domingo, 26 de junio de 2011

Recordando a Oscar Varsavsky



CONMEMORANDO LA APARICIÓN DE “CIENCIA, POLÍTICA Y CIENTIFICISMO” 
DE OSCAR VARSAVSKY (1920-1976)

            Oscar Varsavsky nació en Buenos Aires en enero de 1920. Era Doctor en Química de la U.B.A. Fue Profesor de Matemática y Física y figura gravitante de la Facultad de Ciencias Exactas. Fue uno de los primeros especialistas mundiales en el desarrollo de modelos matemáticos aplicados a las ciencias sociales y un destacado expositor en historia de la ciencia y epistemología.

 Ciencia, política y cientificismo” fue publicada originalmente, en noviembre de 1969, por el Centro Editor de América Latina y en sus concisas setenta páginas encerraba uno de los textos más lúcidos del siglo XX en la materia. Mantiene su frescura y su palpitante interés. Es expresión del compromiso de un científico que, según se dice, murió de tristeza en 1976 durante la noche negra de la dictadura en Argentina.

                                                                      Lic. Fernando Britos V.
                                                                               
PASAJES MEDULARES DE “CIENCIA, POLÍTICA Y CIENTIFICISMO

“Hay científicos cuya sensibilidad política los lleva a rechazar el sistema social reinante en nuestro país y en toda Latinoamérica – sostenía Varsavsky en su opúsculo -. Lo consideran irracional, suicida e injusto de forma y fondo; no creen que simples reformas o “desarrollo” puedan curar sus males, sino sólo disimular sus síntomas más visibles. No aceptan sus normas y valores – copiados servilmente, para colmo, de modelos extranjeros – no aceptan el papel que el sistema les asigna, de ciegos proveedores de instrumentos para uso de cualquiera que pueda pagarlos y hasta sospechan de la pureza y neutralidad de la ciencia pura y de la infalibilidad y apoliticismo de las élites científicas internacionales al imponer temas, métodos y criterios de evaluación”.

“A estos científicos rebeldes o revolucionarios se les presenta un dilema clásico – sostenía Varsavsky - : seguir funcionando como engranajes del sistema –dando clases y haciendo investigación ortodoxa- o abandonar su oficio y dedicarse a preparar el cambio de sistema social como cualquier militante político. El compromiso usual ante esta alternativa extrema es dedicar parte del tiempo a cada actividad, con la consiguiente inoperancia en ambas”.

“Este dilema tiene un cuarto cuerpo, mencionado muchas veces pero a nivel de eslogan: usar la ciencia para ayudar al cambio de sistema, tanto en la etapa de la lucha por el poder como en la de implantación –y definición concreta previa- del que lo va a sustituir”.

“Sostengo que esto es mucho más que un slogan, o puede serlo, pero requiere un esfuerzo de adaptación muy grande por parte de los científicos; tal vez mayor que abandonar la ciencia por completo: es más difícil soportar la etiqueta de pseudo científico que de ex científico”.

“Pero creo además que la llamada ‘ciencia universal’ de hoy está tan adaptada a este sistema social como cualquier otra de sus características culturales, y por lo tanto el esfuerzo por desarrollar la investigación seria del cambio total puede producir, a plazo no muy largo, una ciencia no sólo revolucionaria sino revolucionada”.

“Con estas páginas – declaraba Varsavsky – quiero provocar una discusión más a fondo de esta alternativa: sus dificultades, posibilidades e implementación en el contexto argentino (aunque muchas de sus conclusiones resulten igualmente válidas para otros países dependientes).”

Varsavsky efectivamente promovió el debate. Su libro fue editado una y otra vez hasta 1975. Carlos Borches - profesor y matemático de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA - conocido por su trabajo como divulgador y especialista en epistemología e historia de la ciencia - decía a fines del 2002, “aquellos acalorados debates se desplomaron durante la segunda mitad de los setenta (bajo el terror y la represión de la dictadura argentina) y luego, con el derrumbe del socialismo real, sonaron anacrónicos desapareciendo de las agendas de discusión. Tal vez sea hora de sacarle el polvo y ver si aportan herramientas viables para estos tiempos de crisis”.

Así lo cree el especialista brasileño Renato Peixoto Dagnino quien ante la pregunta ¿qué deben hacer las universidades para recuperar su rumbo?, contesta: “esa es la tarea central que deben asumir las universidades ante la oportunidad de cambios sociales tan amplios como los que se vislumbran en Brasil.”

