martes, 15 de noviembre de 2011

Acoso moral en el Uruguay

EN MATERIA DE ACOSO MORAL PARECEMOS UN PAÍS NI NI

En un tema que requiere información, acción y prevención,
mantenemos gran atraso y parecemos un país que no estudia
ni trabaja este asunto, o por lo menos que no lo ha hecho,
seriamente, hasta ahora.

Lic. Fernando Britos V.


Resumen – Trascendió que el MTSS, la IGTSS y la Facultad de Psicología de la Universidad de la República desarrollaron la semana pasada un primer taller titulado "Herramientas para el abordaje de acoso sexual, acoso moral y discriminación en el trabajo bajo una perspectiva de género"[1]. Esto es muy importante porque en nuestro país existe un atraso muy notable en materia de reflexión y prevención del acoso moral. Este atraso es mucho más sensible en la Universidad de la República donde prolifera el acoso moral y no parece aplicarse el dicho de que “la caridad empieza por casa”. Lo que sigue es un insumo para reflexionar y actuar en una cuestión que ha tomado dimensiones epidémicas ante la aparente indiferencia de los universitarios.

Un asunto de suprema importancia - Desde hace unas cuantas décadas han venido estudiándose, en el hemisferio norte,  los temas relativos a riesgos psicosociales en el trabajo. Hans Selye (1907-1982) hizo énfasis en el estrés, Heinz Leymann, psicólogo alemán radicado en Suecia, fue el precursor del acoso moral en el trabajo que denominó primero como “psicoterrorismo”  o  “terrorismo psicológico en el trabajo” y posteriormente como “mobbing”[2]. Los trabajos de Leymann se publicaron en sueco y se tradujeron a partir de fines de los ochenta. En los noventa Marie-France Hirigoyen[3], psiquiatra y psicoanalista francesa publica sus primeros libros, rápidamente traducidos al español, y desde entonces se afirma como acoso moral la forma de violencia, solapada y alevosa, ejercida en el trabajo para cercar y aniquilar a una persona.

La denuncia del acoso moral, su estudio y prevención, la incorporación de leyes, decretos y reglamentaciones se ha desarrollado, fundamentalmente en Europa. Desde fines del siglo pasado y en los primeros años del actual se trabajó mucho y muy bien en España. Hoy la bibliografía sobre estos temas abarca decenas de libros y cientos de publicaciones en revistas científicas. En América Latina los principales desarrollos se han producido  en México, Colombia, Chile y Argentina. En Uruguay la bibliografía es escasa  y la investigación casi nula. Los pocos artículos publicados en la materia contienen referencias muy limitadas y mayormente circunscriptas al ámbito del derecho. A veces se expone criterios conocidos sin citar a quienes los han promovido e investigado.

