sábado, 21 de junio de 2014

Miserias de la inteligencia artificial



MISERIAS DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Lic. Fernando Britos V.
Hace unos días se celebró en la Universidad de Reading, con el auspicio de la Real Sociedad para el Avance de las Ciencias Naturales de Gran Bretaña, una competencia basada en el test de Turing para conmemorar el sexagésimo aniversario del fallecimiento del ahora famoso científico que propuso la prueba que lleva su nombre. Las aplicaciones periódicas del test de Turing, cuyo objetivo es determinar si una computadora es capaz de pensar, se llevan a cabo desde 1990. Incluso se ha desarrollado anualmente el Premio Loebner, dotado con 100.000 dólares de premio para el robot conversador que sea capaz de hacerse pasar por humano.
La novedad ahora es que un programa de computación (un robot conversador o chatbot) llamado Eugene Goostman ha pasado la prueba de Turing y su éxito ha sido proclamado como un hito en la historia de la robótica y en materia de inteligencia artificial. Ahora veremos que este asunto de hito e inteligencia tiene poco y de artificio bastante.
En octubre de 1950 un brillante matemático británico, precursor de la informática, el joven Alan Turing [1], publicó un artículo en la revista Mind [2] (Computing machinery and intelligence) donde proponía una prueba para demostrar la existencia de inteligencia e incluso sentimientos. En esa época no existían computadoras personales y la informática era una disciplina incipiente; la hipótesis parecía de ciencia ficción pero era típicamente positivista y sigue siendo ensalzada por los paladines de la inteligencia artificial: si una máquina se desempeña en todos los aspectos como inteligente, entonces ha de ser necesariamente inteligente. Turing también pronosticó que en medio siglo las máquinas replicarían la inteligencia humana.
De todos modos la prueba de Turing parte de una serie de facilitadores presupuestos reduccionistas, entre otros que la conversación es una forma de comunicación característicamente humana pero con cierta disociación entre forma y contenido. Además es una conversación mediatizada. Un juez ubicado en una habitación se comunica mediante un terminal (pantalla y teclado) con dos interlocutores que se encuentran en otro lugar, uno de ellos es un programa, un chatbot o robot conversador, el otro una persona de carne y hueso.
No hay regla alguna para el intercambio pero este no debe durar sucesivamente más de cinco minutos. El juez puede decir cualquier cosa, incluso proferir insultos, recitar canciones, lo que sea pero, al cabo de los cinco minutos debe entregar su veredicto cual de los interlocutores es una máquina y cual una persona. Si el programa es calificado como humano por un tercio de los jueces se considera que ha pasado la prueba de Turing y esto es lo que sucedió hace unos días con Eugene Goostman. Como puede verse el criterio es bastante simplote 
Este robot conversador (o bot conversacional como también se le llama) fue desarrollado por un grupo de tres programadores; el ruso Vladimir Veselov (residente en los EUA), el ucraniano Eugene Demchenko, y el ruso Sergey Ulasen, en San Petersburgo, ya en el año 2001. Goostman es retratado como un adolescente ucraniano de 13 años, un rasgo que pretende suscitar la benevolencia en sus interlocutores respecto a la gramática inglesa defectuosa y a su nivel de conocimientos.
En realidad Goostman es un veterano que ha competido en varios concursos de prueba  Turing, desde su creación, que como vimos coincide con el “nacimiento” del personaje. Terminó en el segundo puesto en el Premio Loebner tanto en el 2005 como en el 2008. Dicho sea de paso en esta última ocasión, el chatbot que aparentó mayor “humanidad” quedó a un solo punto de alcanzar el tercio clasificatorio. En junio de 2012, en una convocatoria para celebrar el centenario de Turing, Goostman convenció al 29 % de los jueces de que era humano. Finalmente el 7 de junio pasado, el 33 % de los jueces opinó que Goostman era humano. El organizador de los últimos concursos, Kevin Warwick[3] consideró que “pasó” la prueba dada la predicción de Turing que para el año 2000, las máquinas serían capaces de engañar a un 30 % de los jueces humanos después de cinco minutos de interrogatorio.
La validez y la pertinencia de Goostman han sido criticadas, así como la exageración de los “logros” de Warwick y de los organizadores del concurso. Este chatbot no parece el más “inteligente” de los interlocutores por su juventud dado que el tipo de personalidad que diseñaron sus creadores y el uso del humor habrían sido fundamentales para desviar la atención de los jueces de sus aspectos “inhumanos”. Eugene Goostman se presenta como un joven de 13 años, residente en Odessa, Ucrania, que tiene como mascota un conejillo de indias y que es hijo de un ginecólogo. Veselov aseguró que la elección de la edad fue importante porque a los 13 años no se es demasiado veterano para saberlo todo y no se es demasiado joven para no saber nada. Para la versión 2014, los programadores se esmeraron en la mejora del “controlador de diálogo” una parte del programa que permite al chatbot iniciar el diálogo en forma más natural y más parecida a la de los humanos.
Sin embargo, el mundo de los robots conversadores parece mucho más complejo que el acontecimiento propagandístico organizado por Warwick. Todos los chatbot son programas capaces de simular conversaciones con una persona. De hecho muchos expertos han mantenido verdaderos idilios y complejas relaciones amorosas chateando, durante meses, hasta descubrir que su interlocutora o interlocutor era un robot. Habitualmente, la conversación se establece escribiendo pero ya hay modelos que disponen de una interfaz de usuario multimedia y últimamente se ofrecen chatbots que utilizan programas para convertir texto en sonido (CTV), lo que da un mayor realismo al intercambio.
Para entablar un diálogo suelen usarse frases fácilmente comprensibles y coherentes. aunque la mayoría de los robots, incluyendo a Goostman, no consiguen una comprensión completa. Lo que hacen con gran facilidad es identificar palabras o frases del interlocutor y recurrir a un abundante repertorio de respuestas preparadas de antemano. De esta manera, el chatbot es capaz de seguir una conversación más o menos hilvanada pero sin saber realmente de qué está hablando. Se trata de una simulación muy habilidosa pero que, en esencia no es muy diferente de los autómatas de Vaucanson[4] que maravillaban al público europeo en el siglo XVIII.
Para muchos los chatbots comenzaron como un juego, pero hoy en día están muy extendidos y prestan ciertos servicios, como por ejemplo el Captcha (Te agarré), el programa que se utiliza para neutralizar el spam enviado por robots. Los robots conversadores más conocidos son Eliza, SmarterChild, Parry, SHRDLU, Racter, A.L.I.C.E o Jabberwacky y Dr. Abuse (sobre cualquiera de estos hay buena información en Internet). En todo caso, programar un robot conversador es un proceso muy laborioso y que requiere enormes recursos.
Los expertos estiman que en pocos años el desarrollo de los repertorios de vocabulario y de algoritmos de inteligencia artificial se habrá popularizado de modo que cada persona podría contar con uno para su uso. Sin embargo, la utilidad de estos robots se apoya en su condición de especialistas en materias muy concretas, en su capacidad para brindar un cúmulo de información sobre temas o asuntos específicos. El perfeccionamiento de los robots conversadores seguramente continuará y tal vez en lugar de un tercio serán capaces de convencer a dos  tercios de sus interlocutores de la “humanidad” de su conversación pero su limitación esencial radica en una ausencia que parece imposible de colmar: la falta de consciencia de si mismos que, por definición, es antitética al concepto de programación.
Lo que no se ha manifestado esta vez es que en el Premio Loebner se había incluido un galardón para “el humano más humano” y este es tal vez el mayor valor de estos concursos para el resto de las personas, es decir para quienes no son programadores: el test de Turing en tanto simulación obliga a pensar en la verdadera inteligencia humana, en el principio humano de la vida. Esto lo ha abordado con singular profundidad y buen humor Brian Christian (2011) [5] un especialista estadounidense graduado en computación, filosofía y poesía que intervino como jurado en el Premio Loebner del año 2009, recibió el Premio al Humano más Humano por su participación en el concurso y escribió un libro extraordinario acerca de lo que “hablar con computadoras nos enseña acerca del significado de estar vivo” y de características esenciales de la condición humana como la imaginación, el pensamiento, la conversación, el amor y el engaño. Christian se preparó para actuar como juez y aprovechó la experiencia para explorar la esencia de lo humano.
Una reflexión sobre la condición humana es seguramente el resultado práctico más importante y valioso que se puede extraer de estos concursos y ahora nos permitiremos seguir al filósofo español Fernando Savater (2003) [6]. La característica de los humanos es la actividad pero actuar no es para nosotros solamente ponerse en movimiento para satisfacer un instinto sino llevar a cabo un proyecto trascendente en cuanto a lo instintivo hasta volverlo irreconocible. La acción humana – dice el filósofo – está vinculada a la previsión pero también a lo imprevisible y a la incertidumbre.
El principio de lo humano está en la acción, en una intervención sobre lo real que selecciona, planea e innova. “La acción – en el sentido humano y humanizador que aquí le damos al término – es lo contrario del cumplimiento de un programa”. Los demás seres vivos están programados para ser lo que son, hacer lo que hacen y vivir como viven. Los seres humanos también estamos programados pero en una medida diferente – dice Savater – porque nuestra estructura biológica responde a programas estrictos pero nuestra capacidad simbólica no. Junto con nuestra dotación genética recibimos la capacidad innata de ejecutar comportamientos no innatos.
El filósofo español se refiere a la comparación que frecuentemente se hace entre humanos y animales pero sus conceptos pueden hacerse extensivos, perfectamente, a las comparaciones entre inteligencia humana e inteligencia artificial, entre la super especialización de las computadoras por un lado y la apertura, el inacabamiento, la disponibilidad de los humanos para lo nuevo, lo inesperado, para transformar creativamente las dificultades.
“En el supermercado de la vida, casi todos los animales parecen ser tecnología de punta, herramientas finísimamente calibradas con el fin de cumplir tal o cual tarea en un determinado nicho ecológico. Como ocurre con otros instrumentos semejantes sirven muy bien para lo que sirven pero para nada más. En cuanto cambian las circunstancias o el paisaje, se marchitan y extinguen sin remedio. Los seres humanos, por el contrario, son anatómicamente indigentes, padecen un diseño chapucero y carente de adecuación precisa pero soportan las mudanzas y compensan con su actividad inventiva las limitaciones que les aquejan. Hacen de la necesidad virtud y convierten su esencial imprecisión en estímulo y posibilidad flexible de adaptación”.
¿Queda alguna duda sobre las similitudes de bestias y computadoras, exquisita y totalmente programadas? Y sobre todo ¿está claro que la simulación de la inteligencia no es ‘la inteligencia’ creativa y limitadamente humana?  