“Lo primero, como ya lo reclamaba en la década del 60 Oscar Varsavsky, la universidad debe abandonar su orientación exógena. En una universidad que trata de emular lo que se hace en los países desarrollados, que no tiene una agenda propia, no se concibe que se pueda hacer otra cosa que no sea lo que está bien para el primer mundo”[1].

            “La misión del científico rebelde – proponía - es estudiar con toda seriedad y usando todas las armas de la ciencia, los problemas del cambio de sistema social, en todas sus etapas y en todos sus aspectos, teóricos y prácticos. Esto es, hacer ‘ciencia politizada’ “.

            El resto del trabajo de Varsavsky está precisamente destinado a analizar las razones por las cuales este asunto no se había planteado antes en serio (él las resume en cuatro: el cientificismo < un cientificista no puede ocuparse de problemas relacionados con la política porque esa no es una actividad científica legítima>; un salto al vacío que requería gran autonomía de pensamiento y el rechazo de la gran mayoría de los esquemas ortodoxos; no había fuerza política <sólo en broma podía pensarse que la Facultad propusiera semejante campo de investigación a sus docentes sin ser intervenida a las 24 horas>; no había convicción política).

            En primer lugar analiza la actitud ante la ciencia que prevalecía en los científicos argentinos. “En pocos campos es nuestra dependencia cultural más notable que en éste, y menos percibida. Eso ocurre en buena parte porque el prestigio de la Ciencia – sobre todo de la ciencia física, máximo exponente de este sistema social- es tan aplastante, que parece herejía tratar de analizarla en su conjunto con espíritu crítico, dudar de su carácter universal, absoluto y objetivo, pretender juzgar sus tendencias actuales, sus criterios de valoración, su capacidad para ayudarnos a nosotros, en este país, a salir del “subdesarrollo” (…) “…los científicos del mundo no dudan de su institución; ellos están mucho más unidos que los proletarios o los empresarios; forman un grupo social homogéneo y casi monolítico, con estrictos rituales de ingreso y ascenso, y una lealtad completa –como en el ejército o la iglesia- pero basada en una fuerza más poderosa que la militar o la religiosa: la verdad, la razón.”

            Más adelante se pregunta : “¿puede haber diferentes tipos de ciencia?. Es indudable que si. Basta una diferente asignación de recursos –humanos, financieros y de prestigio- para que las ramas de la ciencia se desarrollen con diferente velocidad y sus influencias mutuas empiecen a cambiar de sentido. Eso da una Ciencia diferente”.

            “El predominio de las ciencias naturales sobre las ciencias sociales es una característica histórica de nuestra sociedad, pero no es una ley de la naturaleza: pudimos haber tenido una Ciencia de otro tipo”.

            “Pero hemos llenado de elogios a la Ciencia que tenemos. Su prestigio es tan grande que seguramente está bien como está. ¿Qué necesidad hay de otro tipo de Ciencia cuándo ésta ha tenido tantos éxitos?”.

            “Y sin embargo –observación trivial que ha perdido fuerza por demasiado repetida- entre sus éxitos no figura la supresión de la injusticia, la irracionalidad y demás lacras de este sistema social. En particular no ha suprimido sino aumentado el peligro de suicidio de la especie por guerra total, explosión demográfica o, en el mejor de los casos, cristalización en un ‘mundo feliz’ estilo Huxley”.

            “Esta observación autoriza a cualquiera a intentar la crítica global de nuestra Ciencia. Algo debe andar mal en ella”.

            “La clásica respuesta es que esos no son problemas científicos: la ciencia da instrumentos neutros y son las fuerzas políticas quienes deben usarlos justicieramente. Si no lo hacen, no es culpa de la ciencia”.

            “Esta respuesta es falsa; la ciencia actual no crea toda clase de instrumentos, sino aquellos que el sistema le estimula a crear. Para el bienestar individual de algunos o muchos, heladeras y corazones artificiales, y para asegurar el orden, o sea la permanencia del sistema, propaganda, la readaptación del individuo alienado o del grupo disconforme. No se ha ocupado tanto, en cambio, de crear instrumentos para eliminar estos problemas de fondo del sistema: métodos de educación, de participación, de distribución, que sean tan eficientes, prácticos y atrayentes como un automóvil. Aún los instrumentos de uso más flexible, como las computadoras, están hechas pensando en ciertos fines más que en otros. Aunque el poder político pasara de pronto a manos bien inspiradas, ellas carecerían de la tecnología adecuada para transformar socialmente, culturalmente – no sólo industrialmente- al pueblo sin sacrificios incalculables e inútiles.”

