jueves, 24 de abril de 2014

Evaluación del trabajo según Dejours



Lecturas paralelas de un texto clásico y provocativo
CRISTOPHE DEJOURS: LA EVALUACIÓN DEL TRABAJO ANTE EL DESAFÍO DE LO REAL. CRÍTICA DE LOS FUNDAMENTOS DE LA EVALUACIÓN.[1]
Reseñas y notas de lectura[2] por Florent Schepens [3] y por Philippe Goulois[4] muestran la vigencia de la crítica de la evaluación desde distintas ópticas y el palpitante interés que mantiene el tema, desde que es uno de los puntos clave para desenmascarar las falsas promesas en que vienen envueltas las modas gerenciales.
Dos reseñas acerca del clásico folleto de Dejours (2003) sobre la evaluación del desempeño, exponen los puntos de vista, más o menos coincidentes pero no idénticos, de Schepens y Goulois y sus comentarios acordes o divergentes con las tesituras del autor. Estas notas no pueden reemplazar la lectura directa de la obra en cuestión pero permiten apreciar la gran influencia que ejerce este psiquiatra y psicoanalista francés sobre todas las disciplinas que se ocupan del mundo del trabajo y en especial las de la última década sobre los fundamentos de la evaluación del desempeño. Por ende se trata de divulgar pero, al mismo tiempo,  de captar a través de estas lecturas paralelas, como se enriquecen y fecundan los aportes teóricos actuales en un campo fundamental para todas las sociedades en todos los tiempos.
LA LECTURA DE SCHEPENS – Para evaluar el trabajo es preciso poder definirlo. Esta es la primera y por lo pronto insuperable dificultad. El trabajo no es la simple ejecución de una tarea prescripta. Trabajar es saber hacer frente a lo aleatorio, a lo imprevisto, para llegar al objetivo que se pretendía. ¿Cómo acceder a esta parte imprevista por las prescripciones del “trabajar”?
Solamente la palabra de quienes lo ejecutan puede hacerla visible aunque hay numerosos obstáculos que se interponen en la identificación y evaluación del trabajo.
Dejours describe cinco de estos obstáculos o impedimentos para la evaluación:
1) la clandestinidad forzosa: si trabajar implica eludir las prescripciones esto quiere decir cometer infracciones, infracciones que obligan a quienes las cometen a mantener una cierta discreción.
2) la apuesta estratégica del poder: es decir conservar para si los saberes exclusivos para no ser despojado de su poder sobre el puesto de trabajo.
3) el déficit semiótico: hay una gran dificultad para traducir el trabajo en palabras y para caracterizar los saberes que se aplican.
4) las estrategias de defensa contra el sufrimiento: el trabajo ocasiona toda una serie de sufrimientos debido a las cadencias forzadas, al desprecio, a la injusticia… Para soportarlos, los trabajadores desarrollan estrategias defensivas que son negaciones del sufrimiento. Estas negaciones dificultan la verbalización de esta dimensión del “trabajar”.
5) el conocimiento del cuerpo:  para Dejours el sufrimiento es un elemento inmanente en el trabajo y positivo en tanto vector del aprendizaje. Lo real, al resistirse al saber conduce al actor al fracaso – fracaso que genera el sufrimiento – y a encontrar una solución. Según Dejours, esto no es posible sino a través de un conocimiento íntimo de los objetos técnicos y de la materia que se trabaja (p.22) (este conocimiento es difícil de verbalizar porque está incorporado). Por nuestra parte - dice Schepens - en lugar de la expresión de Bourdieu “conocimiento por el cuerpo” preferimos las palabras de Michel Verret [5] (un saber aprendido y un saber que uno no sabe que sabe, que uno posee sin saberlo) que si bien traducen la misma idea de no verbalización, no permiten suponer una inteligencia del cuerpo que nosotros pensamos imposible.
Al contrario que Dejours – sostiene Schepens - no nos parece que “una parte esencial de la habilidad profesional repose sobre un conocimiento corporal de los procesos de trabajo” (p.21) sino sobre una inteligencia problemática de la situación de trabajo.
La imposibilidad de conocer el trabajo para evaluarlo conduce a callejones sin salida. Originalmente se evaluaba el tiempo de trabajo, aunque este no revela la calidad del esfuerzo, y se lo vinculaba, desde la década de los 60, con la evaluación de las performances. El modelo seguía siendo el de la producción industrial masiva y su completa obsolescencia quedó demostrada con el advenimiento de actividades de servicio que demandan un “compromiso de la subjetividad” (…) que supera ampliamente el tiempo que uno considera como tiempo de trabajo (pp.34-35). Entonces se pasó a la evaluación de las competencias. Sin embargo, competencia y trabajo son inseparables y no se puede caracterizar una competencia sin pasar por el conocimiento fino del trabajo. De vuelta en el punto de partida.
En tanto la evaluación no evalúa el trabajo se convierte, en cambio, en una herramienta gerencial y la evaluación de la competencia deriva en una evaluación del individuo [6]. Es en este momento que la mirada del clínico se vuelve más esclarecedora. La evaluación conduce a una competencia generalizada entre trabajadores, lo cual entraña una destrucción de las solidaridades, de los colectivos, por ende de la identidad en el trabajo, del soporte de la salud mental (p.62).
El balance es dramático: el suicidio de trabajadores en su lugar de trabajo aparece desde fines de la década de los 90. Aparecen también patologías llamadas de sobrecarga, “el burn-out, el karoshi (muerte súbita descrita en Japón) y también el abuso de medicamentos, las toxicomanías. Buena parte de las toxicomanías, notoriamente las que se registran entre los mandos medios, tienen relación con la sobrecarga de trabajo y evidentemente la tienen las depresiones” (pp.48-49).
Si bien el libro de Dejours es tal vez una denuncia, no apunta contra la evaluación sino contra el mal uso de ésta. No sabemos evaluar el trabajo y por ende nos hace falta juzgarlo por medio del juicio de utilidad – que apunta a la utilidad técnica, social y económica de la contribución del trabajador – y del juicio de belleza o de perfección – que corresponde a los aspectos relativos a las reglas del arte (del oficio) en una actividad. La conjunción de estos dos juicios permite evaluar el trabajo realizado y retribuirlo bajo la forma de reconocimiento. Este reconocimiento es indispensable para el equilibrio mental.
