miércoles, 2 de julio de 2014

Turing, la inteligencia artificial y el determinismo biológico



El pasado 7 de junio un programa de computadora superó, por vez primera, el Test de Turing.
EL VERDADERO TEST DE TURING
Fernando Britos V.
Cómo contribuyó el determinismo biológico al suicido de Alan M. Turing el principal promotor de la inteligencia artificial y precursor de la informática actual; cómo debe considerarse el desarrollo actual de la inteligencia artificial (un entretenimiento sobrevalorado o un avance maravilloso que supera al intelecto humano) y como el determinismo biológico y los experimentos nazis se conjugaron para terminar con el científico.
Origen del test de Turing - En octubre de 1950, el brillante matemático británico Alan Turing (1912 – 1954) publicó en la revista Mind [1]un artículo titulado “Máquinas de computación e inteligencia” donde abordaba el problema de la inteligencia artificial, vaticinaba que medio siglo después, es decir en el año 2000, las computadoras llegarían a pensar por si mismas y propuso una prueba, después conocida como Test de Turing, para determinar si una máquina es “sensible”. Desde 1990 esta prueba se viene llevando a cabo anualmente y ha venido congregando a la flor y nata de los programadores y entusiastas de la inteligencia artificial. En los últimos años, el director de la prueba ha sido un entusiasta Kevin Warwick[2] y se desarrolla en su Universidad de Reading. Este año contó con el patrocinio de la Real Sociedad para el Avance de las Ciencias Naturales.
El test consiste en una serie de diálogos que se cumplen vía una pantalla y teclado entre jurados o jueces y dos interlocutores ubicados en una habitación separada. Uno de ellos es un humano y el otro un programa de computadora. Los intercambios duran cinco minutos y no están sometidos a regla alguna, es decir que los jueces pueden preguntar cualquier cosa, de cualquier manera. Al cabo del lapso establecido, el juez debe decir cual de los interlocutores es una máquina y cual un humano.
Turing se basó en un presupuesto positivista, conductista, en el sentido que si alguien es capaz de interactuar como un humano es capaz de pensar como un humano. En realidad el presupuesto era muy benévolo sobre todo porque la capacidad de las computadoras de mantener una conversación y engañar a los jurados debía alcanzar solamente a un tercio de las entrevistas. Durante varios años las máquinas estuvieron cerca de alcanzar ese tercio. En el 2008, por ejemplo, faltó un voto para lograrlo y entonces, el programa que este año pasó la prueba quedó en segundo lugar, muy cerca del primero.
En sentido estricto los programas que compiten son robots conversadores o chatbots. El actual ganador se llama Eugene Goostman y su creadores, dos rusos y un ucraniano vienen trabajando en él desde 1991. Los programadores dotaron a Goostman de una “personalidad” adolescente, un joven ucraniano de 13 años, residente en Odessa, hijo de un ginecólogo. La elección de la edad fue decisiva porque suscitaba la comprensiva benevolencia de los interrogadores acerca de las deficiencias en la sintaxis inglesa y del caudal de conocimientos generales.
El test de Turing ha pasado a ser un acontecimiento propagandístico muy festejado por los adalides de la inteligencia artificial y criticado como una tontería, un entretenimiento de salón, por otros. La simulación de una conversación entre seres humanos, en verdad, parece insuficiente para establecer que una máquina sea capaz de pensar. Cuando Turing propuso la prueba ni siquiera existían computadoras primitivas con la capacidad que el téoricamente supuso necesaria. Los chatbots existen desde hace más de 15 años pero en realidad no comprenden el contenido de la conversación sino que tienen un gran archivo de palabras y frases que con su enorme velocidad computacional son capaces de producir como respuesta a las palabras clave del interrogador. Formalmente la conversación aparece como coherente pero el robot, en realidad, no entiende el sentido del interrogatorio.