            Y más adelante…”Los pocos estudios que se hacen son una gota de agua frente al mar necesario y, peor aún, su espíritu es el de la sociología norteamericana: descripción, correlaciones y alguna que otra recomendación inocua. Sirven para presentar informes ante las fundaciones y gobiernos que los pagan. Nunca van al fondo del problema, a decir claramente qué hay que hacer; muchas veces para no lesionar intereses poderosos, pero sobre todo porque no pueden hacerlo; la ciencia actual no tiene una teoría capaz de resolver ese problema concreto e importantísimo” (se refiere al ejemplo concreto que planteó: la aplicación de una reforma agraria eficiente).

            “Se hacen estudios de todos los temas imaginables, pero la intensidad no está distribuida como le interesaría al nuevo sistema sino al actual. Basta comparar el esfuerzo intelectual que se dedica a mejorar la enseñanza primaria con el que se dedica al análisis de mercados y la propaganda comercial, para comprender que no sólo falta una revolución política sino una científica, y que es muy poco eficiente esperar la primera para iniciar la segunda…”

            Seguidamente Varsavsky diseca el consumismo, que tantos defensores tiene “entre los que no sufren sus injusticias” y que obliga a “imponer gustos, costumbres y valores homogéneos a toda su clientela potencial: la humanidad; cosa no tan bien vista ni siquiera por sus defensores.”. Asegura que la productividad elevada requiere una tecnología física muy sofisticada, que a su vez se basa en el desarrollo rápido de un cierto tipo de ciencia, que tiene como ejemplo y líder a la Física”.

            Se perfeccionan entonces ciertos métodos: estandarización, normas precisas, control de calidad, eficiencia y racionalización de las operaciones, estimación de riesgos y ganancias, que a su vez implican entronizar los métodos cuantitativos, la medición, la estadística, la experimentación en condiciones muy controladas, los problemas bien definidos, la super-especialización, métodos que no tienen por qué ser los mejores para otros problemas”.

            “La investigación y sus aplicaciones dejan de ser aventuras creativas para transformarse en una inversión rentable que figura en la cuenta de capital de las empresas con su etiqueta masificadora – R&D, Research and Development – y se hace con empleados, con subsidios a universidades o con institutos y hasta con universidades propios. No se ha demostrado que esto sea lo más eficiente para toda la ciencia”.

            “La productividad del hombre que fabrica, diseña o descubre, se estimula mediante la ética de la competitividad, empresarial o stajanovista. El hombre tiene sólo dos facetas importantes: producir y consumir en el mercado (capitalista o socialista). Sea artista, científico, campesino o militar, lo que produzca será puesto en venta en algún mercado si es que satisface las normas del sistema, y su éxito dependerá, tanto o más, de la propaganda o de las relaciones públicas que de su valor intrínseco. Y como consumidor está sujeto a las mismas presiones”.

            Enseguida el autor desarrollaba un perspicaz análisis acerca de la manera en que el sistema influye sobre la ciencia y la conforma. “El sistema no fuerza, presiona - sintetizaba Varsavsky – tenemos ya todos los elementos para comprender cómo lo hace: la élite del grupo, la necesidad de fondos, la motivación de los trabajos, el prestigio de la ciencia universal”. El texto es plenamente vigente a más de cuatro décadas de su aparición porque toca todos los temas importantes en cuanto a la articulación de las ciencias básicas y la tecnología, la autonomía científica, las formas de evaluación de la actividad, etc.

            No se haría justicia a Oscar Varsavsky sin transcribir unos párrafos medulares de su obra (y de su vida), el método que propone, su guía para la acción.

            “Por mi parte creo que hay un método de trabajo que prácticamente obliga a hacer ciencia autónoma razonable. Es el estudio interdisciplinario de problemas grandes del país, incluyendo una adaptación a éste de la enseñanza superior”.

            “Por ‘estudio interdisciplinario’ no quiero decir un equipo dirigido por un biólogo, por ejemplo, en el que actúan como colaboradores secundarios químicos, estadísticos o economistas, ni tampoco un estudio múltiple de los distintos aspectos del problema hecho por varios especialistas que trabajan cada uno por su cuenta. El primer tipo de estudio es en realidad monodisciplinario y el segundo multidisciplinario. El ‘inter’ indica un grado de organización y amplitud mayor: los distintos aspectos discutidos en común por especialistas de igual nivel en las distintas disciplinas, para descubrir las interconexiones e influencias mutuas de esos aspectos, y para que cada especialista aproveche no sólo los conocimientos, sino la manera de pensar y encarar los problemas habituales en los demás. Esta interacción de disciplinas, que exige discusión, crítica y estímulo constante entre los investigadores, y permite que ideas y enfoques típicos de una rama de la ciencia se propaguen de manera natural a las demás, me parece una garantía de éxito”.