LA LECTURA DE GOULOIS – La aparición de nuevas tecnologías en la década de los 70 impulsó a repensar las modalidades de evaluación porque la parte intelectual del trabajo adquirió más importancia sustrayéndose a la observación directa. En primer lugar, Ch. Dejours ofrece un paneo de la experiencia del trabajo para poder captar mejor las dificultades de la evaluación. Según él, el trabajo es un acto dirigido a un objetivo de producción material o intelectual. El trabajo real revela la existencia de un desfasaje entre lo prescripto y la realidad.
Trabajar consiste en crear una nueva forma de cubrir ese desfasaje entre lo prescripto y lo real pasando por caminos que se apartan de las prescripciones. Esto puede ser evaluado en forma positiva y calificado como espíritu de iniciativa e innovación o percibido en forma negativa como una infracción a los procedimientos establecidos.
Así es difícil trabajar convenientemente y esta diferencia entre lo prescripto y la realidad puede conducir a una situación paradojal: para hacer bien es preciso cometer infracciones. Un ejemplo dado para ilustrar este hecho es el de la administración de los impuestos en la que los inspectores son conducidos a hacer trampas para promover el ingreso de dinero porque las leyes establecidas dificultan la lucha contra el fraude fiscal.
Dejours insiste sobre este aspecto de  las trampas que son inherentes al trabajo, por dos razones:
a)      Si los trabajadores dejasen de colocarse en infracción, paralizarían el taller, la administración, la empresa o el Estado (trabajo a reglamento).Esta contradicción requiere que el trabajador está protegido de la mirada de la jerarquía o en buena inteligencia con ella, al tiempo que guarda discreción.
b)      Lo esencial del trabajo es invisible y no puede ser observado: es difícil evaluar un trabajo poco visible.
Para Goulois, los obstáculos que se oponen a la comprensión del trabajo son cuatro (que se agregan a la invisibilidad), a saber:
1)      Las disposiciones estratégicas – el análisis estratégico de Michel Crozier[7] ha mostrado el interés estratégico del actor por guardar el secreto de sus competencias en el marco de las negociaciones de poder con el fin de legitimar su puesto. Esta parte del trabajo no puede ser explorada por los evaluadores.
2)      El déficit semiótico – que fue advertido por Josiane Boutet y Patrick Fiala, dado que el ‘saber hacer’ clandestino no puede ser correctamente descrito por falta de palabras y conduce a una evaluación deficitaria del trabajo debida a la dificultad para hablar de esta actividad oculta.
3)      La descripción subjetiva del trabajo y del saber hacer corporal – la inteligencia desarrollada por el trabajo es anterior a su conocimiento y simbolización y de compleja descripción. Los trabajos de Daniellou y de Yves Clot han ayudado a explicitar este ‘saber hacer’[8].
4)      Las estrategias de defensa contra el sufrimiento – Los sufrimientos ocasionados por el trabajo entrañan un debilitamiento de la capacidad de pensar y de trabajar.
¿Podrá la evaluación volver visible lo invisible?
El terreno de la dramaturgia
Ante la imposibilidad de volver fácilmente visible lo que no puede ser visto de su “trabajo” porque escapa a una evaluación objetiva, los trabajadores tal vez puedan ponerse en escena para hacerlo visible al observador (Cfr. Nicolás Dodier [9]). Este análisis sigue siendo insuficiente.
La invisibilidad del trabajo de las mujeres
En el marco de una división social del trabajo, donde los hombres son los más valorizados y las mujeres las más “discretas”, estas últimas sufren la “naturalización de las competencias femeninas” (Cfr. Danièle Kergoat [10]). En efecto, la dominación de un género sobre el otro está netamente a favor de los hombres pues estos últimos reducen las calidades femeninas argumentando que las aptitudes naturales de las mujeres son propias de sus cuerpos. De este modo participan en la ocultación del trabajo de género femenino privándolo de todo valor.
Metodología de evaluación
Independientemente del método, el trabajo ordinario no es accesible a la observación directa por lo que es preciso pasar a través de la subjetividad de los trabajadores por medio del mejor de los útiles, la palabra.
La evaluación: nuevos desafíos, nuevas doctrinas
El surgimiento y la proporción importante que han alcanzado las actividades de servicio traen aparejadas nuevas dificultades para la evaluación:
- La evaluación de las performances
Todas estas tareas inmateriales, en la medida que son relacionales también son invisibles y requieren una movilización subjetiva del trabajador y una medición de las performances puede conducir a aberraciones. Hoy en día no se sabe evaluar un trabajo que no se sabe siquiera describir.
- La evaluación por el tiempo de trabajo
Es un método igualmente inapropiado porque la movilización subjetiva del trabajador se desborda ampliamente sobre el tiempo de la vida privada que, de este modo, contribuye sin duda a la eficacia del individuo.
- La evaluación de las competencias
Este nuevo método no es la panacea porque la apreciación de la competencia no puede hacerse sin pasar por el conocimiento del trabajo en cuyo marco aquella se desarrolla. Esta evaluación participa también de una forma de injusticia en la fijación de los salarios porque no tiene en cuenta la implicación del trabajador.
- La evaluación de la calidad
La calidad total finalmente no pasa de ser un precepto y no es una evaluación pertinente del trabajo. Su propósito es, en efecto, obtener membretes o certificaciones (norma tal o cual) lo que antepone el resultado al trabajo mismo y le agregan obstáculos suplementarios lo que, de este modo, incita al fraude.
Un imprevisto de la experticia: el trabajo del experto
La experticia y la evaluación no tienen valor si no se toma en cuenta el conocimiento específico de lo real, conocimiento que no es accesible sino a través de la experiencia del trabajo. El trabajo real es víctima de una negación institucional porque cada vez que se lo analiza de cerca se hacen evidentes las limitaciones y fallas de la predicción y la planificación, y lo inadecuado de la concepción de las instalaciones de producción (comprendidas las herramientas y equipamientos). La evaluación se ha impuesto a pesar de las diversas objeciones formuladas por las ciencias del trabajo.
