miércoles, 14 de septiembre de 2016

Karl Popper y el marxismo



Un debate interminable con recursos fraudulentos

KARL POPPER ESCUDERO DE LA GUERRA FRÍA (II)

Fernando Britos V.

De vuelta de su tranquilo refugio en Nueva Zelandia, Popper traía bajo el brazo su aporte fundamental, aunque no único, al arsenal ideológico de la Guerra Fría (“La sociedad abierta y sus enemigos”) aunque derrotado el nazismo el plural sobraba, para Popper el enemigo era el marxismo y en general todo lo que se opusiera al “liberalismo” (el zorro libre en el gallinero libre). Ahora veremos la calidad de su producto.


Un filósofo de mala leche – Para los filósofos Karl Popper conserva cierta interés por sus contribuciones a la teoría de la ciencia y más aún por las refutaciones que recibió de Thomas Kuhn y de sus discípulos Imre Lakatos y Paul Feyerabend, pero para el común de los lectores y especialmente para los políticos su importancia está relacionada con sus trabajos en el área de la teoría política y de la filosofía de la historia. Para filósofos ilustres como Bertand Russell, Popper habría sido quien efectuó la crítica más demoledora y presuntamente definitiva de varios autores destacados como Platón, Hegel y Marx. Los críticos de Popper, por su parte, han puesto al descubierto la manipulación abusiva que ha hecho de los textos de los clásicos que él ataca.
Según el filósofo mexicano Alejandro Tomasini Bassols 1 “a lo largo y a lo ancho de sus escritos Popper se dedicó a apuntar o a desarrollar en contra de diversas ideas de Marx tanto líneas generales de crítica, tanto de orden metodológico como sustancial o teórico” y por ende el calibre filosófico de las mismas es muy variado, “desde panfletos semi-cómicos como “¿Qué es la dialéctica?” hasta libros completos como Miseria del Historicismo. Sin embargo la artillería pesada que empleó en su ataque frontal contra el marxismo se encuentra en su libro más famoso La Sociedad Abierta y sus Enemigos 2 y más específicamente en ocho capítulos del segundo volumen. En ellos Popper se plantea desmantelar la teoría marxista de la sociedad capitalista y de la historia, exhibir falacias de Marx y derribar la visión marxista del hombre y del Estado y los ideales que la integran.
Pretensiones teóricas tan grandiosas como esas son de entrada sospechosas – advierte Tomasini – porque además el triunfalismo y la absoluta falta de autocrítica fueron también una característica popperiana que se desveló cuando sus procedimientos quedaron expuestos en relación a su crítica a otros autores. Esa obra, redactada cómodamente en su retiro en Nueva Zelandia, se transformó en un clásico de la Guerra Fría porque al equiparar al nazismo y el comunismo se convirtió en uno de los máximos exponentes de “la teoría de los dos demonios” que, desde siempre, se utilizó para defender al capitalismo en su variante neoliberal.
Hay que reconocer que, dada la fuerza argumentativa del libro – sostiene Tomasini – para múltiples pensadores de izquierda representó un golpe difícil de asimilar. Se trata, podemos decirlo, de una obra que le hizo mucho daño a todo lo que estaba asociado con el socialismo (valores, ideales, organización y tácticas políticas, etc.)” y que reforzó la ideología del capitalismo (ideología que en el vocabulario popperiano era la de “la sociedad abierta”). Popper que había sido una víctima del nazismo pretendía que su trabajo apuntara contra el nacional-socialismo pero lo cierto es que se trata de una obra ideológica dirigida inconfundible y exclusivamente contra el socialismo en general que en su terminología de Guerra Fría era el “totalitarismo”, “la sociedad cerrada”.