[1] Alan Mathison Turing, OBE (Orden del Imperio Británico (Londres, 1912 - Wilmslow, 1954), fue un matemático, lógico, científico de la computación, criptógrafo y filósofo británico. Es considerado uno de los padres de la ciencia de la computación siendo el precursor de la informática moderna. Proporcionó una influyente formalización de los conceptos de algoritmo y computación: la máquina de Turing. Durante la Segunda Guerra descifró los códigos de las fuerzas armadas alemanas (la máquina Enigma).
[2] Mind es una publicación científica que se edita desde fines del siglo XIX (actualmente a cargo de la Oxford University Press) que ahora se dedica a temas filosóficos pero que durante mucho tiempo se ocupó de la posibilidad que la psicología se legitimase como una “ciencia dura” o natural según el paradigma conductista.
[3] Kevin Warwick (1954, Coventry, Gran Bretaña) es un científico, ingeniero, profesor de Cibernética en la Universidad de Reading. Es conocido por sus investigaciones sobre Interfaz Cerebro Computadora que comunican el sistema nervioso humano con diferentes tipos de computadores y por sus trabajos en el campo de la robótica. Es tal vez el gurú más activo de la inteligencia artificial y de las vinculaciones de esta con el biologicismo,  la sociobiología posmoderna y otras tesituras reaccionarias.
[4] Jacques de Vaucanson (1709 - 1782) fue un ingeniero e inventor francés considerado el creador del primer robot y del primer telar completamente automatizado. En 1737, construyó su primer autómata, El flautista, una figura de tamaño natural que tocaba el tambor y la flauta y presentaba un repertorio de doce canciones. Sus criaturas mecánicas fueron reconocidas por su perfección mecánica y su realismo. En 1738, creó otros dos autómatas, El tamborilero y el Pato con aparato digestivo, que es considerado su obra maestra. Este tenía más de 400 piezas móviles, podía batir las alas, tomar agua, digerir granos y defecar. Se le atribuye haber creado el primer tubo flexible de goma durante el proceso de construcción de los intestinos del pato. A pesar de la naturaleza revolucionaria de sus autómatas, se dice que se cansó rápidamente de ellos y los vendió en 1743.
[5] Christian, Brian (2011) The Most Human Human; What Talking with Computers Teaches Us About What It Means to Be Alive. Doubleday, Nueva York.
[6] Savater, Fernando (2003) El valor de elegir. Buenos Aires, Ariel.

sábado, 14 de junio de 2014

Faltas éticas en el acceso al trabajo




FIGURANTES  PARA TONGOS SE NECESITAN

Lic. Fernando Britos V.