Consecuencias negativas
- Consecuencias industriales y económicas
La alienación cultural (Cfr. F. Sigaut [11]) supone que no ha habido ruptura entre el sujeto y los demás. Todos se reconocen mutuamente pero todos han perdido el vínculo con lo real. He ahí una situación escabrosa que se encuentra a menudo y en la cual lo real retorna bajo la forma de catástrofes (por ejemplo AZF, Toyota y la calidad total).
 - Consecuencias sobre la salud de los trabajadores
Entre todos los métodos de evaluación, en tanto instrumentos de administración, el de la evaluación individualizada de la performance es el más deletéreo: es injusto y temido por ser demasiado arbitrario. Los resultados comprenden la dilución de la solidaridad, el deterioro de la lealtad, de la confianza y de la convivencia, la aparición de suicidios en el trabajo, de patologías mentales y de tensiones.
Repensar la evaluación
Aunque deseada por los trabajadores, como portadora de la utilidad y la calidad aportadas, la evaluación del trabajo, con los medios actuales, no es objetiva. ¿Será posible una evaluación equitativa? Tal evaluación comprende un ideal de justicia más que uno de veracidad. En los hechos, la movilización subjetiva individual y sobre todo colectiva de los trabajadores permitía obtener desempeños globales excelentes. Ese factor depende de una dinámica que se basa en la dupla contribución-retribución. Esta retribución (en lo esencial a través de la autorrealización) es simbólica y adopta la forma de juicios (y no de mediciones) que integran los criterios de eficacia con los de justicia en el reconocimiento.
Por lo tanto se habla de juicios de utilidad (técnica, social o económica) o de belleza (perfección) que es el de los pares, el más apreciado. ¿Será posible restablecerlos en la actualidad?. Es difícil creerlo, visto que la parte creciente de actividades de servicios o los nuevos oficios son inestables o poco duraderos. En consecuencia, el reconocimiento por los pares se vuelve difícil sino imposible.  ¿Qué se puede proponer? Para Dejours los estudios sugieren que hay que formar investigadores prácticos en el trabajo de campo e integrarlos en los equipos de evaluación de las empresas.  
Conclusión
¿De qué se trata la evaluación del trabajo: juzgar o medir? He ahí toda la ambigüedad del asunto. Desde que no es posible ‘medir’ el trabajo solo resta juzgarlo pero a condición de conocerlo. Los progresos están por hacerse y solamente un abordaje en las ciencias del trabajo y su praxis podría conseguirlo. Ese será el precio de nuestra salud.



[1] Dejours, Ch. (2003) L’evaluation du travail à l’épreuve du réel. Critique des fondements de l’evaluation. INRA Editions, París.

[2] Recopilación y traducción: Lic. Fernando Britos V.
[3] Florent Schepens  es Doctor en Sociología de la Universidad del Franco Condado (Besançon)  y Miembro del Laboratorio de Socio-antropología de dicha universidad. Esta nota de lectura data diciembre del año 2005 y fue publicada en el Nº 1 de Interrogations?  (revista pluridisciplinaria en ciencias humanas).
[4] Philippe Goulois es un especialista en ergonomía y preventista francés (philippe.goulois.free.fr)
[5]  Verret, M. (1996) La culture ouvriére; L´Harmattan, París.
[6] Reynaud, J-D. (2001) “Le management par les competences: un essai d’analyse”. En: Sociologie du Travail, Nº1, Vol. 43.
[7] Michel Crozier (1922-2013), produjo el clásico “El fenómeno burocrático” (1964), dos años después de fundar el Centro de Sociología de las Organizaciones (CSO). Allí expuso las relaciones de poder y otros mecanismos en dos organismos públicos franceses. En “El Actor y el Sistema” (“L’acteur et le système”, 1977), coescrito con Erhard Friedberg. dio una base teórica a sus primeros análisis de las relaciones entre las organizaciones y los individuos , y las estrategias de decisión. Esta obra, es un clásico de la sociología y fundadora del “análisis estratégico”.

[8] Cfr. Seul le travail rentable est évalué por Valérie Ganem (2011) En: Revista Travailler, Nº 25.

[9] Nicolas Dodier, (n.1957) es un sociólogo francés Director de Investigación en el Instituto Nacional de la salud y la investigación médica (INSERM) y Director de Estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) que se considera parte del movimiento de la “sociología pragmática”.
[10] Danièle Kergoat (n.1942) ha sido maestra antes de emprender una carrera como investigadora en ciencias sociales. Es profesora, directora emérita de investigación  y autora de obras sobre las mujeres, el género y el trabajo. Sus investigaciones apuntan, entre otros temas, a “la división sexual del trabajo” ya sea profesional o doméstico. Forma parte de un conjunto de autores que defienden una concepción de las “relaciones sociales de sexo”  que da una base materialista al análisis de las relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad capitalista.
[11] François Sigaut (1940-2012) agrónomo e historiador francés que efectuó importante aportes a las ciencias sociales.

domingo, 6 de abril de 2014

Responsabilidades profesionales Vs. Responsabilidades empresariales



En defensa de Dominique Huez II
SALUD Y TRABAJO: RESPONSABILIDADES EMPRESARIALES Y PROFESIONALES
Lic. Fernando Britos V.
El Dr. Huez es un veterano médico del trabajo que se desempeña en la Central Termoeléctrica de Chinon, perteneciente a Electricité de France (EDF). Está apelando una sanción que le impuso, a fines de enero pasado, la comisión de disciplina del Ordre des Médecins (colegio médico de Indre et Loire) producto de una queja formulada por una empresa contratista debido a que Huez atendió, en diciembre del 2011, a un operario que presentaba depresión severa y estableció que la misma era resultado de las condiciones de trabajo a que era sometido.