Por eso no debería resultar sorprendente que la “reconstrucción” del marxismo que hace Popper para combatirlo sea una caricatura, un espantajo construido para ser refutado sin demasiado esfuerzo. Sir Karl no polemiza con Marx sino con una imagen deleznable confeccionada por él lo que le permite lucirse quedando como un campeón en una pelea asi amañada (lo mismo había hecho con Platón y con Hegel). El marxismo del vienés solamente existe en su imaginación.
Además de construir a su rival, el escudero Popper utilizó otra técnica paralela, la de hacer del cuadro completo de su argumentación un conjunto abigarrado, casi caótico, que abarca torrencialmente una enorme cantidad de temas, nociones y conceptos. Ese método está concebido para que desenredar ese frangollo sea una tarea extraordinariamente compleja, aparentemente inaccesible para las personas corrientes y aburridora para los especialistas, lo que además arrojaba como subproducto para sus patrones, los promotores de la Guerra Fría, el manido recurso cazabobos del sastre estafador (la lujosa vestimenta del rey “que solamente podían ver los súbditos leales”).
Al desmontar la técnica de Popper, Tomasini (2008: 67-86) advierte que es ambigüa y contiene tres tipos de confusiones. En primer lugar, Popper distingue dos Marx: el Marx profeta (que él considera pseudocientífico) y el Marx científico. Siguiendo esta dicotomía distingue, en segundo lugar, entre el científico acertado que enuncia verdades y el científico errado que enuncia falsedades (no tesis incontrastables e irrefutables o absurdos metafísicos).
Una lectura detenida de la obra muestra que, contrariamente a lo que muchos políticos alabanciosos creen, Popper no rechaza todo lo que Marx sostiene y en lo esencial está de acuerdo con el diagnóstico que este hace acerca de capitalismo de su tiempo. La objeción de Popper radica en que, según él, en la obra de Marx se introdujo un elemento perturbador del que el vienés se considera enemigo jurado: “el historicismo”.
Popper admite que muchas de las leyes enunciadas por Marx son correctas pero sostiene que el historicismo del sabio de Tréveris lo indujo a establecer conexiones carentes de fundamento lo que según el vienés, le llevó a creer que podía “profetizar” el futuro del capitalismo y esta convicción sería la que habría echado a perder la teoría marxista dado que la transforma en un instrumento utilizable contra la “sociedad abierta” democrática.
De este modo y en tercer lugar, el ataque de Popper da la impresión de ser más potente y profundo de lo que en realidad es debido a una clásica mescolanza de argumentos disímiles: cuando le conviene los argumentos de Marx son disecados y aparentemente invalidados lógicamente aunque los hechos los respalden pero cuando lo que le conviene es lo contrario, atribuye a los hechos, la experiencia y la historia, la refutación de Marx aunque sus razonamientos sean impecables.
Tomasini (2008) toma uno por uno los cuatro temas principales de la crítica popperiana: el historicismo marxista, la teoría de las clases, el advenimiento del socialismo y la deficiencia o el mal uso de algunas teorías económicas concretas como las teorías del valor, de la explotación, de las crisis, etc.
El falso profeta - El meollo de la crítica popperiana a la obra de Karl Marx se encuentra en la calificación o etiquetamiento del marxismo como “una concepción historicista”. Según Popper, el “historicismo” es una tesis pretendidamente científica acerca de que el estudio minucioso de la sociedad actual permite extraer conclusiones sobre el futuro, predecir la evolución de la sociedad. Como considera a Marx un historicista típico automáticamente lo califica como falso profeta: “Profetizó sobre el curso de la historia y sus profecías no resultaron ciertas” (dice Popper) y afirma que el carácter profético del marxismo deriva de su economicismo.
