del Movimiento Revolucionario Conservador. Católico, discípulo de Max Weber. Nazi activo entre 1933 y 1936. Los SS lo consideraban un advenedizo. Sus teorías jurídicas fueron el fundamento constitucional del Tercer Reich. Entre 1936 y 1945 promovió la teoría del “espacio vital” (Lebensraum). Su “teoría del partisano” le ganó adeptos en la izquierda foquista de la década de 1960. Murió tranquilamente en su pueblo de Westfalia a los 97 años.
8Ernst Krieck (1882 – 1947) maestro y profesor. Nazi desde 1932. Presidente de la Universidad de Frankfurt. Espía de la Gestapo en el ámbito universitario. En 1938 discrepó con medidas racistas extremas y dejó las SS pero le mantuvieron su cargo honorario. Murió en 1947 en un campo de prisioneros estadounidense.
9Alfred Baeumler (1887 – 1968) Filósofo y pedagogo. Principal experto en Nietzche. Fundador del Instituto de Pedagogía Política. Sus libros los reeditaron los fascistas italianos en 1990.
10Martin Niemöller (1892-1984), pastor luterano que antes de ordenarse, durante la Primera Guerra Mundial comandó un submarino, fue al comienzo partidario del nazismo (era anticomunista, antisemita y nacionalista) pero en 1933 se opuso a la nazificación de las iglesias protestantes y en 1937 fue preso y estuvo en campos de concentración hasta 1945; después fue figura del movimiento pacifista y fue conocido por su poema “Cuando los nazis vinieron por los comunistas” (“primero vinieron a buscar a los comunistas pero como yo no era comunista no hice nada para impedirlo...etc.etc.”).
11Sherratt, Yvonne (2014) Los filósofos de Hitler. Editorial Cátedra. Madrid.
12Entrevista de Gadamer con Dörte von Westernhagen. En: “Das Argument” 32(4) julio/agosto de 1990.
13Johann Gottfried von Herder (1744 -1803) fue un filósofo, teólogo y crítico literario alemán, cuyos textos contribuyeron a la aparición del romanticismo germánico. Como instigador del movimiento conocido como Sturm und Drang ("Tormenta e ímpetu"), la vertiente alemana del prerromanticismo europeo fue muy influyente.
14Wolin, R. Op. Cit. P. 123.
15Wollin, R. Op. Cit. p. 116.
16Las Tesis sobre Feuerbach son once breves notas filosóficas escritas por Karl Marx en 1845 y publicadas por Friederich Engels en 1888. La última de ellas, la célebre Tesis XI, dice: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo" (en el original alemán: "Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert; es kömmt drauf an, sie zu verändern").
17Jürgen Habermas (Düsseldorf, 1929) es un filósofo y sociólgo alemán, conocido sobre todo por sus trabajos en filosofía práctica (ética, filosofía política y del derecho). Habermas es el miembro más eminente de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt y uno de los exponentes de la Teoría Crítica desarrollada en el Instituto de Investigación Social.
18Habermas, Jürgen (1988) La lógica de las ciencias sociales. Tecnos, Madrid.
19García Guadarrama, José L. (2006) “El debate Gadamer/Habermas: interpretar o transformar el mundo”. En: Contribuciones desde Coatepec, enero-junio 2006, N.º 10; Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca.
20Gadamer, Hans-Georg (1999) Verdad y método I, Ed. Sígueme, Salamanca.
21Habermas, Jürgen (1988) La lógica de las ciencias sociales. Tecnos, Madrid.
22Gadamer, H-G. (2000) Verdad y método II, Ed. Sígueme, Salamanca (pp. 225-265).
23Ricoeur, Paul (2002) Del texto a la acción; Fondo de Cultura Económica, México. Ricoeur (1913 – 2005) hizo el tránsito de la fenomenología a la hermenéutica.