La sala de audiencias de la comisión de disciplina se vio desbordada por médicos del trabajo colegas de Huez, militantes de la CGT e integrantes de asociaciones anti-nucleares, que concurrieron a apoyarlo. Se le reprocha al galeno “haber faltado a sus obligaciones profesionales y deontológicas” al redactar una certificación que establecía una relación entre las condiciones de trabajo del asalariado y la psicopatología que presentaba. La empresa que lo denunció facilita personal a las centrales nucleares de EDF y ha expuesto que el objetivo de su denuncia es defenderse de las derivaciones a las que conducen los dictámenes de los médicos laboralistas.
Huez atendió al trabajador en la Urgencia de la Central. Presentaba un cuadro de ansiedad y depresión severa. Nunca había trabajado antes en Chinon pero había sido trasladado allí desde un distante lugar de origen porque en el mismo se había negado a desempeñar una tarea que consideraba peligrosa, amparándose en su “doit de retrait”[1]. Huez conversó con su paciente durante una hora y media: “estaba a punto de estallar” dijo el médico, que asegura haber podido evitar muchos suicidios entre el personal de Chinon, en los treinta años de clínica que lleva desarrollados allí.
Christophe Dejours - el reconocido psiquiatra y psicoanalista, que ha efectuado aportes decisivos a la psicopatología y a la psicodinámica del trabajo – señaló que Dominique Huez se ha especializado en el sufrimiento en el trabajo y señaló que ha jugado un papel muy importante en el conocimiento, la trasmisión y formación en materia de salud mental en el trabajo. La opinión de los especialistas es unánime en considerar que Huez tiene probada capacidad para expedirse sobre la salud psíquica del operario que atendió. Es más, la ética profesional le imponía pronunciarse sobre lo que comprobó.
El Código de Salud de Francia ha previsto la participación de los colegios médicos y otras asociaciones profesionales privadas, como instancias para tratar y eventualmente conciliar las diferencias entre los pacientes, los usuarios del sistema de salud y los médicos y las instituciones prestadoras de servicios. La novedad en estos últimos tiempos (y la denuncia contra Huez es una de tantas) parece responder a una acción concertada de las empresas, para “utilizar” las sociedades corporativas, presentando denuncias contra los profesionales de la salud que actúan en el campo laboral con el fin de intimidarles, obligarlos a retractarse o someterse a sanciones por presuntas violaciones éticas.
Lo que expresamente procura el empresariado es atacar la relación entre el trabajo y más específicamente las condiciones de trabajo, por un lado, con el malestar psíquico, las enfermedades psicofísicas y el sufrimiento en el trabajo, por el otro. Las asociaciones corporativas privadas, como los colegios médicos, acostumbran laudar diferencias entre médicos, clínicas y usuarios, e investigar denuncias de presunta mala praxis. No son especialistas en medicina laboral y menos aún en psicopatología del trabajo por lo que tienden a sostener posturas muy defensivas y conservadoras.
Al presentarse las empresas como denunciantes, las asociaciones corporativas tienden a ponerse de su lado. Se sabe de muchos casos de este tipo y se presume que muchos más no han tomado estado público porque se han agotado en la etapa de conciliación mediante una retractación de los profesionales denunciados. Sin embargo, Huez está dispuesto a defenderse, ha apelado la sanción[2], llevará el caso hasta las instancias más amplias y no se ha sometido a dar explicaciones en la comisión disciplinaria ante el denunciante, por razones éticas. En efecto, él no estaba dispuesto a discutir el caso y revelar la historia clínica de su paciente ante su empleador, para no romper el secreto profesional que debe amparar al trabajador.
Las objeciones planteadas por Huez y sus abogados ante la comisión de disciplina del colegio médico no fueron tenidas en cuenta, especialmente la impertinencia de acoger la denuncia de una empresa que no es usuaria del servicio público y que mantiene intereses contrapuestos a los del paciente que es, precisamente, quien resulta excluido del proceso.
El colegio médico adoptó un discurso ideológico contra mi certificado – sostiene Huez – y me acusa de haber presentado los dichos del paciente como comprobaciones y de haber trasmitido sobre las condiciones de trabajo del paciente apreciaciones que podrían acarrear calificaciones de índole penal. La corporación considera que relacionar las condiciones de trabajo con el malestar psíquico excede las “comprobaciones médicas”. Huez “no puede incluir en un certificado hechos que no ha comprobado personalmente”, sostiene el colegio médico en su amonestación.
Dominique Huez fundamenta su apelación en las siguientes razones:
-          Con una concepción retrógrada de que los certificados médicos solamente sirven para “traumatismos y heridas” se ignora la gran mayoría de las enfermedades profesionales. La anamnesis del paciente debe ser tomada en cuenta en forma concreta y detallada. Es absurdo censurar en un “escrito médico” los elementos que eventualmente llevarían al terreno de la responsabilidad penal porque esto implicaría omitir deliberadamente todo lo que se desprende de la responsabilidad del empleador en cuanto a seguridad laboral, es decir la omisión deliberada de lo que hace al campo específico de la salud en el trabajo.
-          La salud del paciente, que es el bien a cautelar, ha sido ignorada por la instancia corporativa (el colegio médico) que es la encargada de protegerlo; en cambio se deja manipular por los empleadores.
-          El colegio médico (Ordre des Médecins) ha perdido las referencias sobre la cuestión social y las patologías evitables generadas por el trabajo y su organización. Ha llegado el momento en que los abusos de poder del colegio médico sean objeto de un debate jurídico, social y ciudadano.
-          Los empleadores multiplican este tipo de quejas para desacreditar lo que advierten los médicos laboralistas y para escapar a su eventual responsabilidad penal.
-          Mi concepción de la ética profesional – advierte Huez – me conduce a actuar con responsabilidad respecto a mi paciente y reivindico mis actos médicos hacia el Sr. V.A. como todos los otros.
Los pasos de Huez pueden ser seguidos a través de http://www.a-smt.org/accueil [3]. Esta dirección corresponde a la página web (en francés) de la asociación SANTÉ ET MÉDECINE DU TRAVAIL  (Salud y Medicina del Trabajo) que tiene por objeto el desarrollo de una reflexión sobre los temas de su nombre y la de permitir un intercambio sobre las prácticas profesionales y sus consecuencias científicas, sociales y étnicas para actuar sobre la evolución de la medicina del trabajo.