El ataque popperiano apunta a las facetas histórica y económica de la obra de Marx y entonces Tomasini se pregunta “¿cómo fundamenta Popper esas atribuciones? Aquí nos llevamos una primera sorpresa: la principal justificación de su atribución de historicismo al pensamiento de Marx proviene no de un estudio y una discusión de la clase de leyes que Marx presenta en su magnum opus, sino tan sólo de una cita textual de una afirmación que éste hace en el Prólogo a la Primera Edición de El Capital y que Popper muy astutamente explota”. Lo que Marx afirma es que “la finalidad última de esta obra es, en efecto, descubrir la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna” 3 Según Popper esta “confesión” deja ver el objetivo oculto de Marx y, al mismo tiempo, su error mayor: pretender encontrar la ley que rige el desarrollo de la sociedad capitalista y por otro lado, atribuyéndole una concepción más bien primitiva de la ciencia, determinista, creía poder formular leyes de carácter científico que le permitirían predecir el futuro. Popper le achaca así a Marx una concepción simplista y primitiva de la ciencia que le llevó a caer en el “historicismo”.
Popper creía refutar a Marx con simples argumentos a priori 4 y particularmente la visión global de la sociedad que se origina en la teoría marxista de la historia desplegando su ataque en tres direcciones: primera un examen del economismo marxista, segunda el ataque a la teoría de las clases sociales del marxismo (el “sistema social” como lo llama Popper) y tercera el análisis de diversas teorías que conjugadas le habrían llevado a Marx a creer que podía vislumbrar y anunciar el fin del capitalismo.
El tratamiento de esos asuntos se caracteriza por la superficialidad, por la acumulación de comentarios impertinentes y falsos (como por ejemplo el atribuirle a Marx, que era un materialista consecuente, el dualismo mente-cuerpo). El interés fundamental de Popper es la refutación de la idea de que el estudio del capitalismo permite deducir la tesis del carácter inevitable del socialismo o, lo que es lo mismo, del fin del capitalismo. El vienés presenta la posición de Marx como si este fuera un teólogo medioeval que acostumbra a argumentar siempre a priori pero Tomasini advierte que es precisamente Popper el que se maneja como un escolástico y señala que entender este modus operandi es importante para tener claros los verdaderos alcances (o si se quiere la potencia real) de la crítica popperiana.
Sir Karl no pretende demostrar que las cosas no eran como Marx las describió sino que aduce que las razones que esgrimió no eran suficientes para probar la verdad de sus conclusiones. Popper utiliza la lógica, su lógica, para concluir que de las premisas establecidas por Marx se pueden deducir otras conclusiones. Por ejemplo, sostiene que es falso que el triunfo de los trabajadores conduzca inevitablemente al socialismo porque puede imaginarse que la victoria del proletariado puede producir una nueva división de clases y no la desaparición de estas. También argumenta que el socialismo no es la única alternativa al capitalismo. El capitalismo de los tiempos de Marx se ha renovado y transformado de tal modo que es radicalmente diferente y por ende la experiencia ha refutado la teoría marxista. Escurriendo el bulto, Popper elude considerar los fracasos del capitalismo para solucionar los problemas que enfrenta la humanidad, problemas que eran tan notorios y tremendos al principio de la Guerra Fría como después de la misma y en la actualidad.
Otro punto de la crítica popperiana contra el advenimiento del socialismo asegura que es falsa la teoría que señala que la acumulación y concentración del capital implicarán una supresión de las clases medias y alimentarán la revolución social. Popper dice que Marx no parece haber entendido que las clases privilegiadas y el Estado pueden hacer uso del lumpen-proletariado para contener al proletariado y que en el interior de las clases trabajadoras se pueden crear sectores privilegiados y concluye que es un error afirmar que la revolución social es inevitable.
Popper no rechaza la concepción de clases sociales y sostiene que ha desempeñado un papel positivo al alentar movimientos políticos opuestos a los revolucionarios. Su objeción es que el concepto de clase social es tan nítido teóricamente que difícilmente podría aplicarse a la vida real: la compleja sociedad capitalista no permite que se le impongan esquemas propios de situaciones idealizadas concebidas por economistas. Es comprensible que semejantes tesis concitaran la adhesión de muchos de los llamados “filósofos posmodernos”.
