jueves, 24 de abril de 2014

Evaluación del trabajo según Dejours



Lecturas paralelas de un texto clásico y provocativo
CRISTOPHE DEJOURS: LA EVALUACIÓN DEL TRABAJO ANTE EL DESAFÍO DE LO REAL. CRÍTICA DE LOS FUNDAMENTOS DE LA EVALUACIÓN.[1]
Reseñas y notas de lectura[2] por Florent Schepens [3] y por Philippe Goulois[4] muestran la vigencia de la crítica de la evaluación desde distintas ópticas y el palpitante interés que mantiene el tema, desde que es uno de los puntos clave para desenmascarar las falsas promesas en que vienen envueltas las modas gerenciales.
Dos reseñas acerca del clásico folleto de Dejours (2003) sobre la evaluación del desempeño, exponen los puntos de vista, más o menos coincidentes pero no idénticos, de Schepens y Goulois y sus comentarios acordes o divergentes con las tesituras del autor. Estas notas no pueden reemplazar la lectura directa de la obra en cuestión pero permiten apreciar la gran influencia que ejerce este psiquiatra y psicoanalista francés sobre todas las disciplinas que se ocupan del mundo del trabajo y en especial las de la última década sobre los fundamentos de la evaluación del desempeño. Por ende se trata de divulgar pero, al mismo tiempo,  de captar a través de estas lecturas paralelas, como se enriquecen y fecundan los aportes teóricos actuales en un campo fundamental para todas las sociedades en todos los tiempos.
LA LECTURA DE SCHEPENS – Para evaluar el trabajo es preciso poder definirlo. Esta es la primera y por lo pronto insuperable dificultad. El trabajo no es la simple ejecución de una tarea prescripta. Trabajar es saber hacer frente a lo aleatorio, a lo imprevisto, para llegar al objetivo que se pretendía. ¿Cómo acceder a esta parte imprevista por las prescripciones del “trabajar”?
Solamente la palabra de quienes lo ejecutan puede hacerla visible aunque hay numerosos obstáculos que se interponen en la identificación y evaluación del trabajo.
Dejours describe cinco de estos obstáculos o impedimentos para la evaluación:
1) la clandestinidad forzosa: si trabajar implica eludir las prescripciones esto quiere decir cometer infracciones, infracciones que obligan a quienes las cometen a mantener una cierta discreción.
2) la apuesta estratégica del poder: es decir conservar para si los saberes exclusivos para no ser despojado de su poder sobre el puesto de trabajo.
3) el déficit semiótico: hay una gran dificultad para traducir el trabajo en palabras y para caracterizar los saberes que se aplican.
4) las estrategias de defensa contra el sufrimiento: el trabajo ocasiona toda una serie de sufrimientos debido a las cadencias forzadas, al desprecio, a la injusticia… Para soportarlos, los trabajadores desarrollan estrategias defensivas que son negaciones del sufrimiento. Estas negaciones dificultan la verbalización de esta dimensión del “trabajar”.
5) el conocimiento del cuerpo:  para Dejours el sufrimiento es un elemento inmanente en el trabajo y positivo en tanto vector del aprendizaje. Lo real, al resistirse al saber conduce al actor al fracaso – fracaso que genera el sufrimiento – y a encontrar una solución. Según Dejours, esto no es posible sino a través de un conocimiento íntimo de los objetos técnicos y de la materia que se trabaja (p.22) (este conocimiento es difícil de verbalizar porque está incorporado). Por nuestra parte - dice Schepens - en lugar de la expresión de Bourdieu “conocimiento por el cuerpo” preferimos las palabras de Michel Verret [5] (un saber aprendido y un saber que uno no sabe que sabe, que uno posee sin saberlo) que si bien traducen la misma idea de no verbalización, no permiten suponer una inteligencia del cuerpo que nosotros pensamos imposible.
Al contrario que Dejours – sostiene Schepens - no nos parece que “una parte esencial de la habilidad profesional repose sobre un conocimiento corporal de los procesos de trabajo” (p.21) sino sobre una inteligencia problemática de la situación de trabajo.
La imposibilidad de conocer el trabajo para evaluarlo conduce a callejones sin salida. Originalmente se evaluaba el tiempo de trabajo, aunque este no revela la calidad del esfuerzo, y se lo vinculaba, desde la década de los 60, con la evaluación de las performances. El modelo seguía siendo el de la producción industrial masiva y su completa obsolescencia quedó demostrada con el advenimiento de actividades de servicio que demandan un “compromiso de la subjetividad” (…) que supera ampliamente el tiempo que uno considera como tiempo de trabajo (pp.34-35). Entonces se pasó a la evaluación de las competencias. Sin embargo, competencia y trabajo son inseparables y no se puede caracterizar una competencia sin pasar por el conocimiento fino del trabajo. De vuelta en el punto de partida.
En tanto la evaluación no evalúa el trabajo se convierte, en cambio, en una herramienta gerencial y la evaluación de la competencia deriva en una evaluación del individuo [6]. Es en este momento que la mirada del clínico se vuelve más esclarecedora. La evaluación conduce a una competencia generalizada entre trabajadores, lo cual entraña una destrucción de las solidaridades, de los colectivos, por ende de la identidad en el trabajo, del soporte de la salud mental (p.62).