La asociación está abierta a los médicos del trabajo, y a los especialistas científicos y sociales que se preocupan de la salud laboral. Además se encuentra entre las asociaciones profesionales que fundaron E-Pairs (Evaluación de Prácticas Profesionales en Medicina del Trabajo) para contribuir a los nuevos requisitos que se han planteado en Francia respecto al Desarrollo Profesional Continuado (DPC) que es obligatorio para los médicos y las enfermeras del trabajo.


[1] Según el Ministerio del Trabajo, del Empleo y del Diálogo Social, “Ante un peligro grave, inminente e inevitable, el empleador debe tomar las medidas y dar las instrucciones necesarias para permitir a los asalariados detener su actividad y ponerse en seguridad abandonando inmediatamente el lugar de trabajo”.
[2] Huez fue sancionado a fines de enero pasado con una amonestación y se le fijó una multa de 35 euros que deberá pagar a ORYS, la empresa que lo denunció.
[3] En la página de la SMT también se encuentra información actualizada sobre demandas y presiones que los empresarios llevan a cabo sobre otros médicos laboralistas y personal de salud que ha demostrado la relación existente entre afecciones psicopatológicas y las condiciones concretas de trabajo que sufrieron quienes les consultaron.

viernes, 4 de abril de 2014

Sufrimiento en el trabajo



En defensa de Dominique Huez I
SUFRIMIENTO EN EL TRABAJO. COMPRENDER PARA ACTUAR
Lic. Fernando Britos V.
El título de este artículo, el primero de un dossier que dedicaremos al asunto, reproduce en español el de un libro importante en psicopatología del trabajo, cuyo autor es el médico francés Dominique Huez [1], especialista en la materia, recientemente amonestado por el Colegio Médico del Centro de Francia (Indre et Loire)[2] por determinar que un obrero de la central nuclear de Chinon sufría un cuadro de angustia depresiva a resultas de las condiciones imperantes en su trabajo.
Tirez sur le pianiste - El Dr. Huez desarrolla su especialidad desde hace tres décadas, ejerce en la central nuclear de Chinon (Electricité de France, EDF), además es secretario general del Sindicato de Medicina del Trabajo (CGT). Su obra y sus luchas merecen ser conocidas.
La reseña del libro mencionado será materia de otro artículo pero ahora es preciso enfrentar el fenómeno que está afectando a quienes denuncian y actúan contra el sufrimiento en el trabajo. En efecto, los médicos, psicólogos y otros trabajadores de la salud en Francia vienen siendo acusados por las empresas, ante los Colegios Médicos y Asociaciones Profesionales, de presuntas violaciones deontológicas.
El objetivo de los denunciantes es evitar que en las certificaciones médicas y en los estudios clínicos se establezca la relación que existe entre la salud del paciente y su trabajo. Se procura aislar a los profesionales que denuncian las prácticas que afectan la salud de los trabajadores e implican consecuencias sociales o ambientales mediante presiones o condenas corporativas ejercidas por sus colegas o por la justicia.
Según la comisión disciplinaria de la Orden de los Médicos del Centro de Francia, los profesionales deben autocensurarse. El Dr. Huez fue sancionado con “pena de advertencia” porque en diciembre del 2011, como médico del trabajo de Electricité de France (EDF), ingresó en la urgencia a un trabajador de Orys (filial del grupo Ortec) empresa subcontratista de EDF, que se desempeñaba en la Central Nuclear de Chinon y presentaba una “patología ansiodepresiva” como consecuencia de una serie de síntomas postraumáticos relacionados con el maltrato profesional sufrido.
Este operario había solicitado, meses antes, ser retirado de un lugar de trabajo donde estaba expuesto a fibras de amianto. Su depresión, reconocida como enfermedad profesional, fue asentada por Huez en un certificado que mencionaba los hechos descritos por el paciente y señalaba que “la cadena de prácticas de maltrato en el seno de la empresa no hacía sino agravar en forma deletérea su patología”.
El paciente abandonó la clínica y Huez no supo más nada hasta fines del año pasado cuando se enteró que la empresa lo había denunciado por “haber violado en forma manifiesta el Código de Ética Médica” al emitir un “certificado complaciente”. Según los directores de Orys, Dominique Huez “empleó términos extremadamente severos que estigmatizaban a la empresa” y se había permitido dar “consejos personales”.
Según los denunciantes, este experimentado especialista en psicopatología del trabajo no debió relacionar el estado de salud del obrero con su desempeño y mucho menos traer a cuenta sus quejas respecto a la organización del trabajo en la empresa aunque esta fuera la causa de su depresión. Lo peor fue que el Colegio Médico se adhirió a la denuncia, reprochándole a Huez el haber dado estado público al asunto.
Aunque Huez ha apelado la sanción que le aplicaron y cuenta con el apoyo de numerosos colegas, existe evidencia que los especialistas en psicopatología del trabajo enfrentan, hoy en día en Francia, una ofensiva concertada de las patronales. Las denuncias y presiones se multiplican. Algunos casos toman estado público, como el que nos ocupa, pero la mayoría se resuelven por la vía de la conciliación e incluso porque los profesionales se retractan para conseguir que se retiren las denuncias contra ellos y evitar ser sancionados por sus corporaciones.
Los procedimientos de conciliación que rigen en Francia están pensados para laudar conflictos entre médicos y pacientes pero cuando la querellante es una empresa, se lleva a cabo sin la presencia del paciente que sin embargo es el principal involucrado por un certificado médico extendido a su nombre. De este modo se horada el secreto profesional desde que la historia clínica se investiga ante un tercero (la empresa denunciante) que defiende exclusivamente sus intereses. Los profesionales cuestionados se enfrentan a la modificación o anulación de su diagnóstico sin tener la posibilidad de un intercambio directo con su paciente.