Aunque este es un campo del mayor interés y esencialmente interdisciplinario, no hay un trabajo de investigación ni recursos públicos aplicados en forma sistemática a la información, formación, investigación y prevención con participación de psicólogos, asistentes sociales, médicos especializados en salud ocupacional, psiquiatras, antropólogos, sociólogos, juristas, técnicos en relaciones laborales, en administración, enfermeras y preventistas, etc. Se trata de un serio atraso de la academia en cuanto a los adelantos que se registran en el mundo y en la región.
Los trabajadores organizados en el PIT-CNT cuentan, desde hace unos años, con un grupo de trabajo que funciona con regularidad y que es parte de la Comisión de Salud Ocupacional de la central. Este grupo de trabajo ha desarrollado un protocolo, aplicable sobre todo a empresas del ámbito privado y ha recopilado valiosa experiencia aunque con escasa repercusión en los organismos donde se produce con mayor frecuencia el acoso laboral. En el ámbito legislativo y en el del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social no hay antecedentes conocidos acerca de un abordaje sostenido.
Sin embargo, la semana pasada se supo que en el salón de actos del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, se produjo el cierre del primer taller titulado "Herramientas para el abordaje de acoso sexual, acoso moral y discriminación en el trabajo bajo una perspectiva de género"; organizado por la Inspección General de Trabajo. La información ministerial “destacó entre otras cosas, el trabajo interinstitucional realizado con la UdelaR, y la perspectiva de género tomada desde la IGTSS para el abordaje de esta problemática. La segunda instancia tendrá lugar entre el 21 y el 25 de noviembre[4].
El Ministro Brenta señaló que “Uruguay está bien posicionado respecto a la cantidad de inspectores por habitante, y concordó con el Inspector General Roballo en cuanto a que no necesariamente se están dando más casos de abuso en ámbitos laborales, pero sí un mayor uso de las herramientas de denuncia”. 
El IGTSS Juan Andrés Roballo, por su parte, “destacó la importancia de haber establecido canales y procedimientos interinstitucionales con la UdelaR mediante esta actividad, que podrán ser de utilidad en futuras oportunidades. Asimismo, enfatizó la importancia de la inclusión de la perspectiva de género al abordar esas temáticas, tanto en la fiscalización como a la hora de incidir en el entorno de trabajo, dado que las víctimas de abuso son mayoritariamente mujeres. En ese sentido mencionó la capacidad de la Inspección General de poder operar a tiempo para solucionar los posibles conflictos, previo a que haya una ruptura del lazo laboral”.
El Decano de la Facultad de Psicología, Luis Leopold, “agradeció la confianza brindada por el MTSS y se mostró a disposición para colaborar en futuras instancias. Mencionó también que el beneficio fue recíproco, ya que el proceso de elaboración de los contenidos del curso fue un desafío enriquecedor para los docentes y psicólogos que participaron”.
Todo esto parece muy positivo y muy prometedor en la medida en que empieza una aproximación a una epidemia que nuestra sociedad sufre desde hace mucho. Lo que llama la atención la percepción del Ministro de Trabajo en el sentido que la incidencia de estas prácticas perversas no ha aumentado sino que lo que se incrementó fue el número de denuncias.
Ojalá que los participantes hayan tomado en cuenta  que, precisamente en la Universidad de la República, se producen y se están produciendo en este momento flagrantes casos de acoso moral sin que las autoridades se hayan interesado en los mismos o se hayan dispuesto a actuar para proteger a las víctimas y para prevenir sus efectos deletéreos sobre la organización. Tal vez sea falta de información.
Hace mucho tiempo que se sabe que la incidencia del acoso moral es mucho mayor en el ámbito público que en el privado y que dentro de aquel son las instituciones que trabajan con personas las que sistemáticamente presentan los índices más alarmantes y los procedimientos más perversos y sostenidos  en materia de acoso moral. Las instituciones de enseñanza, las de atención de la salud, las que se ocupan de la seguridad social, las empresas de transporte, de medios de comunicación, de comercio y (sin que esto resulte sorprendente), las organizaciones sin fines de lucro y las instituciones religiosas, presentan una elevada incidencia de acoso moral.

En España se ha comprobado que dentro de las instituciones de enseñanza son las universidades, autónomas y cogobernadas, las que presentan los mayores problemas de acoso moral sobre estudiantes, docentes y funcionarios. Nosotros recién nos disponemos a desarrollar una investigación sistemática de la incidencia de riesgos psicosociales en la Universidad de la República pero, en cambio, tenemos una gran experiencia de campo en el enfrentamiento y la prevención del acoso moral laboral en nuestra máxima casa de estudios a través del análisis de casos concretos que han afectado a todo tipo de trabajadores universitarios. Esta experiencia es la que nos permite sostener que las explicaciones de los peninsulares bien pueden servirnos de orientación acerca de las causas de estos fenómenos entre nosotros.

Explicaciones españolas que podrían aplicarse a lo nuestro – Ana Caro Muñoz es Letrada de la Universidad de Burgos y María Isabel Bonachera Ledro, es Jefa del Servicio Jurídico de la Universidad de Sevilla. Ambas produjeron, en el 2008, un libro titulado “Un análisis práctico sobre el fenómeno del mobbing en la universidad”[5]. Se trata de una investigación monográfica fuertemente centrada en los aspectos doctrinales y jurídicos del tema. Incluye un análisis doctrinal y uno jurisprudencial del tema, los protocolos que emplean varias universidades españolas para desterrar y prevenir el acoso moral y una bibliografía actualizada.