El balance es dramático: el suicidio de trabajadores en su lugar de trabajo aparece desde fines de la década de los 90. Aparecen también patologías llamadas de sobrecarga, “el burn-out, el karoshi (muerte súbita descrita en Japón) y también el abuso de medicamentos, las toxicomanías. Buena parte de las toxicomanías, notoriamente las que se registran entre los mandos medios, tienen relación con la sobrecarga de trabajo y evidentemente la tienen las depresiones” (pp.48-49).
Si bien el libro de Dejours es tal vez una denuncia, no apunta contra la evaluación sino contra el mal uso de ésta. No sabemos evaluar el trabajo y por ende nos hace falta juzgarlo por medio del juicio de utilidad – que apunta a la utilidad técnica, social y económica de la contribución del trabajador – y del juicio de belleza o de perfección – que corresponde a los aspectos relativos a las reglas del arte (del oficio) en una actividad. La conjunción de estos dos juicios permite evaluar el trabajo realizado y retribuirlo bajo la forma de reconocimiento. Este reconocimiento es indispensable para el equilibrio mental.
LA LECTURA DE GOULOIS – La aparición de nuevas tecnologías en la década de los 70 impulsó a repensar las modalidades de evaluación porque la parte intelectual del trabajo adquirió más importancia sustrayéndose a la observación directa. En primer lugar, Ch. Dejours ofrece un paneo de la experiencia del trabajo para poder captar mejor las dificultades de la evaluación. Según él, el trabajo es un acto dirigido a un objetivo de producción material o intelectual. El trabajo real revela la existencia de un desfasaje entre lo prescripto y la realidad.
Trabajar consiste en crear una nueva forma de cubrir ese desfasaje entre lo prescripto y lo real pasando por caminos que se apartan de las prescripciones. Esto puede ser evaluado en forma positiva y calificado como espíritu de iniciativa e innovación o percibido en forma negativa como una infracción a los procedimientos establecidos.
Así es difícil trabajar convenientemente y esta diferencia entre lo prescripto y la realidad puede conducir a una situación paradojal: para hacer bien es preciso cometer infracciones. Un ejemplo dado para ilustrar este hecho es el de la administración de los impuestos en la que los inspectores son conducidos a hacer trampas para promover el ingreso de dinero porque las leyes establecidas dificultan la lucha contra el fraude fiscal.
Dejours insiste sobre este aspecto de  las trampas que son inherentes al trabajo, por dos razones:
a)      Si los trabajadores dejasen de colocarse en infracción, paralizarían el taller, la administración, la empresa o el Estado (trabajo a reglamento).Esta contradicción requiere que el trabajador está protegido de la mirada de la jerarquía o en buena inteligencia con ella, al tiempo que guarda discreción.
b)      Lo esencial del trabajo es invisible y no puede ser observado: es difícil evaluar un trabajo poco visible.
Para Goulois, los obstáculos que se oponen a la comprensión del trabajo son cuatro (que se agregan a la invisibilidad), a saber:
1)      Las disposiciones estratégicas – el análisis estratégico de Michel Crozier[7] ha mostrado el interés estratégico del actor por guardar el secreto de sus competencias en el marco de las negociaciones de poder con el fin de legitimar su puesto. Esta parte del trabajo no puede ser explorada por los evaluadores.
2)      El déficit semiótico – que fue advertido por Josiane Boutet y Patrick Fiala, dado que el ‘saber hacer’ clandestino no puede ser correctamente descrito por falta de palabras y conduce a una evaluación deficitaria del trabajo debida a la dificultad para hablar de esta actividad oculta.
3)      La descripción subjetiva del trabajo y del saber hacer corporal – la inteligencia desarrollada por el trabajo es anterior a su conocimiento y simbolización y de compleja descripción. Los trabajos de Daniellou y de Yves Clot han ayudado a explicitar este ‘saber hacer’[8].
4)      Las estrategias de defensa contra el sufrimiento – Los sufrimientos ocasionados por el trabajo entrañan un debilitamiento de la capacidad de pensar y de trabajar.
¿Podrá la evaluación volver visible lo invisible?
El terreno de la dramaturgia
Ante la imposibilidad de volver fácilmente visible lo que no puede ser visto de su “trabajo” porque escapa a una evaluación objetiva, los trabajadores tal vez puedan ponerse en escena para hacerlo visible al observador (Cfr. Nicolás Dodier [9]). Este análisis sigue siendo insuficiente.
La invisibilidad del trabajo de las mujeres
En el marco de una división social del trabajo, donde los hombres son los más valorizados y las mujeres las más “discretas”, estas últimas sufren la “naturalización de las competencias femeninas” (Cfr. Danièle Kergoat [10]). En efecto, la dominación de un género sobre el otro está netamente a favor de los hombres pues estos últimos reducen las calidades femeninas argumentando que las aptitudes naturales de las mujeres son propias de sus cuerpos. De este modo participan en la ocultación del trabajo de género femenino privándolo de todo valor.