Esto no quiere decir que estos programas super especializados no tengan una gran utilidad pero la fantasía de la inteligencia artificial se apoya en una incomprensión de las características propias de la mente humana y sobre todo de la condición humana. De todos modos, más allá el perfeccionamiento de las interfases y los avances de la robótica, los programas son capaces de simular sentimientos siempre y cuando tengan un repertorio de respuestas suficientemente rico y variado. El aumento de la capacidad de almacenamiento de las computadoras y su velocidad que han avanzado geométricamente en los últimos años facilitan el engaño. Por ejemplo, uno de los organizadores de la prueba anual mantuvo durante más de un año un chateo apasionado con una rusa para caer en la cuenta 14 meses después que había estado intercambiando con una computadora (un chatbot).
Turing: un genio desgraciado – Quienes fabricaron la máquina en que estamos escribiendo este artículo, la que lo editará y la que le permitirá a los lectores leerlo mantienen una deuda enorme con Turing que formalizo, en su juventud (fue un genio precoz) los conceptos de computación y de algoritmo.
Su padre era un funcionario colonial en la India pero su madre viajó a Gran Bretaña para que naciera en Paddington. Durante su infancia los padres viajaban constantemente a la India y él y su hermano quedaban a cargo de amigos para evitar los peligros que los niños podían correr en la colonia asiática. Como dijimos, Alan fue un genio precoz. A los catorce años ingresó a un internado en Dorset y desarrolló una íntima amistad con un compañero algo mayor, Christopher Morcom, su primer amor. Morcom murió repentinamente a principios de 1930 y esto destruyó la fe religiosa, hasta entonces intensa, de Alan que se volvió un curioso ateo pues siguió creyendo en la supervivencia de las almas. De todos modos adoptó una concepción entonces imperante en los medios científicos ingleses: el determinismo biológico y el conductismo, en el sentido que todos los fenómenos que tienen lugar se manifiestan y todo lo que se manifiesta se puede medir.
La extraordinaria facilidad de Turing para las matemáticas y la ciencia dificultó paradójicamente su ingreso a la universidad pero como desde 1927 resolvía complejos problemas matemáticos y había alcanzado una completa comprensión los trabajos de Albert Einstein a los 16 años, ingresó al King’s College de Cambridge en 1931 y se convirtió en docente del mismo en 1935. En esos años Alan encaró y efectuó una serie de aportes de alta especialización en matemáticas y computación. En 1937 y 1938 estuvo en la U. de Princeton donde se doctoró y trabajó con Alonzo Church. En 1939, ya de regreso en Cambridge, asistió a las conferencias de Ludwig Wittgenstein[3] sobre los fundamentos de las matemáticas y se enfrentaron duramente porque Alan defendía el formalismo matemático y Ludwig sostenía que las matemáticas estaban sobrevaloradas y carecían de capacidad heurística.
Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, los británicos desarrollaron un proyecto super secreto, en Bletchley Park, para descifrar los códigos secretos que utilizaban las fuerzas armadas alemanas. Turing jugó un papel decisivo y su perspicacia matemática o mejor dicho lógico-matemática permitió penetrar la famosa máquina codificadora Enigma y los codificadores FISH. Turing construyó un gran aparato electromecánico, la llamada Bombe, a la cual llegaban todos los mensajes captados por los servicios de escucha por tierra, mar y aire y eran descifrados y empleados para oponerse a las operaciones de los alemanes. Estos no se dieron cuenta de que sus secretos ya no lo eran y eso le significó a Turing un gran reconocimiento, entre ellos el recibir la Orden del Imperio Británico (OBE) aunque sus trabajos se conservaron en el más absoluto secreto hasta 1970. Sin embargo, su análisis criptográfico sirvió de base para la programación de la primera computadora electrónica programable (“Colossus”) en 1943.
Después de la guerra siguió trabajando en el Laboratorio Nacional de Física, construyendo el ACE (motor de computación automático). En 1948 fue designado como director del laboratorio de computación de la U. de Manchester y en ese puesto se gestó el artículo sobre inteligencia artificial ya aludido, el que en 1950 proponía el Test de Turing. Entre 1948 y 1950 empezó a desarrollar un programa de ajedrez par una computadora que todavía no existía. De hecho las que había no tenían capacidad para correr ese programa pero se le considera otro precursor de la inteligencia artificial.