Figurantes y tongos - En el mundo del espectáculo los figurantes, extras, comparsas o partiquinos son  personas sin categoría de actor que solo aparecen de fondo y no pronuncian palabra. En la tradición teatral y operística los figurantes forman la base de un conjunto de "meritorios", generalmente mal pagados (si es que se les paga) y no reconocidos pero que resultan indispensables para el montaje de una representación teatral. El tongo, en tanto, sirve tradicionalmente para designar una trampa que se hace en carreras o encuentros deportivos, en los que un competidor se deja ganar porque se ha vendido a quienes “arreglaron” el resultado.
Sin embargo, existe otra acepción de “tongo” que es la que ahora nos interesa: se trata de una competencia o supuesta competencia que ha sido arreglada de antemano pero donde el ganador o los ganadores deben aparecer surgiendo de una puja limpia. Para esto, figurantes o comparsas son fundamentales. Sin ellos no se puede montar el espectáculo donde la trampa resulta disimulada.
            Existen dos tipos de figurantes o comparsas funcionales a estos tongos: los que se prestan a sabiendas a jugar el papel de extras, ya sea porque les reconocerán algún mérito en otra actividad o la misma a futuro o bien porque son amigos del caballo o la yegua del comisario y por eso se prestan al espectáculo, y los incautos que creen estar compitiendo en una lid en donde serán estafados sin recibir nada a cambio. Estos últimos, muchas veces, ni siquiera advierten (o no quieren advertir porque duele) que han sido defraudados.
            El arte del tongo y de la estafa requiere, precisamente, que las víctimas y los espectadores no perciban el truco y, en todo caso, si lo advierten conseguir que se resignen y no hagan público su malestar. La resignación y el aguantarse en el molde puede ser el resultado de una actitud conformista o de una intencionalidad también dolosa (como en “el cuento del tío”) pero muchas veces proviene del temor porque en todo tongo hay una parte ominosa y amenazante: quien denuncia o protesta, será excluido y no podrá participar en el futuro y si lo que está en juego es muy importante o sustancial podrá sufrir otras represalias.
            Todos los sistemas de reclutamiento y selección de personal tienen márgenes que permiten, o por lo menos que no impiden, tongos y acomodos por lo que es sano estar prevenidos. En las organizaciones e instituciones patrimonialistas, donde el poder se maneja en forma más o menos omnímoda, los tongos pueden ser justificados pero no necesitan del ocultamiento. El clientelismo y otras prácticas corruptas para manejar el acceso al mundo del trabajo pueden ser disimulados pero también necesitan cierto grado de público reconocimiento.

Figurantes imprescindibles - En cambio, en los sistemas presuntamente objetivos y bien reglamentados: sistemas de concursos, llamados públicos, evaluación de méritos, pruebas, presentación de proyectos y su defensa, en instituciones públicas, puede haber lugar para el tongo pero tiende a estar cuidadosamente disimulado y ahí es donde los figurantes o comparsas adquieren todo su valor para quienes quieren manipular los resultados. La presencia de figurantes es capaz de legitimar a priori una competencia arreglada.
Si la candidata o candidato cuya contratación ya está pre decidida corre en solitario aunque tenga los méritos y la idoneidad para desempeñar el cargo será inevitable la sospecha de tongo aunque no lo haya. La competencia, como motivo rector de cualquier sistema tecnocrático y gerencial requiere que haya ganadores y perdedores pero para esto, si no hay perdedores no existe competencia. Por otra parte, la competencia enaltece la oferta. Valorizar un trabajo según estas teorías de mercado requiere que haya muchos competidores ansiosos por desempeñarlo.
Entre lo que los manipuladores del acceso al trabajo procuran evitar se encuentran las competencias con muy pocos participantes o, lo que es peor, una carrera con un solo pingo, porque en esas circunstancias la manipulación (si es que existe) será más obvia. Asegurarse buena cantidad de figurantes es un objetivo que, a veces, entra en contradicción con otro de los requisitos del tongo.
En efecto, convocar para un trabajo en forma muy amplia y atractiva (requisitos asequibles, buena remuneración, buenas condiciones de trabajo, buenas perspectivas de futuro, etc.) atraerá muchos aspirantes y en los sistemas gerenciales esto es manejable mediante la aplicación de pruebas psicolaborales carentes de validez, entrevistas de selección y otros procedimientos que les permitirán esterilizar la demanda. Sin embargo, las convocatorias muy amplias llevan tiempo y trabajo y no son eficientes cuando lo que se procura es proveer un trabajo especializado o acotado.
Si quienes deciden han optado de antemano por alguien siempre pueden “vestir” el llamado mediante unas bases o requisitos hipertrofiados y preparados a la medida del ganador. Esto les asegurará que se presenten ingenuos figurantes muy calificados que decoran el proceso o aspirantes francamente irresponsables que serán fáciles de filtrar.
En el ámbito público, como lo ha denunciado el Dr. Conrado Ramos, es práctica corriente este tipo de llamados amañados para cargos presuntamente técnicos que terminan recibiendo un tratamiento como si se tratase de cargos políticos de particular confianza. Es decir, primero tengo el candidato, después diseño el llamado y consigo los figurantes o le pido al elegido que los consiga entre sus amistades. Finalmente evaluaciones y pruebas son de mero trámite porque todo termina con la designación del acomodado.
Por aquello de que las cosas no solamente deben ser buenas sino que además tienen que parecer buenas, es inevitable que despierten sospechas ciertos llamados que se hacen en campos típicamente multidisciplinarios pero donde se establecen “perfiles” del cargo y requisitos en cuanto a titulación, experiencia, publicaciones, etc. que notoriamente han sido diseñados sobre la base del curriculum vitae de una persona que, seguramente, se encontrará entre los aspirantes y ocupará el primer lugar cuando se conozcan los resultados de la evaluación tribunalicia. Este tipo de fenómenos es común en las universidades y si se examina lo que se exige se ve, en demasiados casos, que los requisitos para cargos de ingreso a la carrera docente (generalmente reservados a estudiantes por su índole formativa) tienen exigencias que harían temblar a más de un catedrático de gran experiencia.

