sábado, 20 de abril de 2013

Llega la Singularity University a Uruguay



RAYMOND EL PROFETA Y LOS APÓSTOLES DEL CULTO TECNO
AHORA EN URUGUAY
Lic. Fernando Britos V.
Un desembarco perfecto - En la primera semana de abril, el glamour y los medios de producción de eventos se desplegaron en Montevideo para el debut de un programa, anidado en la Presidencia de la República, denominado “Uruguay Encendido”,  fogoneado por el Pro Secretario Diego Cánepa y acolitado por AGESIC (Agencia de gobierno electrónico y sociedad de la información) y la CUTI (Cámara Uruguay de Tecnologías de la Información).
En dos jornadas intensivas, los salones del Hotel Carrasco Sofitel fueron escenario óptimo para el desembarco de la Singularity University en Uruguay. Esta empresa californiana no es una universidad sino un organismo de adoctrinamiento y difusión del culto tecnológico (“formación de los líderes empresariales del futuro”) que encabeza el millonario inventor y futurólogo estadounidense Raymond (Ray) Kurzweil quien la fundó hace tres años y la dirige desde Silicon Valley, en los alrededores de San Francisco.
Un equipo de cinco apóstoles o misioneros venidos del Tecnovaticano dirigió las jornadas y estuvo integrado por hombres muy capacitados (todos varoncitos porque, dicho sea de paso, el culto tecno es muy machista) y capaces de desplegar el encanto de un futuro promisorio (transhumanismo positivo), el optimismo tecno que conlleva el advenimiento de una nueva era de progreso infinito (el singularismo presentado como próximo surgimiento de la superinteligencia a través de la inteligencia artificial) que permitirá superar todos los males y limitaciones materiales e incluso alcanzar la inmortalidad (no solamente la inmortalidad del capitalismo sino la del profeta y sus discípulos), todo adobado con elogios y palmaditas en el lomo al pequeño país del Ceibal que sería vitrina ideal para exponer su mercadería (“potencialidad gigante del Uruguay”).
Alma Bolón ha llamado la atención[1] sobre el acontecimiento marquetinero y sus alcances lo que nos exime de analizar los méritos reales y presuntos de los misioneros para concentrarnos en la fuerte carga ideológica y en los efectos reales que pueden derivar a mediano plazo de la aplicación de las recetas que venden, al tiempo que las cobran al contado y a buen precio.
Un ejemplo del tratamiento de imagen que hace esta empresa tiene que ver con su sede central. El aeropuerto Moffit, cercano a San Francisco, fue durante la Segunda Guerra Mundial una gigantesca base militar. Terminada la contienda las viejas instalaciones quedaron desocupadas y parte de ellas fue declarada monumento histórico (se dice que uno de los hangares es el más grande del mundo con una superficie de 32.000 m2). En 1959 los edificios fueron cedidos a la NASA que todavía mantiene allí el Centro de Investigaciones Ames. Sin embargo, la agencia espacial resolvió alquilar a bajo precio buena parte del complejo vacío a empresas privadas, pequeñas y medianas. De este modo, la Singularity University se hizo de un bien conservado edificio de dos plantas, con entrada porticada y techo de tejas a cuatro aguas. Así se puede jactar de compartir instalaciones con la NASA , en pleno Silicon Valley y recibir como valor agregado al que otorga el vecindario algo del prestigio astronáutico y de ciencia de punta del que goza su casero.
El profeta del tecno y su mundo feliz – Raymond Kurzweil (n.1948) no es el único profeta del tecnocapitalismo perdurable, como etapa superior y definitiva de la especie humana pero tal vez sea el más conocido y galardonado. Nació en el neoyorquino barrio de Queens. Su padre músico y su madre dedicada a las artes plásticas, escaparon de Viena en 1938 justo antes de la anexión de Austria por la Alemania nazi y se establecieron en los EUA. Raymond se formó en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en ingeniería e informática.
Desde joven se destacó como inventor al desarrollar máquinas y programas que permitían leer textos en voz alta a los ciegos. En esa época se hizo amigo de Stevie Wonder y patentó máquinas para componer música y un sintetizador electrónico capaz de reproducir el sonido de cualquier  otro instrumento musical a la perfección. Produjo numerosos inventos para facilitar la vida de los discapacitados, visuales, auditivos, motrices y para la atención de la salud. Patentó el primer escaner y desarrolló aplicaciones como el reconocimiento de voz y otras con fines educativos. En ese proceso se convirtió en uno de los expertos más reconocidos en Inteligencia Artificial (IA) y robótica. Como detalle menor, parece que los “catcha” que debe sortear cualquier navegante hoy en día también se deben a Kurzweil.