La desgracia ya se cernía sobre Turing. En 1952, cuando aún no había cumplido los 40 años, su amante Arnold Murray hizo entrar a un cómplice a la casa de Alan para efectuar un robo. Cuando fue a denunciarlo a la policía reconoció ingenuamente su homosexualidad e inmediatmente resultó encartado en un proceso por “indecencia grave y perversión sexual”, exactamente los mismos cargos que habían recaído sobre Oscar Wilde en 1895. Aunque en la Gran Bretaña de entonces la homosexualidad era considerada un delito, por una ley del siglo XIX, que se apoyaba en el determinismo biológico, la eugenesia y el patriarcalismo más crudo, Turing estimó que no tenía porque defenderse de los cargos y no lo hizo, tal vez sobrestimando la protección que le podría brindar su gran prestigio científico y los servicios distinguidos que había prestado durante la guerra. Sin embargo, lo que subestimó fue el rigor y la brutalidad del sistema represivo británico.
Después de un proceso que lo expuso públicamente como un pervertido peligroso fue condenado y se le ofreció la cárcel o la castración química, es decir un “tratamiento” mediante inyecciones de estrógenos “para inhibir la libido”. El tratamiento hormonal duró un año y le produjo notorios cambios físicos, disfunción eréctil, crecimiento de los pechos y obesidad. Esto desencadenó una depresión profunda y el 7 de junio de 1954, justamente 16 días antes de cumplir los 42 años, el genio de la computación y paladín de la inteligencia artificial se suicidó mediante la ingestión parcial de una manzana bañada en cianuro.
Disculpas póstumas y los brutales tratamientos endosados por Eysenck -  La cruel homofobia y el abuso médico de los homosexuales transformó a Turing en un fantasma para los gobiernos británicos. En setiembre de 2009, después de una movilización importante en pro de su reivindicación, el entonces Primer Ministro Gordon Brown, pidió disculpas por el trato que había recibido Alan Turing durante varios años y hasta su muerte. Sin embargo, en el 2012, el gobierno del Primer Ministro Cameron negó el indulto aduciendo que, en 1952, la homosexualidad era un delito. A las cansadas intervino la vieja reina Isabel II y el 24 de diciembre pasado Alan Turing recibió el indulto y quedó póstumamente libre de culpa más de seis décadas después de haber sido crucificado.
Turing no estuvo solo en su calvario. Se estima que más de cien mil hombres homosexuales fueron condenados al amparo de un par de leyes represivas y muchos de ellos fueron encarcelados. Se considera que 15.000 hombres han sobrevivido a los brutales tratamientos que se les aplicaron y no han recibido disculpa alguna y mucho menos una reparación por los tormentos que les infligieron.
Los conductistas británicos del National Health Service no solamente llevaron a cabo castraciones químicas como la que sufrió Turing sino las llamadas “terapias de aversión”[4]. En 1952, precisamente cuando comenzaba el proceso contra Turing, Hans Eysenck[5] acuñó el término terapia conductual para referirse a tratamientos que favorecen el cambio de comportamientos inadaptados, más que proveer revelación sobre conflictos inconscientes.
Según Eysenck, el conocer la causa de la depresión y la catarsis, no necesariamente consiguen superar la depresión. A diferencia del psicoanálisis tradicional, los terapeutas conductistas ignoran los conflictos inconscientes, enfatizan la conducta presente, y suponen que la terapia puede ser completada en semanas o meses, más que en años. Para los terapeutas conductistas, tanto la conducta anormal, como la conducta normal, es aprendida, y por lo tanto, puede ser desaprendida. Los terapeutas conductistas cambian las conductas inadaptadas aplicando los principios del condicionamiento clásico, condicionamiento operante, la teoría del aprendizaje social y otros presupuestos del determinismo biológico.
La terapia de aversión, es una forma de contracondicionamiento. Su objetivo es hacer que lo que anteriormente era placentero, pero inadaptado, se convierta en desagradable. Un estímulo que normalmente produce una respuesta inadaptada se asocia con un estímulo desagradable, lo que se supone conduce a una reducción en la respuesta inadaptada. La terapia de aversión fue introducida en la década de 1930 para tratar el alcoholismo, administrando dolorosos choques eléctricos a pacientes alcohólicos en presencia de imágenes, olores, y sabores de alcohol y también para “tratar” a los homosexuales. La infame terapia de aversión también ha sido usada para tratar una variedad de otros problemas incluyendo fumar, orinarse en la cama, comer en exceso y la pedofilia.