El carro del Chaná -  Los tongos pueden llegar a caer en la esfera de lo doloso pero, por lo general, son faltas éticas cuya comprobación y corrección carece de organismos a los que los denunciantes o las víctimas puedan recurrir. Por eso proliferan tanto como la indiferencia ante su comisión. De hecho los tongos se producen aunque no exista una relación directa con la importancia de los cargos cuyo acceso se manipula. Sin embargo, aunque lo que esté en juego sea modesto, mal remunerado o de prestigio incierto, el tongo vulnera derechos, defrauda expectativas legítimas y entraña un perjuicio a la sociedad, a través del descaecimiento de la ética y de la transparencia, independientemente de la magnitud de la falta.
            Hace unos meses, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca decidió que una pequeña cooperativa agropecuaria ubicada en el departamento de San José, necesitaba un profesional antropólogo para la dilucidación de un problema para el cual tal especialista parecía lo más apropiado. Las familias cooperativistas sufrían la pérdida de los jóvenes que abandonaban el campo y el envejecimiento natural de la fuerza de trabajo empezaba a poner en cuestión el emprendimiento.
La oferta era realmente exigüa: un par de jornadas mensuales en la cooperativa (se exigía locomoción propia) y una remuneración bajísima pero aún así una media docena de profesionales respondieron al llamado. Fueron citadas para una entrevista (todas a la misma hora) en el local prestado por una cooperativa lechera ubicada en la ciudad de San José. Todas llegaron puntualmente y para su sorpresa fueron entrevistadas de a una en forma sucesiva de modo que el proceso demandó toda la mañana (el desprecio por el tiempo ajeno es característico). Al principio y mientras esperaban su turno, las aspirantes, todas antropólogas jóvenes graduadas y algunas de ellas locatarias, pensaron que una de las convocadas no había asistido pero después se dieron cuenta de que una señora mayor había sido convocada una hora antes y se había retirado discretamente al momento de la llegada de ellas.
Los entrevistadores eran una especie de panel compuesto por el presidente de la cooperativa y un acompañante más un par de estudiantes de agronomía y/o veterinaria que parecían formar sus apoyos técnicos. A las entrevistadas no les costó darse cuenta que se trataba de una instancia de mero trámite y no les resultó sorprendente el correo electrónico que cada una recibió semanas después agradeciendo la concurrencia, señalando que su perfil no coincidía con lo que se necesitaba y anunciando que el trabajito había sido asignado a la señora madrugadora.
Lo llamativo del asunto, a pesar de la clara evidencia de que cinco profesionales habían sido convocadas como figurantes o comparsas, era que la designada, una antropóloga que ocupa un alto cargo (nada que ver con antropología) en una minúscula pero adinerada universidad privada, tiene méritos que exceden largamente los necesarios para ese desempeño. Es obvio que detrás de este engaño hay algo más que una contratación insignificante.
Es posible que los méritos de la contratada, obtenidos en el extranjero y que tal vez hayan sido convenientemente magnificados, le hubieran bastado por si solos para obtener el encargo pero ¿qué hace una profesional presuntamente experimentada y que detenta un cargo presumiblemente de muy elevada remuneración y exclusiva dedicación, presentándose a una modestísima asesoría? Ni méritos ni ingresos justifican un tongo semejante. ¿Qué papel jugó la cooperativa, qué papel el MGAP? ¿Qué puertas se le abrieron a la sedicente experta internacional y se le cerraron a las profesionales jóvenes que hicieron de comparsas para su nombramiento? ¿En qué altar o en qué intercambio se sacrificó la ética? En los carnavales de antaño por lo menos se sabía la razón por la que el carro del Chaná había sido declarado “fuera de concurso”.          
           


lunes, 26 de mayo de 2014

Psiquiatría y psicología antes, durante y después del nazismo





El desarrollo de la psiquiatría social, sus pioneros y sus perpetradores. El papel del editor J.F. Lehmann en la difusión de ideas que condujeron a los crímenes del nazismo.

PSIQUIATRÍA Y PSICOLOGÍA
ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DEL NAZISMO
Fernando Britos V.