Científico inquieto y hombre de negocios perspicaz, fue creando empresas dedicadas a explotar sus inventos y con gran habilidad se relacionó con los gigantes corporativos de los EUA lo cual lo transformó en un personaje inmensamente rico, famoso e influyente (menos rico que Bill Gates pero con una imagen de extroversión más multifacética y atractiva). También desarrolló vínculos muy estrechos con el complejo militar industrial de su país y es uno de los cinco científicos de punta que asesora a las fuerzas armadas para la creación de nuevas armas e incorporación de tecnología. Desde diciembre pasado es, además, Director de Ingeniería de Google.
Su carrera, imposible de sintetizar en pocas palabras, realmente interesa por la gravitación ideológica que ha adquirido. Su dedicación a la futurología y a las predicciones científicas en los más variados campos han ido articulándose en el corpus programático del tecnocapitalismo caracterizado, precisamente por el reduccionismo extremo del determinismo tecnológico que explica todo desde la evolución de la especie humana y la biología hasta los fenómenos sociales, las peripecias de la vida individual y el desarrollo del pensamiento, la conciencia y la cultura como exclusivo resultado de los desarrollos tecnológicos. Esta concepción identifica el desarrollo tecnológico con el capitalismo y hace de éste la condición de la inmortalidad de aquel.
Kurzweil también traslada la idea del progreso infinito al plano individual. Él mismo ingiere diariamente 200 píldoras de su propia hechura en un intento para prolongar su vida hasta que su profecía acerca de la desaparición de las enfermedades y la reversión del envejecimiento de los cuerpos le permita alcanzar la inmortalidad. Además piensa clonar a su padre fallecido a partir del ADN encontrado en la sepultura. Mientras tanto sigue acumulando premios, doctorados honoris causa (quince solamente en los EUA) y libros publicados.
Singularidad y transhumanismo - Los pilares ideológicos del impulso profético de Ray son la singularidad y el transhumanismo.  La singularidad tecnológica como concepto se remite a una declaración efectuada a mediados del siglo XX por el matemático John Von Neumann quien señaló que el progreso crecientemente acelerado y los cambios en el modo de vida de los humanos  hacían presumir “la aparición de una singularidad esencial” en la historia de la humanidad después de la cual ésta ya no existiría tal como la conocemos. Vernon Vinge, un profesor de matemáticas y escritor de ciencia ficción ubica este punto de inflexión alrededor del año 2045. Kurzweil vaticina que se producirá alrededor del 2030.
El problema radica en que para este último y sus epígonos, el cambio se producirá exclusivamente como producto del desarrollo explosivo de la inteligencia artificial. Esta superará a la inteligencia humana no solamente en forma individual sino en tanto especie. Ray incluso promueve el desarrollo de una neo corteza cerebral que sería una interfase entre el cerebro humano y una computadora. De un modo u otro, la singularidad supone un cambio social y cultural radical determinado por el desarrollo de las máquinas que abre el camino al transhumanismo y posteriormente al posthumanismo.
Raymond Kurzweil pertenece al transhumanismo positivo que considera que de este modo se resolverán todos los problemas de la humanidad y desaparecerá la enfermedad y la muerte, se alcanzará un conocimiento muy superior al reunido en toda la historia humana, la felicidad será generalizada y completa. Las guerras, las hambrunas,  las desigualdades, la escasez de recursos, la contaminación y las crisis energéticas serán cosa del pasado y desde luego también desaparecerá el trabajo, tal como lo conocemos. Lo objetable es que estos previsibles cambios no significarán el fin del capitalismo sino su epifanía.
El profeta y sus discípulos aseguran que, en lo inmediato se producirá el resurgimiento de los Estados Unidos como potencia mundial indiscutida porque.la capacidad manufacturera y los recursos humanos y materiales de los emergentes BRIC (Brasil, India, Rusia y China) resultarán inútiles e ineficientes a corto plazo.