Los abogados de Huez han señalado que la política de quejas, que han adoptado los empresarios para evitar hacerse cargo de los perjuicios y daños que ocasionan las condiciones de trabajo que imponen, son ilegítimas y contrarias al Código de la Salud. Volveremos sobre el desenlace del caso montado contra el Dr. Huez y sobre otros ejemplos de las quejas esgrimidas contra los profesionales de la salud en la actualidad porque estos temas – independientemente del país en que se desarrollen – son fundamentales para la ética y la psicopatología del trabajo.
Huez responde consultas formuladas por internet - Ahora y considerando que la mejor defensa que se puede ensayar en nuestro medio es la difusión de su pensamiento traduciremos algunas respuestas que Dominique Huez ha dado a trabajadores que le han consultado por vía electrónica[3].
P - ¿Cómo diferencia Ud. el estrés y sus consecuencias, cuando proviene del mundo del trabajo y cuando proviene de la vida privada?
R – Como profesional jamás me planteo referirme al estrés de la vida privada. La pregunta que me hago es ¿Será qué lo que causa sufrimiento, lo qué eventualmente origina esta depresión, puede explicarse por el trabajo de la persona? Para contestar esta pregunta, le pido a las personas que me digan que es lo que les pasa hoy en día. Es a partir de lo que esta persona me da a entender sobre los aspectos de su trabajo que llegamos a darnos cuenta, los dos, si su actividad laboral se encuentra en el origen de sus dificultades. Por tanto yo deseo responder simplemente, desde mi punto de vista de médico del trabajo, que verdaderamente no tengo dificultades para identificar el origen del estrés. Por el contrario, hay situaciones de problemas psíquicos, de dificultades mentales, donde no comprendo nada. En estas situaciones, el trabajo es muy raramente la causa y tal vez se trata de patologías psiquiátricas pesadas.
P – Todo el mundo se queja del estrés en las empresas. En el fondo, ¿la causa número uno no será la ausencia de reconocimiento?
R – Por mi parte, jamás empleo el vocabulario del estrés porque no se si se habla del trabajo o de la salud. Al respecto tengo la impresión que el estrés, para Ud., es lo que yo llamo el sufrimiento en el trabajo y estoy muy de acuerdo en decir que la ausencia de reconocimiento de la contribución de lo que uno hace en el trabajo, a la vez por sus pares pero también por su encuadramiento, es esencial. Ciertamente es a través de la dinámica del reconocimiento que uno construye su identidad en el trabajo y por lo tanto su salud.
P - ¿La aceleración que ha sufrido la humanidad, después de la industrialización y más especialmente en el mundo informatizado de las empresas en Occidente, no tiene cómo primera consecuencia el recalentamiento acentuado por una obligación de rendimiento óptimo?
R – Si, pero pienso que es una explicación parcial. Desde mi punto de vista se registra la conjunción de dos grandes mecanismos simultáneos en el origen de las psicopatologías: la intensificación, la densificación del trabajo, la reducción dramática de los márgenes de maniobra, la desaparición de los márgenes de respiración, y por otra parte,  las consecuencias desastrosas de un nuevo gerenciamiento que no toma en cuenta la realidad del trabajo, que evalúa a los individuos mediante indicadores y se contenta con medir las erogaciones según los resultados prescritos.
En este panorama, la evaluación del desempeño es un dispositivo absolutamente temible porque se propone juzgar a las personas por su ser, su parecer, como se conforman, y pasa por alto totalmente el trabajo realmente desplegado, es decir lo hecho y lo realizado junto con otros. En estas condiciones no puede haber sistema alguno de reconocimiento, de cooperación, es el vaciamiento de los colectivos de trabajo, es el cada uno para si, es la desolación, son los aspectos que gravitan en todo lo que hoy en día se denomina riesgos psicosociales.
P - ¿Existe una relación entre la modalidad actual de gerenciamiento y el estrés de los asalariados, asalariados que cada vez son más autónomos y a los que cada vez más se les exige iniciativa?
R – Si, el modo de gerenciamiento actual tiene que ver con el desarrollo del estrés porque detrás de lo que se denomina autonomía, lo que hay en realidad es la prescripción de resultados y el hecho que el trabajo es hoy en día una caja negra, totalmente impenetrable para la gerencia, para los colegas y aún para el asalariado. En estas condiciones, lo que es esencial, es la importancia de los márgenes de maniobra pero también la posibilidad de discutir, de deliberar con los colegas, en otras palabras participar en lo que uno hace. Efectivamente, el sufrimiento que uno encuentra naturalmente en el medio laboral, en el sentido que trabajar es superar las dificultades organizativas, tiene ciertamente un costo pero es también lo que puede ser transformado en placer, en fuente de creatividad y de vínculos sociales.
Por otra parte, si las posibilidades de hacer solo y con los otros son cada vez más reducidas, no es posible la dinámica del placer, surge la culpabilidad y aumenta el riesgo de que la violencia se revierta contra uno mismo.
P – Soy egresado de Ingeniería y ocupo un puesto de ingeniero pero me siento incompetente y no me animo a hablar de eso. Hago lo posible para no demostrar mi molestia pero me pesa mucho, al punto que no quiero hacer nada para no parecer ridículo. He perdido la confianza en mi mismo. Me paralizo cuando vienen a pedirme cuentas. ¿Qué puedo hacer?
R -  Comprendo la culpabilidad mayor que genera en Ud. la dificultad en realizar la tarea prescrita en un medio donde su historia y la construcción de sus competencias son poco o mal tomadas en cuenta. A menudo, entre los cuadros intermedios reina el individualismo en virtud de la guerra de todos contra todos, ligada a los excesos de la individualización gerencial. Aún para los dirigentes, trabajar es hacerlo con otros. Uno de los problemas mayores del encuadramiento es que hoy es casi ilícito intentar discutir o deliberar acerca de las dificultades laborales con quienes son sus pares.
La virilidad es un modo defensivo muy promovido por las empresas entre los dirigentes. Quienes no tienen el coraje, quienes no osan superar las dificultades y no hacen la vista gorda aceptando hacer el trabajo sucio son mujercitas y deben ser excluidos del grupo de los verdaderos hombres.