¿Quiénes están familiarizados con el papel jugado por Julius Friedrich Lehmann[1] y su editorial en la emergencia de la psiquiatría social en Alemania y su desarrollo posterior en el sistema psiquiátrico del nazismo? ¿Qué tipo de ideología sustentó este hombre? ¿Quiénes eran sus amigos? ¿Cuáles de sus tesis han sobrevivido?
No son preguntas que corrientemente se formulen y paradojalmente no suelen plantearse en el ámbito académico. Esto se debe el trabajo que ha hecho o ha dejado de hacer la mayoría de los historiadores de la medicina, sostiene Peter Lehmann[2] (sin relación alguna con J.F.Lehmann) en un artículo titulado “El editor J.F. Lehmann como promotor de la psiquiatría social bajo el fascismo[3].
La mayoría de los historiadores de las ciencias de la salud ubican la responsabilidad por los horrores social-psiquiátricos en Alemania exclusivamente en Adolf Hitler y los dirigentes nazis. Al hacer esto no contribuyen a esclarecer los orígenes de la psiquiatría social y por el contrario encubren sus efectos como catalizador y como condición previa en la comisión de los crímenes de lesa humanidad que caracterizaron al Tercer Reich.
Existe una diferencia entre la orientación eugenésica de las concepciones social-psiquiátricas de aquellas épocas y sus variantes actuales. Hoy en día, la psiquiatría social puede ser vista como una corriente que aborda primordialmente la detección temprana de las desviaciones micro-políticas, el registro de “casos” y el tratamiento psicofarmacológico.
En estos tiempos, la psiquiatría social ha dejado de lado las concepciones antisemitas con las que antes estaba comprometida. Sin embargo, no ha abandonado sus premisas genéticas sino que les ha restado énfasis en respuesta al espíritu de los tiempos actuales. La creencia acerca de la influencia determinante y omnipotente de los factores genéticos está oculta ahora en el constructo “multifactorial” de la “enfermedad psiquiátrica”.
Por ende la práctica social-psiquiátrica actual hace énfasis en el papel terapéutico de las sustancias bioquímicas, en particular de las drogas neurolépticas (llamadas medicamentos anti-psicóticos). Esto sucede a pesar de los efectos secundarios, adicciones y daños permanentes que acarrea su administración aún durante cortos periodos. La psiquiatría social actual se presenta bajo una apariencia renovadora tal como lo hacía durante la época de auge de la eugenesia. Un ejemplo de esto es su actitud crítica hacia la psiquiatría institucional que parece reflejar el deseo común de rebajar los costos de atención de los pacientes. La psiquiatría social suele abogar por el uso de sustancias depot[4] para “mantener” a las víctimas de la psiquiatría fuera de las instituciones, en otros ámbitos de contención, lo que permite explotarlos en empresas de auto-ayuda creadas por profesionales desocupados o afectos a estos negocios privados.
Entre tanto, estas víctimas han permanecido esencialmente incambiadas desde hace más de un siglo: son personas que presentan inquietantes formas de vivir y de pensar, que se resisten a integrarse a formas de vivir definidas por las fuerzas del mercado (y el consumo) y cuyas angustias, desesperación, rechazo a comunicarse, sentimientos persecutorios, euforia, impulsos autodestructivos, etc. se han sometido a una sistemática y costosa incomprensión.
Cuando se observa el contexto en el cual el todavía respetado Emil Kraepelin[5] y sus sucesores desarrollaron su programa de psiquiatría social, desde fines del siglo XIX, se hace patente la razón por la que la moderna psiquiatría social ha ocultado sus raíces racistas, nacionalistas, militaristas y antisemitas.
Para reducir la incidencia de la locura, Kraepelin empezó a recomendar una intervención despiadada en la vida de las personas ya en 1918. En noviembre de 1920 dio una conferencia en el Departamento de Genealogía y Demografía del Instituto de Investigación Psiquiátrica con sede en Munich. En la misma reclamó una ampliación de la práctica psiquiátrica para intervenir contra todas las formas posibles de decadencia moral, contra la falta de una dirección clara y uniforme de los sentimientos, los pensamientos y las acciones y contra el “internacionalismo” (término con el que identificaba al marxismo). Esta operación fue denominada por Kraepelin como “psiquiatría social”, una forma de colonización interna.
Para ciertos psiquiatras europeos, especialmente alemanes y suizos, el desarrollo de una psiquiatría social parecía necesario sobre el fin de la Primera Guerra Mundial. Los soldados mentalmente enfermos, es decir aquellos que tenían sentimientos anti-militaristas o anti bélicos, los indisciplinados, eran considerados como los responsables de la derrota y de la paz miserable que había culminado en el Tratado de Versalles.
Políticos que ellos consideraban “mentalmente enfermos” como Rosa Luxemburgo[6], Karl Liebnecht[7], Erich Müsham[8] y Ernest Toller[9] frecuentemente eran identificados con los judíos y las fuerzas decadentes del internacionalismo. En 1919 un colega de Kraepelin planteaba que las relaciones de poder debían ser protegidas de los mentalmente enfermos mediante instituciones y acciones psiquiátricas preventivas para tratar terapéuticamente las “tendencias psicopáticas”.
Las grandes empresas industriales alemanas pronto empezaron a apoyar la psiquiatría social acuñada por Kraepelin. Krupp von Bohlen und Halbach siguió una sugerencia suya y financió el Instituto de Investigación de Rüdin. El magnate Fritz Thyssen participó en la Comisión de Expertos en Población y Ética Política que también integraron Himmler, Rüdin y Ploetz.
            La confluencia de la psiquiatría con el nacionalsocialismo durante la República de Weimar fue programada de antemano. Dondequiera que se empezó a promover el pensamiento psiquiátrico también se desarrollaron formas “sociales” de intervención, que estaban políticamente motivadas: por ejemplo, la esterilización, la castración y la “eutanasia”. Este no fue un fenómeno exclusivamente suizo o alemán. Gran Bretaña, los Estados Unidos, los países escandinavos, influenciados por teorías científicas pragmatistas y conductistas también fueron afectados por estos desarrollos.
En esa época, Alemania y Suiza eran considerados como los países psiquiátricamente más adelantados. En el Uruguay, a pesar de la influencia algo mayor de la psiquiatría francesa, las tesituras de los galenos germano parlantes eran estudiadas con interés reverencial, sobre todo en lo relativo a sus minuciosos esfuerzos en materia de taxonomía nosológica y sus concepciones eugenésicas.
Psiquiatras suizos como Eugen Bleuler[10] y Auguste Forel[11] tuvieron incidencia en la puesta en práctica de los crímenes de la social-psiquiatría durante el nazismo. De todos modos, más allá de estos hechos, hay un individuo que merece una consideración especial debido al papel que desempeñó en la diseminación y articulación de las ideas social-psiquiátricas, desde fines del siglo XIX: se trata de Julius Friedrich Lehmann.
            Mucho antes de 1933 muchos psiquiatras venían desarrollando y difundiendo concepciones pseudocientíficas racistas y clasistas que se apoyaban en la psicología experimental y la psicobiología alemanas. El nombre de J.F. Lehmann ocupa un lugar central entre los promotores de la psiquiatría social a lo largo de esos tempranos años. Nacido en 1864, en Zurich, cuarto hijo de un matrimonio alemán, Julius se trasladó a Munich y abrió, en 1890, una editorial, fundó una librería médica y simultáneamente se convirtió en el editor del Münchener Medizinische Wochenschrift (el Semanario Médico Muniqués). J.F. Lehmann se aseguró de que la regla no escrita del MMW se cumpliera estrictamente: ningún judío podía ser admitido en el comité editorial. Esto no fue óbice para que los reputados doctores de “pura raza aria” siguieran favoreciendo al semanario con sus contribuciones.
Lehmann no solamente consideraba sus publicaciones como “trincheras ideológicas” sino que participaba activamente en la lucha política. Trabajó y editó para varias organizaciones racistas, nacionalistas y de ultra derecha: la Sociedad Thule, la Sociedad por la Eugenesia, la Asociación Evangélica, la Tropa de Protección y Resistencia del Pueblo Alemán, los Freikorps de Von Epp y finalmente el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) al cual se afilió.
Los analistas han llegado a la conclusión que Lehmann se encontraba en una posición única al conjugar la prensa y su influencia personal en el seno de las organizaciones derechistas para alcanzar un impacto máximo. Otros ideólogos racistas no podrían haberlo hecho mejor. Conectó las actividades personales, publicitarias y de grupo con la operación política mediante la que Hitler consiguió aglutinar a las fuerzas oscuras que existían en Alemania. Es muy posible que la actividad de este actor político y su editorial haya jugado un papel determinante en el hecho que, de todas las profesiones, la medicina fue la que contó por lejos con la mayor proporción de afiliados al Partido Nazi.
Las publicaciones militaristas de Lehmann, como el anuario Taschenbuch der Kriegsflote (Manual de las Flotas de Guerra), desde 1906, le produjeron grandes ganancias. Estos trabajos guerreristas eran ávidamente procurados por quienes seguían la carrera armamentista en que estaban empeñadas las potencias imperialistas.
En 1917, Lehmann comenzó a editar el periódico político Deutschlands Erneuerung ( La Renovación de Alemania), que pretendía promover un renacimiento étnico “barriendo a todos los extraños a nuestro pueblo, todo lo destructivo y lo pérfido” y en el cual expresaba una ferviente oposición a la “predominancia judeo democrática, el pacifismo y el marxismo”.
Después de la Primera Guerra Mundial publicó Im Felde unbesiegt (Invictos en el campo de batalla) y Auf See unbesiegt (Invictos en la guerra naval) que se colocaron como literatura para la sala de espera de todos los consultorios médicos de Alemania. Estas publicaciones formaron parte importante de la infame leyenda de “la puñalada por la espalda” que constituyó el caldo de cultivo para el odio, el revanchismo y los crímenes inhumanos que se desencadenaron antes y después de la caída de la República de Weimar.
La capitulación durante la contienda de 1914-1918 fue exclusivamente resultado de un pedido desesperado del Alto Mando Alemán (con Ludendorff a la cabeza) ante la desintegración y derrumbe de sus fuerzas. Sin embargo, los responsables de la carnicería promovieron una leyenda que sostenía que los militares no habían sido derrotados en los campos de batalla sino por la traición de la retaguardia, de los políticos socialdemócratas, los marxistas, los judíos y los pacifistas, que además habían suscrito el rigurosísimo Tratado de Versalles. De este modo, el militarismo prusiano que había tirado la toalla para concentrarse en sofocar la revolución, eludió su responsabilidad en los desastres que había provocado y creó las condiciones para el surgimiento del nazismo y para volver a matar.
Lehmann también hizo mucho dinero publicando varios textos de medicina. La agudeza mercantil y política del editor contribuyó al éxito de autores como el psiquiatra Alfred E. Hoche[12]. Pocos años después (en 1920 y en la editorial S. Meisner de Leipzig) ese mismo sujeto fue coautor, con Karl Binding, de Die Freigabe der Vernichtung lebensunwerten Lebens (La legalización de la destrucción de vidas sin valor)[13].
Sus concepciones políticas reaccionarias hicieron que el millonario editor sufriera dos breves detenciones: la primera durante la República de Munich[14]. Una vez liberado se unió a las bandas de paramilitares protofascistas y ultranacionalistas (Freikorps) que ejecutaron sangrienta venganza contra los revolucionarios espartaquistas y sus seguidores, reales o supuestos. Durante su segundo arresto fue acusado de sedición contra el gobierno republicano pero sin consecuencias. Después de este benévolo tratamiento por parte de la justicia continuó su actividad sin interrupciones.
El 9 de noviembre de 1923, su mansión en Munich, sirvió de base durante el golpe de Estado que intentó Hitler. En ella, Rudolf Hess y cuarenta de los suyos mantuvieron secuestrados a ministros del gobierno bávaro. Hitler y Lehmann se encontraron en los primeros años del movimiento nazi y en 1924 el editor publicó en el Nº8 de su Deutschlands Erneuerung un artículo donde aquel justificaba su intento insurreccional y exigía “la patriótica destrucción de hasta el último marxista”.
En 1933, la Editorial Lehmann publicó la Gesetz zur Vehrütung erbkranken Nachwuchses (Ley para la prevención de descendencia de los genéticamente discapacitados) cuyos autores fueron Gütt, Rüdin y Rüttke, y otros textos similares de la Asociación Médica Alemana que fueron distribuidos a todo el cuerpo médico.
            El tercer rubro importante de su actividad editorial (además de las obras de medicina y las militaristas y ultranacionalistas) fue el de la literatura que promovía la eugenesia y el racismo. Ya en 1909, Lehmann publicó su primer obra racista. En 1911 publicó el catálogo de la Exposición Internacional de Higiene que se llevó a cabo en Dresden. En la misma, el psiquiatra suizo Ernst Rüdin, discípulo de Bleuler y Kraepelin, y Max von Gruber, un médico proponente del “mejoramiento de la raza”, mantuvieron una sección de eugenesia.
Todos ellos eran seguidores de Auguste Forel (responsable de la primera esterilización de pacientes psiquiátricos, en 1892, en el infame manicomio de Burghölzli[15]) quien permanentemente señalaba que varios líderes de la Comuna de París de 1871, habían terminado sus vidas en manicomios suizos.
El movimiento eugenicista que promovía el más crudo racismo y clasismo, practicaba un terrorismo pseudocientífico a propósito de la “degradación de las razas puras” y contra los movimientos sindicales y políticos que amenazaran el statu quo. El grupo de amigos, patrocinadores y protegidos de Lehmann incluía a Max von Gruber[16], Kraepelin, Ernst Rüdin[17] y Alfred Ploetz, en una primera instancia. Más adelante se sumaron Fritz Lenz[18], Erwin Baur[19] y Eugen Fischer[20].
Bleuler fue parcialmente cómplice en los crímenes de sus colegas desde que había declarado que los pacifistas que se oponían a la Primera Guerra Mundial eran agitadores irresponsables y se había encargado de mantenerlos internados en el manicomio Burghölzli. Uno de sus ayudantes señalaba que esos “pacientes”, animados por el éxito de la Revolución Rusa de 1917, se habían transformado en “apóstoles insanos de la paz y opositores a la guerra”. Desde 1923, Bleuler prologó y elogió las obras de Lenz que propendían francamente al genocidio.
Capitostes nazis como Arthur Gütt, Walther Darré, Heinrich Himmler y otros, integraron junto con J.F. Lehmann el comité editorial de Volk und Rasse (Pueblo y Raza) una revista que apareció por primera vez en 1926. Lehmann fue homenajeado por su copartidarios cuando cumplió 70 años y recibió la condecoración denominada Escudo del Águila del Tercer Reich. Su empresa siguió funcionando después de 1945 y treinta años más tarde fue absorbida por otra firma alemana pero las líneas editoriales que cultivó y especialmente la psiquiatría social han seguido operando hasta la actualidad.
Los psiquiatras y psicólogos que respaldaron los crímenes del nazismo y muchos de los que los llevaron a cabo siguieron ejerciendo impunemente hasta su retiro. A su vez hicieron escuela y sus discípulos están activos, no solamente en Alemania y Suiza sino en todo el mundo. Esta transición y el rostro actual de la llamada psiquiatría social que hemos señalado antes serán motivo de artículos venideros.