Con la misma levedad Popper se mide con la teoría del valor, el efecto del excedente de población sobre los salarios (el ejército de reserva), la teoría de los ciclos económicos y el decrecimiento de la tasa de beneficio. Respecto a la explotación de los trabajadores, la posición de Popper es ambigüa puesto que rechaza parcialmente la posición de Marx pero reconoce que no existe una teoría alternativa. Sus objeciones se concentran en el hecho que las concepciones marxistas acerca del trabajo, la mercancía, el valor, etc. conducen a una concepción política revolucionaria como única forma de acabar con la explotación del hombre por el hombre. Popper rechaza la revolución y predica la “ingeniería social gradual”, la intervención estatal moderada y la acción política y moral conservadora (al estilo del viejo emperador Francisco José).
Autopsia del escudero por Tomasini Bassols5 – El filósofo mexicano comienza su crítica al ataque popperiano tomando las consideraciones sobre la presunta ley de desarrollo. Popper repite muchas veces que Marx aspiraba a encontrar “la ley que rige el desarrollo de la sociedad capitalista”. “Ahora bien – dice Tomasini – es claro para quien lee El Capital o cualquier otro libro de Marx que sencillamente no hay en la obra de este último tal ley. Marx nunca enunció nada asi ni se propuso hacerlo”. Y más adelante: “Frente a la interpretación popperiana de la obra de Marx ciertamente tenemos derecho a preguntar: ¿cuál es esa ley de la que él habla? ¿Por qué si supuestamente Popper la detectó, nunca la enuncia? La respuesta es obvia: porque no existe. Evidentemente, Popper podría remitirse a lo que de hecho es una cita textual (la que incluimos antes, extraída del Prólogo a la Primera Edición de El Capital) pero con ello estaría exhibiendo su mala fe, porque es evidente (y debería haberlo sido para un filósofo de la ciencia como él) que lo que Marx estaba diciendo era otra cosa, algo que ciertamente no se explica como Popper lo hace. Primera conclusión importante: Popper le adscribe a Marx un objetivo teórico que este nunca se fijó. Esto es como para alarmar a cualquiera”.
La mala leche de Popper se confirma al advertir que su argumentación le condujo a atribuirle a Marx una idea ridícula de ciencia, “una idea típicamente positivista – dice Tomasini – tanto del positivismo comptiano (que Marx tanto despreciaba) como del positivismo lógico (que nunca conoció). Me refiero a la idea de la unidad fundamental de la ciencia.6 En efecto, Popper le atribuye a Marx la creencia en un determinismo característico de la física de su época. Pero es evidente que Marx nunca tomó a la física como modelo de explicación científica. Su explicación en todo caso es mucho más afín a las explicaciones biológicas, de las que difícilmente se puede excluir a la teleología. Pero la verdad es que ni siquiera este último es el caso, ya que lo que Marx realmente ofrece es la fundamentación de las ciencias sociales (sociología, historia, crítica literaria, antropología, economía, etc.); con él se introduce lo que podríamos llamar la 'perspectiva histórica' en las ciencias humanas.”
Los manejos de Popper dejan ver el flanco de sus posiciones en pro de las “ciencias duras” y en desmedro de las “ciencias sociales”, que también es funcional a la Guerra Fría en su interés por manejar el conocimiento. “Las ciencias duras tienen como objeto permitir la manipulación del mundo y, en la medida en que ésta es efectiva, la predicción de los sucesos. Pero en las ciencias sociales el objetivo no es tanto predecir como comprender, en el sentido de tener una representación convincente del objeto de estudio (la civilización griega, el modo de producción capitalista, etc.). En un caso se requieren esquemas abstractos, altamente matematizados, una lógica del discurso ya muy estudiada concerniente a las definiciones, a los experimentos, etc. En el otro caso lo que resulta particularmente importante es la descripción minuciosa, exacta de casos únicos e irrepetibles (…) Así, Marx, al hablar de la “ley que rige el desarrollo del capitalismo”, en realidad de lo que está hablando no es de “una” ley en el sentido de, digamos las leyes de gravedad de Newton o las de gravitación universal y la teoría de la relatividad, sino de un cuadro general completo de la sociedad capitalista, de su modus operandi, esto es, de sus complejos mecanismos internos, de su estructura, de sus tendencias”. Esa es la “ley” que usa Popper para achacarle a Marx “el más torpe y ramplón de los historicismos”7.