El transhumanismo negativo, que corre en paralelo, adopta un aspecto milenarista y sombrío porque entiende que la singularidad no solamente acarreará el fin del mundo tal como lo conocemos sino que producirá la desaparición o degradación del Homo sapiens y el deterioro irreversible del planeta. Este enfoque ha sido mucho más transitado por versiones de la ciencia ficción, especialmente cinematográficas[2] y parece relacionarse con una intuición acerca de que los inevitables cambios que se producirán, efectivamente significarán el fin del capitalismo
El singularismo y el transhumanismo no constituyen una religión sino que forman parte de una concepción ideológica destinada a edulcorar y reforzar el tecnocapitalismo y el dominio mundial de los Estados Unidos a través de una visión del futuro conveniente a esos fines. Lo que efectivamente sucede es que la difusión de esta concepción ideológica se hace utilizando procedimientos históricamente vinculados con los cultos religiosos y metodologías empleadas para el reclutamiento, el encuadramiento y la promoción por dichos cultos.
Cuando hablamos del culto a la tecnología, del Tecnovaticano o de profecías no estamos haciendo juegos de palabras o analogías de ocasión sino advirtiendo que se trata de utilizar las ciencias y sobre todo las nuevas disciplinas tecnológicas para promover una visión dogmática, incontrastable y esencialmente imprevisible acerca del futuro.
El método tiene grandes similitudes con los dogmas que desarrollan los cultos religiosos y con los sistemas de “venta directa” cuyo origen se remonta a los “vendedores de Biblias”. La diferencia es que no venden jabones, perfumes y cosméticos o recipientes de cocina sino un futuro deslumbrante: el paraíso transhumanista que se abrirá a los líderes de la innovación y estos se reclutarán entre quienes adopten su credo. Emplean términos muy difundidos en el mundo consumista y en sus “teorías organizacionales”  como por ejemplo la infaltable definición de la “visión” y la “misión” de la organización, la necesidad de efectuar instancias donde los conversos “dan testimonio” acerca de los bienes recibidos o exhiben sus conductas modélicas, etc.
El éxtasis de los tragas - Nadie duda de que el mundo tal como lo conocemos ha de sufrir necesariamente cambios muy profundos y a un plazo razonablemente breve en términos históricos. Lo que sucede es que el desarrollo de la superinteligencia y la superación de la condición humana tal como la plantean el singularismo y el transhumanismo del profeta Ray y sus epígonos se basa en falacias. Lo que parece un ingenuo optimismo tecnológico tiene muchos puntos de contacto con la irónica caricatura del  “mundo feliz” de Aldous Huxley (publicado en 1932) y su rígida jerarquía dominada por los Alfas y Betas (inteligentes y bellos) y los súbditos inferiores: Gammas, Deltas y Épsilones. El tufillo a eugenesia, mejoramiento de la raza y füehrerprinzip es patente.
El empleo de los adelantos de la ciencia, (informática, ciencias médicas, nanotecnología, biología, neurología, ingeniería genética y aeroespacial, etc.), para inspirar una adhesión entusiasta, abolir el pensamiento crítico y ahogar  dudas, incertidumbres e inequidades, no es novedoso. En mayor o menor medida ciertos practicantes de la futurología lo hacen mediante la aplicación de la “visión de túnel”,  un punto de vista intencionalmente unilateral que se enfoca solamente en los aspectos que interesa destacar y descarta u omite las evidencias, resultados o fracasos que no contribuyen a la tesis que se promueve. Esta es la frecuente “falacia de confirmación”: se toman las evidencias favorables y se descarta u oculta las evidencias que no corroboran lo que se pretende demostrar. Por este camino se llega, inmediatamente, a la manipulación, al fraude y al abuso de la credulidad.
Los críticos de Kurzweil y sus singularistas, llaman la atención sobre dos aspectos de sus concepciones. Por un lado, la futurología e incluso la literatura de ciencia ficción puede ser un entretenimiento para empresarios tecnólogicos y científicos (sobre todo informáticos) ya millonarios que empiezan a interesarse por horizontes filosóficos y por la búsqueda de un sentido trascendente para sus vidas. Esto produce lo que alguien ha denominado “the rapture of the nerds”, la elevación o el éxtasis de los tragas. Por otro lado, el reduccionismo extremo del determinismo tecnológico genera cierto tipo de profecías que confunden deseos con pensamiento (wishful thinking) pero, sobre todo, que intentan conformar o condicionar un futuro que, en sus detalles concretos es imprevisible.
Una tercera objeción, que parece apuntada a este desembarco de la Singularity University en Uruguay tiene que ver con las propuestas concretas que comercializan y las expectativas que generan para reclutar clientela en el corto plazo. Es decir que al margen de las concepciones ideológicas se ofrece, a buen precio, “servicios” concretos, conferencias y seminarios para formar a los líderes empresariales, de modo que el éxtasis de los nerds se transforme en una fuente de ingresos inmediatos y eso lo veremos más adelante.