[1] Julius Friedrich Lehmann (1864, Zurich – 1935, Munich) editor de literatura médica y activista político de ultra derecha. Nació en Suiza pero en 1890 se mudó a Alemania compró, el "Münchener Medizinische Wochenschrift" revista médica que pronto transformó en la publicación más difundida. Sus publicaciones difundieron sistemáticamente las ideas que respaldaron los crímenes nazis, por ejemplo la esterilización forzada de los “seres inferiores”.
[2] Peter Lehmann  (n.1950) editor y autor berlinés referente de la antipsiquiatría humanística. Creó, en 1986, su propia editorial The Peter Lehmann Publishing House que no tiene conexión alguna con la industria farmacéutica, con organizaciones dependientes de ésta, con la Cienciología u otras sectas o dogmatismos de cualquier tipo. Más allá de la salud nada es más valioso que la libertad y la independencia sostiene P. Lehmann y los libros que difunde se sustentan en las convicciones fundamentales que siguen: 1) la psiquiatría, como disciplina científica no puede hacer justicia a la expectativa de resolver los problemas mentales que son mayormente de naturaleza social; 2) la propensión de la psiquiatría a usar la fuerza es una amenaza y 3) sus métodos diagnósticos obstruyen la visión de los reales problemas de los individuos en la sociedad. Lehmann es Doctor Honoris Causa de la Universidad de Tesalónica en Grecia y ha recibido la Orden al Mérito de la República Federal de Alemania, entre otros reconocimientos internacionales por su obra.
[3] Trabajo publicado en Changes – An International Journal of Psychology and Psychotherapy (Inglaterra), Vol.12 (1994), Nº 1, pp.37-49. Fue traducido del alemán por Peter Stastny (de  Psychologie und Gesellschaftskritik, Vol.18 (1992), N. 62, pp. 69-79.).
[4] Depot es un término farmacológico que se aplica a una sustancia que se inyecta o implanta, cuyo principio activo se libera lentamente a lo largo de días o meses (por extensión se emplea para efectos de acción gradual, sostenida o retardada).
[5] Emil Kraepelin (1856 - 1926) psiquiatra alemán considerado como el fundador de la psiquiatría científica moderna, la psicofarmacología y la genética psiquiátrica y como principal paladín del positivismo en la ciencia oficial. Kraepelin sostuvo que las enfermedades psiquiátricas son causadas principalmente por desórdenes biológicos y genéticos. Sus teorías y clasificaciones dominaron el campo de la psiquiatría desde principios del siglo XX. Se opuso a  las concepciones de Sigmund Freud.
[6] Rosa Luxemburgo (187115 de enero de 1919), militó activamente en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), hasta que en 1914 se opuso radicalmente a la Primera Guerra Mundial, por considerarla un enfrentamiento entre imperialistas. Integró la Liga Espartaquista, origen del Partido Comunista de Alemania (KPD). Tomó parte en la frustrada revolución de 1919 en Berlín, aun cuando este levantamiento tuvo lugar en contra de sus consejos. La revuelta fue sofocada con la intervención del ejército y la actuación de los freikorps (grupos de paramilitares reclutados entre los excombatientes recién desmovilizados y pagados por los industriales y banqueros). Cientos de personas, entre ellas Rosa Luxemburgo, fueron encarceladas, torturadas y asesinadas por dichos grupos.
[7] Karl Liebknecht (1871 - Berlín, 15 de enero de 1919) cofundador con Rosa Luxemburgo de la Liga Espartaquista y del Partido Comunista de Alemania. Se opuso a la Primera Guerra Mundial y participó en el Levantamiento Espartaquista, en 1919. Luxemburgo y Liebknecht fueron asesinados.
[8] Erich Kurt Mühsam (1878 – 1934) escritor, periodista, poeta y dramaturgo. Como actor de cabaret, alcanzó fama internacional durante los años de la República de Weimar por obras que condenaban el nazismo y satirizaban la figura de Adolf Hitler, poco antes de la llegada de este al poder en 1933. Participó en la Revolución alemana de 1918-1919. Murió el 10 de julio de 1934, asesinado por las SS en el campo de concentración de Oranienburg.
[9] Ernst Toller (1893-1939), poeta, dramaturgo y revolucionario alemán de origen judío. Participó en la Liga Espartaquista y escribió varias obras expresionistas. Toller combatió en la Primera Guerra Mundial y terminada la misma participó en la República Soviética de Baviera. En 1933, tras la toma del poder por los nazis, emigró a América del Norte donde se suicidó en 1939.
[10] Paul Eugen Bleuler (1857- 1939) psiquiatra y psicólogo suizo conocido por su definición de la esquizofrenia y del autismo como entidades nosológicas. Durante décadas dirigió el manicomio suizo Burghölzli. Inicialmente vinculado al desarrollo del psicoanálisis, se separó de Freud e intentó conciliar las teorías de este con las de Wilhelm Wundt, el psicólogo experimental alemán. Carl Gustav Jung fue ayudante de Bleuler. En 1935, Bleluler escribió un ensayo a favor de la eutanasia para aliviar el sufrimiento individual pero al mismo tiempo argumentaba en contra de la misma para aliviar penas comunitarias. También produjo un ensayo sobre la “idiocia moral” basado en un estudio de todos los parlamentos europeos.
[11] Auguste Forel (1848 - 1931) entomólogo, neuroanatomista, sexólogo y psiquiatra suizo. Conocido por sus trabajos sobre las hormigas, fue uno de los pioneros de la sexología  y de la lucha contra el alcoholismo. Profesor en la Universidad de Zurich y director de la clínica psiquiátrica de 1879 a 1898. Principal promotor del eugenismo en Suiza, practicó esterilizaciones forzadas.