“No hay “tesis historicistas” en la obra de Marx - dice Tomasini - La teoría de la historia no es la teoría del futuro aunque, obviamente, comprender la historia permite enfrentar mejor el futuro” . Lo que Popper denomina “historicismo” es una amalgama de tesis que Marx piensa que están “lógicamente implicadas por o en sus teorías “ o bien se trata de imputaciones injustificables de predicciones fantasiosas que ciertamente Marx no hizo”. Tomasini no tiene inconveniente en reconocer que Marx podría haberse equivocado pero advierte que Popper no intenta refutarlo sino descalificarlo. “Toda la historieta del historicismo es una mera invención popperiana” concluye el filósofo mexicano.
Refutando al refutador – Quienes hayan tenido algún contacto con las tesis popperianas sobre epistemología o filosofía de la ciencia habrán notado que Popper nunca intentó aplicar en el contexto de La Sociedad Abierta y sus Enemigos su famoso “criterio de demarcación”, el llamado “falsacionismo”. Popper estableció que en ciencia primero se hacen esfuerzos para establecer leyes a partir de las observaciones empíricas y que logrado esto lo que se hace es un esfuerzo igual o aún mayor para demostrar la falsedad de dichas leyes, para refutarlas o desecharlas. Este es el método que Popper promovió en materia de investigación científica para distinguir entre tesis metafísicas y tesis científicas dado que las primeras no pueden ser “falsadas” y por ende son pseudocientíficas.8
Popper nunca aplicó su “criterio de demarcación” a las teorías de Marx porque si hubiese demostrado que alguna de ellas era falsa eso habría demostrado, según su propia elaboración, el genuino valor empírico de la misma. Según el concepto de ciencia de Popper las afirmaciones de Marx a propósito del socialismo, la sociedad sin clases, el fin del capitalismo, etc. son científicamente inobjetables, lo cual se contradice frontalmente con su capciosa argumentación que atribuye a Marx un historicisimo irracional, meramente emocional, producto del deseo.
Un filósofo de la ciencia como Popper, con formación en física y matemáticas, no podía fingir ignorancia acerca de la relación existente entre la construcción de teorías y la aplicación de estas. En este sentido, frecuentemente, los científicos trabajan en forma completamente abstracta, limitándose a la mera construcción de modelos. Se trata entonces de un trabajo puramente teórico que no incluye elementos de carácter empírico como fuerzas en presencia, el azar, resistencias, pérdidas o transformación de las condiciones.
Inevitablemente, los elementos de caracter empírico tendrán que ser tomados en cuenta cuando se vaya a aplicar el modelo en la realidad. En ese momento resulta claro para cualquier trabajador científico que se requieren adaptaciones o ajustes de la teoría. Más claro es aún el hecho que esos ajustes o adaptaciones no son refutaciones porque no existe modelo puramente formal que no requiera algún tipo de modificación cuando se aplique en la práctica. Así les sucede tanto a los químicos y los físicos al confrontar modelos en sus laboratorios, como a los economistas o a cualquier científico social al enfrentar sus teorías y especulaciones con la realidad social e histórica.