Peter Price, un británico que a los 19 años, en 1965, fue sometido a uno de estos torturantes tratamientos aversivos ha relatado que los médicos le obligaron a permanecer acostado durante tres días en una cama con sus excrementos, orina y vómitos, mientras lo obligaban a mirar fotos de hombres desnudos, le inyectabn drogas que le inducían náuseas y le hacían escuchar grabaciones donde los insultaban llamándole permanentemente “sucio maricón”.

Aún en 1972, los psiquiatras del hospital universitario Maudsley defendían las “terapias aversivas” perpetradas sobre los homosexuales y el mismo Eysenck abogó públicamente por dichas terapias en una conferencia que en ese mismo año dictó en el hospital St. Thomas de Londres.
Determinismo biológico, castración química y criminales nazis - El determinismo biológico es la creencia que el comportamiento humano es controlado por los genes de un individuo. El determinismo biológico, que incluye el determinismo genético, habría jugado un papel negativo en la explicación y creación de conceptos como la raza, el género y la sexualidad. El determinismo biológico afirma que tanto la conducta compartida como las diferencias sociales y económicas que existen (básicamente diferencias de raza, de clase y de sexo), derivan de ciertas diferencias heredadas innatas, y que la sociedad es un reflejo de la biología y de sus leyes naturales.
El determinismo biológico, por el que aboga la eugenesia y la sociobiología contemporánea desde el siglo XIX es señalado por R.C. Lewontin, Steven Rose, Leon J. Kamin en No está en los genes (1987), como directo sucesor intelectual del Leviatán (1651) de Thomas Hobbes (1588-1679) y de su célebre máxima: “homo homini lupus”, “el hombre es el lobo del hombre”, quien anteponiendo los intereses individuales a los colectivos contribuyó en gran medida al establecimiento de las bases de la sociedad burguesa, sustentadas en la competitividad, el egocentrismo, la desconfianza y la depredación humana; hechos naturales e inevitables para Hobbes, porque la estructura biológica del hombre así lo determina. La versión caricaturesca y deformada de la teoría de la evolución ha sido usada para justificar la dominación y la desigualdad en forma pseudocientífica pero similar a la que antes en la historia se atribuía a la inspiración divina o a la que G.F. Hegel calificó como la dialéctica del amo y del esclavo.
El determinismo biológico junto con ideas mesiánicas es claro sustento de las concepciones racistas de los nazis y no solamente condujo al genocidio, al exterminio de las “razas y seres inferiores”, sino a las crueles intervenciones y experimentos sobre seres humanos en el infernal mundo concentracionario que montaron. Si bien los homosexuales varones que por serlo fueron recluidos en los campos de trabajo forzado (los que llevaban el triángulo rosado) fueron muy minoritarios tuvieron una elevadísima tasa de mortalidad. Por otra parte, en Buchenwald fueron sometidos a crueles tratamientos hormonales que provocaron la muerte o daños irreversibles a miles de ellos.
En los medios científicos de Gran Bretaña, como vimos, el determinismo biológico gravitaba fuertemente y Turing fue su víctima porque la “castración química” fue adoptada directamente de los experimentos de un médico perverso: Carl Vaernet. El hombre que había salvado miles de vidas y había jugado un importante papel para derrotar a los nazis fue destruido por un invento desarrollado mediante los terribles experimentos efectuados sobre  homosexuales alemanes.
Carl Vaernet nació en Dinamarca en 1893 y murió en Buenos Aires en 1965. Llegó a ser mayor de las SS y médico del campo de concentración de Buchenwald desde 1943 hasta la rendición del Tercer Reich en mayo de 1945. En 1923, Vaernet (que había cambiado su apellido original Jensen, muy común en Dinamarca) se recibió de médico junto con Fritz Clausen que sería después el führer del partido nazi danés. Ya recibido se trasladó a Alemania y estudió endocrinología y conoció a Knud Sand quien ya propugnaba la castración química de los homosexuales.