Metodología de evaluación
Independientemente del método, el trabajo ordinario no es accesible a la observación directa por lo que es preciso pasar a través de la subjetividad de los trabajadores por medio del mejor de los útiles, la palabra.
La evaluación: nuevos desafíos, nuevas doctrinas
El surgimiento y la proporción importante que han alcanzado las actividades de servicio traen aparejadas nuevas dificultades para la evaluación:
- La evaluación de las performances
Todas estas tareas inmateriales, en la medida que son relacionales también son invisibles y requieren una movilización subjetiva del trabajador y una medición de las performances puede conducir a aberraciones. Hoy en día no se sabe evaluar un trabajo que no se sabe siquiera describir.
- La evaluación por el tiempo de trabajo
Es un método igualmente inapropiado porque la movilización subjetiva del trabajador se desborda ampliamente sobre el tiempo de la vida privada que, de este modo, contribuye sin duda a la eficacia del individuo.
- La evaluación de las competencias
Este nuevo método no es la panacea porque la apreciación de la competencia no puede hacerse sin pasar por el conocimiento del trabajo en cuyo marco aquella se desarrolla. Esta evaluación participa también de una forma de injusticia en la fijación de los salarios porque no tiene en cuenta la implicación del trabajador.
- La evaluación de la calidad
La calidad total finalmente no pasa de ser un precepto y no es una evaluación pertinente del trabajo. Su propósito es, en efecto, obtener membretes o certificaciones (norma tal o cual) lo que antepone el resultado al trabajo mismo y le agregan obstáculos suplementarios lo que, de este modo, incita al fraude.
Un imprevisto de la experticia: el trabajo del experto
La experticia y la evaluación no tienen valor si no se toma en cuenta el conocimiento específico de lo real, conocimiento que no es accesible sino a través de la experiencia del trabajo. El trabajo real es víctima de una negación institucional porque cada vez que se lo analiza de cerca se hacen evidentes las limitaciones y fallas de la predicción y la planificación, y lo inadecuado de la concepción de las instalaciones de producción (comprendidas las herramientas y equipamientos). La evaluación se ha impuesto a pesar de las diversas objeciones formuladas por las ciencias del trabajo.
Consecuencias negativas
- Consecuencias industriales y económicas
La alienación cultural (Cfr. F. Sigaut [11]) supone que no ha habido ruptura entre el sujeto y los demás. Todos se reconocen mutuamente pero todos han perdido el vínculo con lo real. He ahí una situación escabrosa que se encuentra a menudo y en la cual lo real retorna bajo la forma de catástrofes (por ejemplo AZF, Toyota y la calidad total).
 - Consecuencias sobre la salud de los trabajadores
Entre todos los métodos de evaluación, en tanto instrumentos de administración, el de la evaluación individualizada de la performance es el más deletéreo: es injusto y temido por ser demasiado arbitrario. Los resultados comprenden la dilución de la solidaridad, el deterioro de la lealtad, de la confianza y de la convivencia, la aparición de suicidios en el trabajo, de patologías mentales y de tensiones.
Repensar la evaluación
Aunque deseada por los trabajadores, como portadora de la utilidad y la calidad aportadas, la evaluación del trabajo, con los medios actuales, no es objetiva. ¿Será posible una evaluación equitativa? Tal evaluación comprende un ideal de justicia más que uno de veracidad. En los hechos, la movilización subjetiva individual y sobre todo colectiva de los trabajadores permitía obtener desempeños globales excelentes. Ese factor depende de una dinámica que se basa en la dupla contribución-retribución. Esta retribución (en lo esencial a través de la autorrealización) es simbólica y adopta la forma de juicios (y no de mediciones) que integran los criterios de eficacia con los de justicia en el reconocimiento.
Por lo tanto se habla de juicios de utilidad (técnica, social o económica) o de belleza (perfección) que es el de los pares, el más apreciado. ¿Será posible restablecerlos en la actualidad?. Es difícil creerlo, visto que la parte creciente de actividades de servicios o los nuevos oficios son inestables o poco duraderos. En consecuencia, el reconocimiento por los pares se vuelve difícil sino imposible.  ¿Qué se puede proponer? Para Dejours los estudios sugieren que hay que formar investigadores prácticos en el trabajo de campo e integrarlos en los equipos de evaluación de las empresas.  
Conclusión
¿De qué se trata la evaluación del trabajo: juzgar o medir? He ahí toda la ambigüedad del asunto. Desde que no es posible ‘medir’ el trabajo solo resta juzgarlo pero a condición de conocerlo. Los progresos están por hacerse y solamente un abordaje en las ciencias del trabajo y su praxis podría conseguirlo. Ese será el precio de nuestra salud.