Esto permite comprender por qué ciertas predicciones de Marx, perfectamente racionales - no solamente razonables porque no estaban basadas en magia, fuerzas sobrenaturales o creencias dogmáticas, sino en la ciencia – podrían no haberse cumplido. Sin embargo, la crítica popperiana atribuye arteramente a ese incumplimiento el caracter de refutación y sobre todo de una refutación general del corpus teórico del marxismo basado en casos o presuntos casos que en verdad no son sino necesarios ajustes y adaptaciones que enriquecen la teoría y la retroalimentan con factores empíricos que el modelo no contemplaba. Marx – por ejemplo – no podía haber incluido en sus teorías la existencia de armas de destrucción masiva, como las bombas atómicas, capaces de arrasar el planeta y acabar con la humanidad. Si tal cosa sucediera no podría considerarse como una refutación de la concepción marxista acerca del fin del capitalismo y el advenimiento de una sociedad radicalmente distinta, socialista o como quiera llamársele. El solo hecho de plantear tal “refutación” como lo hace Popper es ridículo y muy expresivo acerca de su catadura ideológica.
Tomasini Bassols explica que, en realidad, “lo que Marx hizo fue construir un intrincadísimo mapa (una “red” en el sentido del Tractatus de Wittgenstein) de la realidad social de su época y sostuvo, sobre la base de la convicción de la utilidad de sus categorías y la exactitud de sus descripciones, que era racionalmente aceptable trazar ciertas inferencias respecto a potenciales líneas de desarrollo de la sociedad de la que él se ocupaba. Dado que era muy poco probable que Marx visualizara todos los posibles factores empíricos relevantes que habría que tomar en cuenta para deducir de manera formalmente correcta descripciones concernientes al futuro, que es lo que Popper absurdamente exige, es comprensible que algunas de sus “profecías” no se hayan cumplido de un modo diferente a como él las enunció. Marx, claro está, nunca canceló la posibilidad de que nuevos factores que de hecho jugaran papeles cruciales en las vidas de los hombres hicieran su aparición y que, por lo tanto, las expectativas a que daba lugar su teoría no se cumplieran matemáticamente. Pero es evidente que nada de esto permite restarle méritos a la red teórica misma, la cual (guste o no) sigue siendo la única teoría completa del modo capitalista de producción”.
La duplicidad o la ingenuidad de Popper alcanzan niveles superlativos cuando recurre a la experiencia para mostrar el carácter fallido de la explicaciones de Marx. Popper, oponiéndose a Marx, defiende la ingenua creencia de que el empleo total es factible en el sistema capitalista, es decir que no es empíricamente imposible que en el sistema capitalista todas las personas aptas para trabajar tengan empleo, a pesar de la explotación, la competencia, la concentración del capital, la plusvalía, el perfeccionamiento de habilidades y la mecanización, etc. Refiriéndose a Marx, Popper asegura que aunque la opinión de aquel podría haberse justificado en su época, “como profecía ha sido refutada por la experiencia posterior” 9.
Tomasini señala que lo que la experiencia ha refutado invariablemente ha sido esta idea de Popper acerca del pleno empleo. Ni los Estados Unidos ni otro país capitalista ha conseguido, nunca, eliminar la desocupación. El “ejército industrial de reserva” es un concepto desarrollado por Marx 10 referido a la existencia estructural, en las sociedades capitalistas, de una parte de la población que resulta excedentaria como fuerza de trabajo para las necesidades de la acumulación del capital: un ejército de desocupados permanente que hace a la esencia de dicha acumulación y por ende no puede ser eliminado. De hecho la desocupación no es casual sino uno de los problemas más graves del mundo actual. En la época de Marx las máquinas desplazaron a muchos trabajadores y en la actualidad ese papel lo cumple la informática y la robotización. Las tendencias que se dan en el siglo XIX, en el XX y en el XXI confirman el acierto del marxismo y la quiebra de las concepciones popperianas.