En 1932, Vaernet experimentaba sus “curas” hormonales con gatos y su colega y rival, Sand, lo hacía con gallinas. Antes de la Segunda Guerra Carl Vaernet había llegado a la cúspide de su fama como especialista endocrinólogo pero su popularidad se esfumó por el rechazo de los daneses a la ocupación alemana. Su hermano gemelo (Aage Vaernet) era miembro del partido nazi danés y su jefes recomendaron a Carl ante Heinrich Himmler, el todopoderoso jefe de la Gestapo y responsable de todos los campos de concentración que, además, mantenía un especial encarnizamiento en la persecución de la homosexualidad.
En diciembre de 1943 es nombrado Sturmbannfuhrer (mayor) de las SS y se lo transfiere a Praga. En febrero de 1944 ya se encuentra instalado con su familia en un lujoso palacio de aquella ciudad. Entre julio y diciembre viaja permanentemente a Buchenwald para seleccionar y experimentar con prisioneros homosexuales “auténticos” según señalan los informes de su colaboradores, el capitán Gerhard Schiedlausky (ahorcado en 1947) y el médico Erwin Ding-Schuler (que se suicidó al ser capturado en 1945). Este último se especializaba en inocular tifus en los prisioneros para seguir su evolución y había asesinado personalmente a más de 200 en esa forma.
Mientras las fuerzas armadas alemanas se desmoronaban en todos los frentes, Vaernet empezó su experimentos el 13 de setiembre de 1944 con 30 o 40 prisioneros (no todos homosexuales, había algunos heterosexuales y bisexuales). Vaernet había inventado y patentado un “testículo artificial”, un dispositivo que implantaba quirúrgicamente en la ingle de los desventurados y que liberaba gradualmente testosterona con diferentes dosificaciones que él regulaba de antemano.
En un largo informe del 30 de octubre de 1944, Vaernet informa al comandante del servicio médico de las SS, Ernst-Robert Grawitz [6], “las operaciones en Weimar-Buchenwald han sido efectuadas el 13 de setiembre de 194 a cinco prisioneros homosexuales. De estos, dos han sido castrados, uno esterilizado y dos “tratados”. A todos les ha sido implantada la “glándula sexual especial” masculina”. Sin embargo, se sabe que entre 13 y 15 de estos primeros intervenidos fallecieron en las semanas siguientes a la operación. El 10 de febrero de 1945, Vaernet elevó su último informe a Himmler.
En marzo de 1945, Vaernet volvió a Dinamarca. El 5 de mayo de 1945, el Mayor Vaernet es internado en el campo británico de prisioneros de Algade Skolen, en Copenhague. Varios daneses que habían estado internados en Buchenwald le reconocieron y el comandante británico aseguró que Vaernet sería juzgado como criminal de guerra. Sin embargo – y aquí viene lo increíble – mientras estaba preso Vaernet consiguió interesar a las autoridades británicas y danesas en sus experimentos hormonales para la “cura de la homosexualidad”, entró en contacto con la compañía farmacéutica Parke, Davis & Comp. Y con la estadounidense Du Pont que se interesó en la adquisición de su patente del “testículo artificial” y cierto supuesto tratamiento rejuvenecedor.
En noviembre de 1945 fue liberado del campo de prisioneros, supuestamente debido a su mal salud y obtiene un salvo conducto del gobierno de Dinamrca para trasladarse a una cura en Suecia. De allí escapó fácilmente hacia la Argentina. Dos años después el periódico danés Berlingske Tidende reproduce una carta de un emigrante danés que afirma que Vaernet trabajaba en Buenos Aires, en el Ministerio de Salud. Vaernet que había pasado a llamarse Carlos abrió un consultorio privado en Uriarte al 2251 (una lujosa casona que había adquirido en el coqueto barrio Palermo).
Según parece y en combinación con las autoridades argentinas siguió allí sus investigaciones sobre la “cura de la homosexualidad”. Vaernet nunca fue molestado por nadie. Todos los servicios de inteligencia (británicos, estadounidenses, daneses) conocían su ubicación, sus crímenes y sus actividades pero nadie lo requirió. Todos los gobiernos argentinos lo ampararon. Finalmente a fines de 1965 falleció víctima de una trombosis cerebral y yace en el cementerio británico de la Chacarita. Su hijo primogénito, el neurocirujano Kjeld Vaernet, perla del mismo collar, colaboró, en la década de 1950 con Walter Freeman[7] en las “curas hormonales de la homosexualidad” (4.000 pacientes tratados) y después estudió la posibilidad de lobotomizarles.