A continuación reseñaremos un capítulo especialmente elocuente titulado “Elementos que propician el mobbing en la Universidad”.  Una realidad circula, se palpa, se está exteriorizando, ya no queda espacio para el ocultamiento, y el hacer oídos sordos ante la sonora realidad que se vive en las Universidades – comienzan diciendo las autoras- . Sigue existiendo un trato de súbditos y no de compañeros, continúa habitando en los despachos cierto servilismo de la edad media, se habla de endogamia, amiguismo y corrupción (sentido de tribu, grupo de intereses, curia de poder, egos desaforados, envidias) y aún perviven las castas y los linajes. Como resultado de estas situaciones, en muchos de los casos enquistadas, a lo largo del tiempo se han venido incubando enfermedades laborales como el mobbing (hostigamiento psicológico en el trabajo), el burn out (síndrome del profesional quemado) y el acoso institucional”.

Ambas abogadas advierten que los integrantes de las comunidades universitarias “no pueden ni deben ser testigos mudos, ni cómplices necesarios, ni coautores, ni mirar sin ver en un contagio general de la miopía. Máxime cuando esas situaciones han traspasado las fronteras de la Universidad y están en la calle, la sociedad las conoce y las observa, las valora y las critica”. A continuación hace una reseña de coberturas y titulares periodísticos que coinciden en señalar a las universidades como los entonos laborales más tóxicos. Después citan varias estadísticas provenientes de trabajos de campo de diversos autores, encabezados por los del Prof. Iñaki Piñuel [6], uno de los investigadores pioneros en la materia. Los porcentajes de afectados por el acoso moral (mobbing) y el desgaste total (burn out), entre 1999 y 2003, varían entre algo menos del 20% y más del 50% del personal  docente y no docente.

En las Universidades – dicen Caro y Bonachera – con su condición de entes públicos con autonomía y representantes elegidos democráticamente para su representación y gestión, puede suceder, y de hecho sucede, que la democracia numérica se imponga a la democracia participativa, y ese marco legalmente establecido se interpreta de una manera torticera para normalizar situaciones de corrupción, de tal forma que se tiñen estas actuaciones y decisiones con halos de legalidad aparente.”

Pero si bien eso es grave, y debe atajarse en via administrativa y en vía judicial, en todo aquello que afecte a la institución y a su gestión, lo que se evidencia es que los efectos más perniciosos son los que afectan a las personas, a sus derechos fundamentales y a otros valores, como la dignidad humana, surgiendo la violencia psicológica, que es utilizada, sistemáticamente, por lo corruptos, dado que, aquellos miembros de la comunidad universitaria que no colaboren en el entramado creado por encima de la realidad probablemente se conviertan, de una u otra forma, más tarde o más temprano, en víctimas de acoso moral y psicológico en su trabajo”.

En las universidades hay una legislación específica y una estructura democrática en la que, sin embargo, existen resquicios normativos que los acosadores pueden utilizar para eludir el debido procedimiento y atacar a la víctima de tal manera que su abuso de poder y violación de las normas pueden quedar impunes y sus actividades perversas logan mantener la apariencia de legalidad. La propia estructura organizativa de una universidad, con distintas Facultades, Centros y Departamentos permite que no existan responsabilidades claras acerca de las acciones emprendidas. La situación de los docentes, estudiantes y funcionarios aunque pertenezcan a la misma universidad está fragmentada, la información es escasa o nula, las rivalidades frecuentes y los acuerdos escasos.

Caro y Bonachera afirman que la realidad laboral/funcionarial, donde hay pocos puestos de trabajo y muchos candidatos, especialmente entre los docentes e investigadores, precariedad creciente y bajos salarios, conducen al “cambalache”, a la falta de responsabilidad y de capacidad de control por parte de la institución.