El futuro irresistible – En 1997, en el marco de un libro colectivo de ensayos titulado “Marx hoy” que lo tuvo como editor, el científico y escritor uruguayo Juan Grompone (n. 1939). Publicó una primera versión acerca de su predicción en torno al fin del capitalismo y un gran cambio irreversible, social y cultural, que se produciría en este siglo XXI. Pocos años después desarrolló esta tesis en una obra mayor: “La danza de Shiva”[3] . “El futuro es el resultado de la contradicción entre lo que se desea construir y lo que es posible construir” afirmaba Grompone quien estima que la aceleración exponencial de la tecnología colapsará en la segunda mitad de este siglo. Cuando el capitalismo se haya expandido hasta alcanzar la totalidad del planeta y ya no pueda seguir desarrollándose se cumplirá lo que Marx y Engels auguraron en el Manifiesto Comunista: el capitalismo generará las condiciones para su desaparición y tendrá lugar la “singularidad tecnológica”.
Sin embargo, las similitudes entre Grompone y Kurzweil terminan antes de empezar porque el primero considera, como vimos, que la singularidad tecnológica será fruto del desarrollo de la inteligencia artificial, la superinteligencia suprahumana, mientras que el segundo considera que esa tesitura es una gran macana. :”¡La inteligencia artificial no sirve para nada! – le dijo Grompone a Cinthia Soca [4]- Hace cincuenta años que promete que va a hacer algo maravilloso”… y no pasa nada. Después del colapso del capitalismo la capacidad de vivir más y mejor será para todos pero por ahora Grompone - que presume que el colapso se produzca hacia el 2065 o el 2070 - señala que el país debe preocuparse por cambiar su matriz productiva de aquí al 2030.
Vino picado en odres nuevos – Los misioneros de la Singularity University que desembarcaron en Montevideo a principios de este mes incluían a expertos en robótica (.RNail y S.Ismail), en innovación (V.Wadha), en ciencias médicas (D.Kraft), en biología (R.McCauley) y en cibercrimen (¡¡??) (M.Goodman).
Lo ofrecido fue muy convencional. El experto en robótica embelesó a su auditorio con la idea de que con los robots las economías volverán a producir “a la antigua”  y Estados Unidos volverá al liderazgo industrial mundial. Los de la robótica se concentraron en las maravillas de la “impresión en 3D” que permitirá hacer comida con una computadora y una de estas impresoras cuyo abaratamiento aseguran se producirá muy pronto a la par que su aumento de tamaño (que permitirá “imprimir”  una casa de 170 m2 en dos días y por un solo operario) y los coches sin conductor o los drones baratos. El experto en medicina aseguró que el 80% de las cosas que hoy hace un médico las hará la tecnología (no predijo en que plazo y no señaló si los errores estaban comprendidos). El especialista en biología predijo la cura de todas o casi todas las enfermedades con base en el abaratamiento de la decodificación del genoma humano  y la producción artificial de alimentos con costos mínimos. El ex policía especialista en “cibercrimen” hizo la apología de la incorporación de tecnología para equiparar a los delincuentes que están adelantados en esas materias (en suma una especie de CSI perpetuo).
Hay testimonios que dicen que los que asistieron a las conferencias salieron  henchidos de optimismo omnipotente (todo es posible incluso en Uruguay que tiene “potencialidad gigantesca”)  porque el costo de los emprendimientos se ha reducido a unos pocos miles de dólares que cualquiera tiene a la mano y que una empresa gigantesca puede nacer y crecer en un garaje o en el living de cualquiera que esté suficientemente imbuido del espíritu emprendedor propio de los grandes líderes. Hace años que estos argumentos han sido sistemáticamente desarrollados por las empresas de “venta directa” y estamos seguros que empresas como Amway, Tupperware y Avon, para no citar sino algunas, tienen más oficio y sobre todo son más conocidas por el público que estos apóstoles de la singularidad del profeta Ray.




[1] En Brecha (“Uruguay encendido: ¿quema tutti o siniestro de graves proporciones?”).
[2] Ejemplos hay cientos, por no decir miles, pero basta recordar la serie televisiva “Falling Skies” y su guerra con las máquinas inteligentes..
[3] Grompone, Juan (2001) La danza de Shiva (la construcción del futuro). Edit. La Flor del Itapebí, Montevideo.
[4] Soca, Cinthia “Una luz catódica en el crepúsculo del futuro: con Juan Grompone a propósito de la singularidad tecnológica y el fin del sistema capitalista”. En Brecha, 19 de abril de 2013 (p.16-17).

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