[1] Dejours, Ch. (2003) L’evaluation du travail à l’épreuve du réel. Critique des fondements de l’evaluation. INRA Editions, París.

[2] Recopilación y traducción: Lic. Fernando Britos V.
[3] Florent Schepens  es Doctor en Sociología de la Universidad del Franco Condado (Besançon)  y Miembro del Laboratorio de Socio-antropología de dicha universidad. Esta nota de lectura data diciembre del año 2005 y fue publicada en el Nº 1 de Interrogations?  (revista pluridisciplinaria en ciencias humanas).
[4] Philippe Goulois es un especialista en ergonomía y preventista francés (philippe.goulois.free.fr)
[5]  Verret, M. (1996) La culture ouvriére; L´Harmattan, París.
[6] Reynaud, J-D. (2001) “Le management par les competences: un essai d’analyse”. En: Sociologie du Travail, Nº1, Vol. 43.
[7] Michel Crozier (1922-2013), produjo el clásico “El fenómeno burocrático” (1964), dos años después de fundar el Centro de Sociología de las Organizaciones (CSO). Allí expuso las relaciones de poder y otros mecanismos en dos organismos públicos franceses. En “El Actor y el Sistema” (“L’acteur et le système”, 1977), coescrito con Erhard Friedberg. dio una base teórica a sus primeros análisis de las relaciones entre las organizaciones y los individuos , y las estrategias de decisión. Esta obra, es un clásico de la sociología y fundadora del “análisis estratégico”.

[8] Cfr. Seul le travail rentable est évalué por Valérie Ganem (2011) En: Revista Travailler, Nº 25.

[9] Nicolas Dodier, (n.1957) es un sociólogo francés Director de Investigación en el Instituto Nacional de la salud y la investigación médica (INSERM) y Director de Estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) que se considera parte del movimiento de la “sociología pragmática”.
[10] Danièle Kergoat (n.1942) ha sido maestra antes de emprender una carrera como investigadora en ciencias sociales. Es profesora, directora emérita de investigación  y autora de obras sobre las mujeres, el género y el trabajo. Sus investigaciones apuntan, entre otros temas, a “la división sexual del trabajo” ya sea profesional o doméstico. Forma parte de un conjunto de autores que defienden una concepción de las “relaciones sociales de sexo”  que da una base materialista al análisis de las relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad capitalista.
[11] François Sigaut (1940-2012) agrónomo e historiador francés que efectuó importante aportes a las ciencias sociales.

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