Eclipse de los escuderos fraudulentos - El filósofo mexicano analiza las razones por las que el libro de Popper, a pesar de su carácter equívoco, tendencioso, superficial e inocultablemente mal intencionado, disfrutó de un auge importante en las últimas décadas del S. XX y más allá del fin de la Guerra Fría. Tomasini explica que La Sociedad Abierta y sus Enemigos es “un libro contextual” “por lo que modificadas las circunstancias de gestación su importancia tenía inevitablemente que disminuir” (...) “Nadie discute las tesis de Popper sobre Platón o sobre Marx”. Su éxito transitorio se debió al contexto histórico- político de la Guerra Fría. Estados Unidos y sus aliados necesitaban una obra política de tipo semejante y Popper, inicialmente rechazado por ellos, se prestó a escribirla en su refugio neozelandés para asegurarse “un retorno triunfal” al mundo académico.
El precio que pagó el vienés por esas palmas y patacones fue el de haberse convertido él mismo en un “filósofo contextual” cuya gravitación se esfumó gradualmente aún en vida cuando uno de los bloques enfrentados en la Guerra Fría desapareció. El objetivo político de la crítica al marxismo se cumplió parcialmente pues como advierte Tomasini “causó mucho daño en ciertos sectores progresistas de la inteligencia mundial”.
Quienes creyeron que las credenciales tempranas de Popper como autor de La Lógica de la Investigación Científica11 le daban a su actuación como escudero de la Guerra Fría el aire de un debate académico entre intelectuales, no solamente fueron engañados sino que muchos tomaron distancia del marxismo, volvieron sus arrepentidos ojos hacia los llamados posmodernos y a otra categoría de propagandistas del más rancio conservadurismo como Francis Fukuyama.
El mundo siguió cambiando rápidamente, el socialismo real se derrumbó, el capitalismo y en particular el imperialismo entró en una nueva fase pero ninguno de los grandes desafíos que enfrenta la humanidad encontró solución. Por el contrario, la violencia, la explotación, la desigualdad, el hambre, las enfermedades, la desocupación, la contaminación y depredación del medio ambiente, las guerras y desplazamientos de población se han multiplicado. La falsedad de Popper es inocultable, su fraude intelectual ha quedado al descubierto. Pero la dinámica del siglo XXI sigue haciendo que otros escuderos muerdan el polvo, como es el caso prototípico de Fukuyama 12.
Ishihiro Francis Fukuyama, un politólogo nacido en los EUA de padres japoneses, sostenía que la historia, como lucha de ideologías, había terminado, con un mundo basado en la democracia liberal que se ha impuesto tras el fin de la Guerra Fría con la caída del comunismo. Esto ha dado origen al llamado pensamiento único: las ideologías ya no son necesarias y han sido sustituidas por la economía. Estados Unidos es la única realización posible de una sociedad sin clases. En palabras de Fukuyama: “El fin de la historia significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, los hombres satisfacen sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas”.
Fukuyama plantea un idealismo típicamente hegeliano, pero a diferencia de Hegel no defiende al estado prusiano sino que lo reemplaza por el gobierno de los Estados Unidos, ignora el caracter histórico de los imperios y que un pseudoanálisis de la ideología capitalista al considerarla como una pulsión natural y no como un producto del sistema. Como Popper al comienzo de la Guerra Fría, Fukuyama es el escudero del final de la misma y como el primero intentó refutar al materialismo histórico justificando la evolución de las condiciones materiales de existencia del pueblo soviético y chino como un ejemplo de triunfo de la economía de mercado. También culpó a "un marxismo actualizado" (el de la URSS) de querer conducir al "apocalipsis definitivo de la guerra nuclear".
Como Popper, la estrella de Fukuyama se ha eclipsado, tal vez más rápidamente que la del vienés. El politólogo estadounidense fue uno de los principales promotores de los llamados neoconservadores y un belicista declarado que azuzó a los gobiernos de su país para que desataran las guerras en el Golfo Pérsico pero ahora está tomando distancia y dice que ya no soporta a sus compinches neoconservadores: “Neoconservatism has evolved into something I can no longer support” (El neoconservadurismo ha evolucionado en algo que ya no puedo apoyar). Su discrepancia – afirma - radica en el unilateralismo que está practicando la política estadounidense y en la acción política en el Medio Oriente.