[12] Alfred Erich Hoche (1865 - 1943) psiquiatra alemán conocido por sus ensayos sobre eugenesia y eutanasia.
[13] El jurisconsulto Karl Binding (1846-1920) y el psiquiatra Alfred Hoche (1865-1943)  argumentaron en esa obra  favor de la eutanasia de ciertas poblaciones: los enfermos mentales, los discapacitados físicos y otras, como genéticamente peligrosas y financieramente onerosas para la sociedad y ofrecieron un fundamento presuntamente legal y científico para eliminarlos. Su argumento provocó considerable oposición pero tuvo decisiva influencia en el desarrollo del programa genocida Aktion T-4 que los nazis llevaron a cabo.
[14] La República de los Consejos de Baviera o República Soviética de Baviera (en alemán: Bayrische Räterepublik, también llamada Münchner Räterepublik), fue una breve administración revolucionaria que consistía en una serie de consejos obreros, campesinos y soldados federados y un gobierno coordinador que fue formada en Baviera, durante los primeros días de la República de Weimar, tras la derrota del país en la Primera Guerra Mundial. En abril de 1919 ocurrió el intento de transformar la República de Baviera, en una administración socialista, bajo la forma de una "democracia de consejos" al estilo soviético, después del asesinato del presidente Kurt Eisner por un ultranacionalista de derechas, en febrero de 1919. Este intento se mantuvo desde el 7 de abril al 3 de mayo de 1919.