Por ende Ud. tiene dos soluciones: o bien llega, a pesar de estas grandes dificultades, a poder discutir concretamente y apoyarse en colegas en los que tiene confianza, o bien después si la soledad es muy intensa, para no dejarse llevar por la culpabilidad,  procura por lo menos un acompañamiento médico-psicológico cuyo objeto no será medicalizar o psicologizar sino ayudarlo a percibir concretamente que sus dificultades se encuentran tal vez también en otros de su misma condición y que, eventualmente, su denominada incompetencia se sustenta en dificultades reales del trabajo y aún en las prácticas que Ud. rechaza.
Detrás de los mecanismos deletéreos hay dos grandes procesos: el miedo y la vergüenza. Estos dos procesos pueden o deben ser explorados desde el punto de vista de lo que hacen concretamente las personas. Es a costa de esto que ellas no se precipitan en la enfermedad.
P -  Se ha hablado mucho del suicidio de directivos o responsables. ¿El sufrimiento afecta prioritariamente a una categoría de trabajadores, asalariados, cuadros intermedios, supervisores, responsables, directivos, obreros?
R- Hoy en día lo que llega a los medios generalmente (pero nunca en todos los casos) son los suicidios de los directivos, tal vez porque se trata de personas públicas y por cuya suerte su empresa se interesa un poco más. En realidad, desde el punto de vista de los suicidios no hay elemento alguno que permita pensar que los directivos se suicidan más que los obreros o empleados. Por otra parte, si unos se interesa en la tendencia o el diferencial en las tasas de suicidio de obreros y empleados y de supervisores y directivos, se nota globalmente que, al principio de los últimos diez años, mientras los suicidios de obreros y empleados duplicaban a los de los supervisores, hoy en día esa relación casi se ha triplicado. En mi experiencia profesional también he encontrado esa relación. Es posible que los que se denominan cuadros intermedios, totalmente ubicados entre el yunque y el martillo, vean desde su punto de vista que la situación se degrada más rápido.
En lo concerniente a las personas que se suicidan en relación con el trabajo, entre otras cosas, me parece incorporado hoy en día que entre las personas más comprometidas con la labor es donde se encuentran aquellas que pueden suicidarse. ¡Esto significa dramáticamente que generalmente y en forma contraria a todo lo que se ha dicho y escrito, nada permitiría pensar que esta persona singular pondría fin a sus días, salvo que se tuviera una sospecha acerca de las personas más comprometidas! Por el contrario, cuando uno contempla estas situaciones más de cerca, se comprueba que las personas que se han suicidado trabajaban en colectivos laborales globalmente precarizados y sufrientes. Por mi parte pienso que estas situaciones pueden prevenirse, de antemano, a condición de tener un sistema de vigilancia del trabajo y de lo que este produce como dificultades del colectivo.
P – Personalmente estoy rodeado de colegas que juntan rencores a lo largo de la jornada hacia una dirección que no asume responsabilidad alguna. ¿Los cuadros medios son incompetentes?
R – Yo pienso que la respuesta no está por el lado de la incompetencia de los mandos medios. Me parece perfectamente comprensible que haya colegas que han acumulado tales vivencias de injusticia y de lo negativo en sus empresas que se puede comprobar que es como si el mundo se hubiera detenido para ellos hasta que se les haya hecho justicia. Cuando se trata de fenómenos relativamente antiguos, el vínculo de estos hechos negativos con el trabajo pierde progresivamente toda posibilidad de comprensión dentro de la empresa.
En cuanto a los cuadros “incompetentes” yo creo que se trata de situaciones donde se coloca a las personas en situación de “inserción paradojal”, es decir que se les piden resultados, cuyos objetivos aumentan cada año, sin tener en cuenta la realidad del trabajo y que, al mismo tiempo, se les exige emplear herramientas gerenciales que ponen trabas a la cooperación y que provocan, en la mayoría de sus colaboradores, una desmovilización defensiva y que, en términos más generales, dificultan el trabajo en conjunto. Por lo tanto, ¿cómo aumentar la eficiencia de la producción de sus colaboradores cuando él mismo ha sido ubicado en posición de “obstáculo” para que ellos puedan desarrollar su creatividad, obtener placer y el deseo de construir su salud en el trabajo? Esto es literalmente imposible.
P – Tengo una visión muy negativa del trabajo de un mando medio: asegura la relación entre la dirección y los empleados subordinados, atrayendo sobre si los golpes de los “extremos de la cadena”. ¿No existe en ese momento una especie de crisis existencial: “¿qué soy verdaderamente?” (a la vez en el seno de la empresa y humanamente hablando); “¿A quién sirve lo que yo hago, exactamente?”; “¿Mi ausencia cambiaría verdaderamente alguna cosa en el seno de la gran maquinaria que es mi empresa?”.
R – Comparto la idea que hoy en día hay una crisis en la finalidad misma del trabajo de los mandos medios. Antes, en la época del taylorismo (que sin embargo no está enteramente muerto) se les exigía prescribir literalmente todo el detalle del trabajo humano, trabajo que por otra parte era reconocido exclusivamente como una erogación de energía física. Se percibía que sin el organizador de la “cadena”, no habría trabajo posible (aunque anteriormente los obreros profesionales no tuvieran necesidad de supervisores para trabajar).
Hoy en día el trabajo es la caja negra: se pretende movilizar la inteligencia de los hombres, llegando inclusive a instrumentar literalmente sus afectos. Por mi parte, yo pienso junto con otros, que la movilización en el trabajo no puede ser prescrita. Literalmente hay un deseo de hacer y de hacer junto con otros, que se explica por la dinámica del reconocimiento. Es por eso que el trabajo es tan esencial.
En cuanto a los mandos medios ¿qué hacer? Pienso que si los cuadros comprendieran su misión como el de personas cuyo objetivo, en relación con los colectivos de trabajo, fuera tomar en cuenta, muy concretamente, lo que son las dificultades en cada situación de trabajo, en otras palabras, si permitiera a los agentes, en su diversidad, beneficiarse de sus medios, tener los márgenes de maniobra necesarios, la información suficiente y los espacios de deliberación para hacer evolucionar la organización del trabajo, entonces si, este encuadramiento será posible.