1En sus trabajos en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, el Dr. Alejandro Tomasini se ha centrado en las obras de Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein. Los párrafos siguientes se apoyan en su ensayo “Karl Popper y el Marxismo: somera revisión de un gran fraude intelectual” al que se accede en www.filosoficas.unam.mx/~tomasini/ENSAYOS. Se trata de un capítulo del libro Tomasini Bassols, Alejandro (2008) Discusiones filosóficas. Plaza y Valdés: México.
2Popper, Karl (1967) La Sociedad Abierta y sus Enemigos, vols. I (“el influjo de Platón” y II (“La pleamar de la profecía”). Buenos Aires; Paidós. Esta fue la edición que impactó en el Río de la Plata desde fines de los sesenta hasta los ochenta del siglo pasado, aunque la versión original en inglés no encontró editor en los Estados Unidos y fue publicada en Londres en 1946, para bien o para mal, es la obra por la que será recordado.
3Marx, Karl (1974) Prólogo a la Primera Edición de El Capital. Traducción de Wenceslao Roces. México: Fondo de Cultura Económica (p.xv).
4La concepción kantiana de los argumentos a priori establece que son aquellos que no tienen su fundamento en la experiencia sino en el ejercicio de la razón pura. Popper, un hábil manipulador de los textos, se agarra de una frase descontextualizada y despacha el asunto con su escolástico golpe de galera.
5Tomasini Bassols, Alejandro (2008) “Karl Popper y el Marxismo: somera revisión de un gran fraude intelectual”. En: Discusiones filosóficas. Plaza y Valdés: México. Asequible en: www.filosoficas.unam.mx/~tomasini/ENSAYOS
6Recordemos que Popper se vanagloriaba de haber refutado a los positivistas lógicos de Círculo de Viena y a Ludwig Wittgenstein a quien había enfrentado en Inglaterra.
7El historicismo es una tendencia del idealismo filosófico y del liberalismo del siglo XIX que considera que toda la realidad es producto de un devenir histórico. Concibe al ser esencialmente como un proceso temporal que no puede ser captado por la razón. Según el historicismo, la filosofía es un complemento de la historia.
8Estos asuntos se siguen discutiendo en filosofía de la ciencia y el problema de la “demarcación” popperiana está bastante revisado como lo veremos, en un futuro, cuando abordemos las críticas del vienés al psicoanálisis y la obra de Pigliucci, Massimo y Marteen Boudry (comps.) (2013) Philosophy of Pseudoscience. Reconsidering the Demarcation Problem. The University of Chicago Press: Chicago.
9Popper, Karl (1967) La Sociedad Abierta y sus enemigos, tomo II, p. 249.
10 Marx, Karl ( 1867 )”Producción progresiva de una superpoblación o de un ejército industrial de reserva”. El Capital: crítica de la economía política, Vol. I, Cap. XXIII. Pgr. 3: 532-542. México: Fondo de Cultura Económica. Marx dice que el ejército industrial de reserva le brinda al capital “el material humano, dispuesto siempre a ser explotado en la medida en que lo reclamen sus necesidades variables de explotación e independiente, además, de los límites que pueda oponer al aumento real de la población” (p.535).
11Recordar que la Logik der Forschung apareció originalmente en Viena, por capítulos, a principios de la década de 1930 y fue reescrito por Popper en 1934, traducido por él al inglés en 1959 y traducido al español en 1962.
12Precisamente en 1992, dos años antes de que Karl Popper falleciera en su residencia de East Croydon (el 17/9/94), se publicó The End of History and the Last Man del politólogo estadounidense Francis Fukuyama. La edición en español El Fin de la Historia y el último hombre la efectuó Planeta en 1994.

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