Todas estas causas, sumadas e interrelacionadas, conllevan que, con el tiempo, se desarrollen normas implícitas, estructuras de poder informales y paralelas que perduran más allá de los mandatos de los distintos órganos, de gestión y académicos, y más allá de las normas y procesos formales. En estas estructuras se producen actuaciones tipificadas como acoso moral que terminan viéndose como normales. Lo perverso se vuelve habitual.   Las especialistas advierten que aunque estos fenómenos parecen más notorios en el caso de los docentes, “el resto del personal que presta sus servicios en el ámbito de la Universidades Públicas, y cuyo cometido principal es la administración y los servicios, son empleados públicos” que también sufren el acoso moral en el ámbito universitario.

Aseguran que en su estudio han podido observar cómo la mayor parte de los procesos judiciales incoados sobre posibles supuestos de acoso moral en Universidades Públicas,  lo han sido por parte de los integrantes del personal de administración y servicios, y no así por miembros del personal docente e investigador”. Para ellas esto es evidencia de que los rasgos ya apuntados (sentido de tribu, grupo de intereses, curia de poder, egos desaforados, envidias, precariedad laboral, salarios bajos, endogamia) tienen un carácter tan arraigado y pernicioso que llevan a obstaculizar en forma insalvable las denuncias y  el enjuiciamiento, porque esos elementos “generadores del problema” son, a su vez los que impiden que los acosados ejerzan su defensa, bien por la vía administrativa, bien por la judicial.

Las autoras citan a otro investigador que señaló: “en la Universidad hay un sistema de apadrinamiento que genera relaciones de vasallaje y los huérfanos de padrinazgo se convierten en víctimas propiciatorias del acoso[7].

Romper el silencio, desvelar lo oculto, actuar solidariamente – Las españolas concluyen advirtiendo que se está ante una realidad innegable por lo que es imprescindible hablar de ella y dar respuesta a preguntas acerca de la estructura jerárquica de la Universidad y la posibilidad de que se trate de un campo para el cultivo del acoso y abuso de unos profesores sobre otros, sobre los estudiantes y sobre los funcionarios administrativos y de servicios.

Entre  las respuestas que se den a esos interrogantes dicen que es posible encontrar nuevas pautas de comportamiento y nuevas líneas de actuación así como protocolos para que la comunidad universitaria corrija sus fallas. Asimismo sostienen que se debe prevenir, estableciendo puntos específicos sobre acoso en el trabajo dentro de los Planes de Salud y Prevención, desarrollar políticas de prevención contra los riesgos laborales y gestión ambiental y desarrollar la formación de todo el personal en estas cuestiones.

Por fin, dicen “Debemos actuar y castigar. Se hace necesario aprobar e implementar protocolos de actuación. Las Universidades, como uno más de sus reglamentos internos, deben normalizar los procesos que ordenen estas situaciones y aprobar los instrumentos que consideren necesarios. En ellos, toda la comunidad universitaria tendrá un referente al que acudir, en el que se establezca ordenadamente, quiénes son los responsables del proceso, de qué fases consta, en qué plazos se lleva a cabo, cuáles son los sistemas de prueba, de qué formas puede finalizar, cuáles son las vías de recurso, en qué órdenes jurisdiccionales, y la existencia o no de apoyo jurídico y psicológico, entre otros”.






[1] Se accedió en www.mtss,gub.uy el 13/11/2911.
[2] Leymann, Heinz (1996) Mobbing: La persecution au travail.. Editions Du Seuil, Paris.
[3] Hirigoyen, Marie-France (1999) El acoso moral en el trabajo. Distinguir lo verdadero de los falso. Ed. Paidós, Barcelona.
[4] Ver nota 1.
[5] Asequible en www.corruptio.com/web/00-tercercongreso/anacaro.doc - (ingresado en octubre de 2011).
[6] Piñuel, Iñaki (2003) Mobbing. Manual de autoayuda. Claves para reconocer y superar el acoso psicológico en el trabajo. Ed. Aguilar, Madrid.
[7] En España se han llevado a cabo, hasta donde sabemos, tres Congresos nacionales sobre corrupción y endogamia en la Universidad Pública Española, el primero en el 2002, el segundo en el 2006 y el tercero en el 2008.

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