Probablemente, desde el punto de vista de las dificultades vividas, lo esencial sería poder analizar, compartir y señalar las reglas del oficio de estos cuadros medios. Por mi parte tengo una gran duda acerca de la posibilidad concreta y actual de que estos cuadros puedan llegar a discutir sus dificultades profesionales. Tal vez es por esto que las empresas han heredado del ejército un método de organización que tiende a rotar lo más rápidamente posible su encuadramiento, de tal manera que los mandos medios muy raramente se ven confrontados con las consecuencias de las organizaciones que han desarrollado.
P – En una sociedad donde uno vive globalmente más tiempo pero donde muchos se “quiebran” o “estallan” poco antes o poco después de llegar a la edad de jubilarse, ¿qué consejos daría Ud. a los asalariados “mayores” y desestabilizados (acoso moral, perspectivas de desocupación prolongada) para terminar su carrera en condiciones más o menos aceptables?
R – Comprendo, hay una dificultad mayor que está en el origen del debate social y que no llega a  culminar acerca de la penuria del trabajo. Mi primera comprobación es que las penurias del trabajo están muy desigualmente repartidas y que los obreros y empleados, generalmente, están mucho más desgastados que los directivos. En la medida en que las condiciones de trabajo no lleguen a tomar en cuenta la manera diferente en que los trabajadores mayores hacen su labor respecto a la de los más jóvenes, el peso del desgaste en relación a los desplazamientos ilimitados de la intensificación y de las exigencias del trabajo, cada vez más será un obstáculo para los trabajadores entrados en años.
Había germinado una idea que era que, a medida que se acercaba la edad de retiro, los trabajadores de edad cuyo tiempo de trabajo se redujera, podrían participar, acompañando a los nuevos y trasmitiendo su saber hacer. Efectivamente era una hermosa idea la de partir con la perspectiva de que lo que uno ha construido e inventado pueda dejar huellas y ser trasmitido a otros. Desgraciadamente, compruebo que las condiciones de trabajo están tan degradadas hoy en día que, a los 55 años, más del 65% de los asalariados ya no trabajan más. Si no se sabe disminuir la carga de trabajo y aumentar los espacios de respiración; si no se sabe hacer de suerte que el trabajo se organice a partir de tomar en cuenta sus dificultades objetivas, en el caso de numerosas categorías de trabajadores, debo concluir que para ellos, mantener la salud reside en el “derecho a retirarse permaneciendo en su puesto”. Es desolador pero por lo menos ellos no han perdido la vida trabajando.
P - ¿Estos sentimientos de malestar en el trabajo son percibidos más entre los hombres que entre las mujeres?
R  - Todos los estudios demuestran que las mujeres sufren en el trabajo más que los hombres. En este punto hay dos pistas para la comprensión que, en ambos casos y en forma desigual, conllevan una explicación.
La primera pista es que “las mujeres serían más sensibles” que los hombres a la percepción del sufrimiento, se defenderían peor, no podrían efectuar una separación, tan fácilmente como los hombres, entre la vida profesional y la vida privada. Los hombres se sienten seguros porque su mujer se va a preocupar de sus niños, pero objetivamente en el trabajo, las mujeres conllevan las preocupaciones laborales, las cuestiones cotidianas y las preocupaciones familiares.
Hay una segunda pista explicativa, bien argumentada en trabajos recientes y que yo considero es la principal: en una actividad profesional dada, los hombres y las mujeres no hacen lo mismo y muy a menudo, las mujeres se ven confrontadas, a la vez, con exigencias organizativas más “apremiantes” y de este modo ellas se encuentran en condiciones donde han de prestar más atención a las “relaciones” profesionales, al trato con los demás,  a los cuidados, cualidades todas que se consideran “naturales” en las mujeres y que, de hecho, hacen que su trabajo sea objetivamente diferente. Por ende no es sorprendente que, en estas condiciones, ellas sufran más.
P - ¿No es problemático definir el trabajo como una remuneración? ¿Por qué no incluir otros objetivos de realización personal en el mundo del trabajo?
R – Evidentemente se trata del sentido del trabajo que, hoy en día, es uno de los elementos principales de la crisis de la salud laboral. Contrariamente a lo que habitualmente se cree, no trabajamos solamente para vivir. Lo que comprometemos en el trabajo es nuestra propia identidad, son los vínculos sociales que hemos desarrollado en él y el reconocimiento de nuestra contribución es el motor de nuestro compromiso. Por lo tanto la cuestión del sentido de lo que uno hace es fundamental y no hay necesidad de recordarlo a las personas, aunque para muchos no es posible seguir trabajando sino salteándose esta cuestión. ¿Por qué? _Porque cuando mi trabajo me obliga a “trabajar mal”, cuando lo que hago es contrario a mis valores morales, aparece el espectro de la vergüenza que está en el origen del sufrimiento ético. Este es el mecanismo más deletéreo del trabajo. En esas condiciones, si uno no efectúa una separación psíquica de aquello que considera reprobable no es posible soportarlo. Sin embargo, este proceso psíquico inconsciente tiene consecuencias desastrosas sobre la vida social y familiar. De este modo, en las evaluaciones que se hacen actualmente no se puede eludir la crisis del sentido del trabajo, sobre todo cuando las reorganizaciones laborales se manejan tan mal en este punto.



[1] Huez, Dominique (2008) (con la colaboración de Nicolas Jones-Gorlin), Souffrir au travail : comprendre pour agir, Paris, Editions Privé.
[2] La Cámara Disciplinaria de l’Ordre des Médecins se pronunció el 28 de enero de 2014. L'Ordre des Médecins es un organismo privado, profesional, corporativo, administrativo y jurisdiccional de defensa y regulación de la profesión médica que nosotros traducimos como “Colegio”.
[3] “Des salariés (ées) posent leurs questions à Dominique Huez”. Publicado por Alencontre el 20 de noviembre de 2009. (www.alencontre.org).