[15] Hospital Psiquiátrico de la Universidad de Zúrich, localizado en Burghölzli, una colina boscosa. El manicomio fue construido en 1870. Hasta 1879, el hospital tuvo tres directores. Todos ellos ejercieron la medicina desde bases biológicas, con patología cerebral y la fisiología era el centro de sus investigaciones. Auguste Forel (1848-1931) fue el cuarto director de Burghölzli, y pasó casi veinte años desempeñando su puesto. Bajo su mando, el hospital comenzó a ganar reconocimiento como centro de la psiquiatría clásica. Forel combinó el enfoque de la psiquiatría francesa con la despiadada orientación biológica del pensamiento psiquiátrico de la escuela alemana. En 1898, Eugene Bleuler (1857-1939) llegó a ser el director hasta 1927. Además de Carl Jung, muchos renombrados psiquiatras pasaron parte de su carrera en Burghölzli, incluyendo, entre otros, a Karl Abraham (1877-1925), Ludwig Binswanger (1881-1966), Hermann Rorschach (1884-1922) y Franz Riklin (1878-1938).
[16] Max von Gruber (1853-1927) psicólogo austríaco que se dedicó a la “higiene racial” y la sexología. Aunque ideológicamente era derechista y reaccionario, es recordado por los comentarios racistas que hizo como perito, cuando Hitler fue juzgado por su intento de golpe de Estado, en 1923.  Describió al futuro Führer así: “era la primera vez que veía  Hitler de cerca. Rostro y cráneo de tipo inferior, bastardo; frente baja y retrógrada, fea nariz, amplios pómulos, ojos pequeños, cabello oscuro. Expresión que no corresponde a un hombre que ejerce autoridad en perfecto autocontrol sino en excitación delirante. En definitiva una expresión de egotismo satisfecho”.
[17] Ernst Rüdin (1874 – 1952), psiquiatra y eugenicista suizo que se convirtió en el principal experto y responsable de las teorías racistas del nazismo. Junto con su cuñado Alfred Ploetz (fanático de la higiene racial y el darwinismo social) desarrolló el concepto de “pronóstico genético empírico” de las enfermedades mentales y sobre genética de la esquizofrenia en 1916.  Entre 1917 y 1945 fue Director del Departamento Genealógico- Demográfico del Instituto Alemán de Investigación Psiquiátrica en Munich. Dirigió uno de las primeras instituciones de investigación eugenésica (“mejora de la raza”), el Instituto Kaiser Guillermo, también el Instituto Max Planck de Investigación Cerebral en Frankfurt y la Sociedad Alemana de Higiene Racial que promovió el genocidio. Fue uno de los progenitores de la ideología nazi, condecorado por Hitler. Aunque fue el principal asesorar en la “eliminación de las razas e individuos inferiores”. Increíblemente apenas fue detenido en 1945 y liberado al año siguiente por gestiones del Instituto Max Planck. No fue juzgado en Nuremberg, donde debía habérsele sentenciado a la horca por su terribles crímenes y siguió ejerciendo tranquilamente hasta su muerte en la República Federal Alemana.
[18] Fritz A Lenz (1887 - 1976) genetista nazi alemán, especialista en “higiene racial” (eugenesia) durante el Tercer Reich. Desarrolló el “racismo científico” que sirvió la base al genocidio a partir de las Leyes de Nuremberg de 1935. Discípulo de Ploetz (el cuñado de Rüdin) fue el encargado de publicar los “Archivos de Biología Social y Racial” entre 1913 y 1933. En 1923 fue el primer catedrático de eugenesia en Munich. En 1933 cuando Hitler se hizo del gobierno, Lenz se instaló en Berlín para dirigir el flamante Departamento de Eugenesia del Instituto Kaiser Guillermo de Antropología, Herencia Humana y Eugenesia. Se especializó en la trasmisión de enfermedades hereditarias humanas y “salud racial”. Publicó obra con sus compinches Baur y Fischer, en 1936. Jugaron un papel preponderante en las medidas para eliminar a los seres inferiores o “vidas carentes de valor” (Lebensunwertes Leben). Siendo Director del Instituto Kaiser Guillermo, Lenz se afilió al Partido Nazi en 1937. Después de la caída del Tercer Reich siguió desempeñándose tranquilamente como Profesor de Genética de la Universidad de Goettingen (en Baja Sajonia, primero zona de ocupación británica, después República Federal Alemana). Cuando se le echó en cara su pasado como criminal nazi insistió en que las teorías eugenésicas habían sido científicamente comprobadas. Murió en su casa a los 89 años. Debió haber sido ahorcado en Nuremberg.
[19] Erwin Baur (1875 – 1933) genetista y botánico alemán considerado como el padre de la herencia de los plástidos y la virología de las plantas. Su obra racista acerca de los humanos (entre 1921 y 1932) fue inspiración decisiva para las ideas biológicas que Adolf Hitler incluyó en Mein Kampf. 
[20] Eugen Fischer (18741967) profesor nazi de medicina, antropología y eugenesia (Friburgo, Wurzburgo). Durante la Segunda Guerra Mundial fue el responsable de la “higiene racial” aplicada para enviar a judíos, gitanos y prisioneros a los campos de exterminio. También consideraba racialmente defectuosos a los bastardos y a los enfermos mentales. Después de la caída del Tercer Reich continuó tranquilamente con su carrera académica y murió en su casa a pocos días de cumplir 93 años. Debió ser juzgado por su responsabilidad directa en el genocidio y ahorcado en Nuremberg.