El círculo se cierra. Los tratamientos para la “cura de la homosexualidad” con los que Vaernet canjeó su libertad y su nueva vida, fueron adquiridos por los británicos y a Alan Turing, como a muchos otros, le costó la vida. El feroz determinismo biológico había alcanzado al paladín de la computación que en sus últimos años plasmó, en forma de silogismo, su preocupación porque los ataques a su persona pudieran afectar la confianza en la inteligencia artificial: “Turing cree que las máquinas piensan; Turing yace con hombres; Por ende las máquinas no piensan”.





[1] Mind es una revista científica británica que durante varias décadas desde su aparición, en 1895, se dedicó a tratar de legitimar a la psicología como una ciencia natural. Actualmente se dedica a filosofía analítica y lan edita Oxford University Press.
[2] Kevin Warwick (n. 1954, Coventry, Gran Bretaña) es un ingeniero y profesor de Cibernética en la U. de Reading conocido por sus investigaciones sobre Interfaz Cerebro Computadora (ciborgs) que comunican el sistema nervioso humano con diferentes tipos de computadores y por sus trabajos en el campo de la robótica.
[3] Ludwig Wittgenstein (Viena, 1889Cambridge, 1951) filósofo, matemático, lingüista y lógico austríaco (también fue ingeniero aeronáutico, jardinero, enfermero voluntario y soldado), posteriormente nacionalizado británico. Influyó sobre los positivistas lógicos del Círculo de Viena. Tiempo después hizo una severa autocrítica de su primera obra el Tractatus lógico-philosophicus. Se interesó en la filosofía de las matemáticas y fue discípulo de Bertrand Russell en el Trinity College de la Universidad de Cambridge, donde más tarde también él llegó a ser profesor. Por cierto no era una perita en dulce y no solamente se peleó con Turing sino también con Russell y otros colegas.
[4] La naranja mecánica (A Clockwork Orange), una novela de Anthony Burgess (1962)  adaptada por Stanley Kubrick en la clásica película del mismo nombre (1971). El protagonista Alex (Andy McDowell en la película) es llevado a una especie de cine donde es forzado a observar imágenes de ultraviolencia con música clásica; debido a un medicamento que le han inyectado, asocia la sensación de malestar con los vídeos de ultraviolencia y la música clásica (especialmente la novena sinfonía de Beethoven), de modo que le producen un malestar tan grande que está obligado a realizar el bien. Finalmente Alex es liberado de la cárcel por haber sido "curado" de su inclinación a la violencia mediante esta terapia de aversión.
[5] Hans Jürgen Eysenck. (Berlín, 1916 – Londres, 1997), psicólogo conductista factorialista inglés de origen alemán, especializado en el estudio de la personalidad, crítico acérrimo del psicoanálisis y promotor de las terapias conductuales. En 1934 tuvo que huir de la Alemania nazi, refugiándose en Inglaterra. Estudió en la U. de Londres, fue psicólogo en el hospital londinense de Mill Hill entre 1942 y 1945 y, desde 1945, en el hospital universitario. Entre 1950 y 1955 fue director de la Unidad de Psicología del Instituto de Psiquiatría y luego, entre 1955 y 1984, jefe de cátedra de la carrera de Psicología en la Universidad de Londres, en la que recibió el título de doctor emérito

[6] Grawitz (1899 – 1945) fue el Médico en Jefe de las SS y de la policía y presidente de la Cruz Roja Alemana. En abril de 1945 era médico en el bunker de Hitler en Berlín. Cuando los jefes nazis empezaron a huir ante el avance de los soviéticos pidió permiso a Hitler para abandonar el bunker y este se lo negó pero el médico huyó y se suicidó junto con su mujer y sus hijos arrojando una granada de mano en su casa.
[7] Walter Jackson Freeman II (Pensilvania,1895 - 1972) médico estadounidense. Recordado principalmente como el pionero de la lobotomía en Estados Unidos y defensor de la psicocirugía.

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