            “Tomemos como ejemplo el estudio de una región como el Chaco o la Patagonia. Es costumbre en estos casos hacer investigaciones separadas de los aspectos geográficos, ecológicos (cuando no simplemente de descripción de especies), económicos y sociales, aunque cada uno de esos equipos incluye colaboradores de diversas disciplinas “auxiliares”. Al no estar integrados esos equipos, no pueden poner de acuerdo sus evaluaciones de la importancia relativa local de los diferentes subproblemas de que se compone la investigación, y entonces cada equipo hace un estudio “neutro” siguiendo criterios universalistas y se recoge una cantidad de información que dice un poco de cada cosa y no es suficiente para ninguna. Así el ecólogo puede estudiar infinitas cosas interesantes, pero en un equipo interdisciplinario elegirá aquellas que sean más útiles según los criterios comunes a todos (que en el caso ideal estarán guiados por un plan, estrategia política u objetivos nacionales). Lo mismo puede decirse del antropólogo, del economista y hasta del cartógrafo. Si trabajan cada uno por su cuenta, caen indefectiblemente en los criterios ortodoxos de sus ciencias, por falta de otra orientación. Si se integran no pueden perder de vista que el estudio se hace en este país, con estos objetivos y estos recursos, que deben asignarse eficientemente. Es muy distinto estudiar un suelo en general que estudiarlo en función  de ciertos usos específicos posibles. Es muy distinto estudiar la fauna en general de una región que buscar enemigos naturales de ciertas especies que se quieren implantar.(…).

            “Es de notarse que estas cuestiones parecen superficialmente de ciencia aplicada pero, como siempre, en cuanto se quieren tratar en serio conducen a la investigación teórica original. Huelga decir que la solución de cualquier problema social requiere un planteo teórico, casi siempre con alguna dosis de originalidad, antes y después de la recolección de datos. Que la observación activa de la naturaleza conduce a cuestiones teóricas tampoco es novedad: no es por simple aplicación de lo que ya se sabe que se resuelven problemas como la desulfuración de un petróleo o la descontaminación de ciertas aguas o suelos. Pero aún en el campo de la Matemática abstracta pueden surgir problemas teóricos nuevos en cuanto uno se propone utilizarla sin preconceptos, como me ha tocado verificar. (…).

            “No se trata pues de hacer ciencia aplicada, sino de no romper la cadena completa de la actividad científica: descripción, explicación, predicción, decisión.

            El académico desprecia el último eslabón, el empírico se queda sólo con él. Aquí se propone empezar por él, pues decidir implica haber definido los objetivos y por lo tanto da el verdadero planteo del problema. Y luego ir hacia atrás funcionalmente:

Predecir, no para tener la satisfacción de acertar, sino para poder decidir, o sea elegir entre varias posibilidades, la que mejor logrará objetivos. Explicar no por el placer de construir teorías sino para poder predecir. Describir no para llenar enciclopedias, sino en función de la teoría, usando las categorías necesarias para explicar”.

“Observemos por último, que esta forma integrada de trabajo en equipo se ve rara vez en el hemisferio Norte. Es una modalidad poco compatible con la descripción que hemos hecho de la ciencia actual, y se recurre a ella sólo en caso de guerra o compromisos similares – como la carrera hacia la luna- y con grandes dificultades. La competitividad se opone a la participación en un equipo de iguales, donde será luego difícil discernir la paternidad de las ideas, y donde hay que renunciar a la comodidad de ignorar todo salvo una especialidad limitada”.

“Tiene pues sentido hablar de autonomía científica. A muchos nos parece además una manera conveniente de prevenir posibles deformaciones de la ciencia debidas a un monopolio que tiende a hacerse cada vez mayor. Y como hemos dicho, ser meros satélites científicos es serlo también en tecnología y por lo tanto en economía. Si en algo apreciamos nuestra nacionalidad debemos cuidar nuestra independencia también en el campo científico”.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------



[1] ( texto completo de la entrevista en:  www.fcen.uba.ar/prensa/noticias/2002).

No hay comentarios:

Publicar un comentario