miércoles, 6 de marzo de 2013

Ética en la investigación científica y en las universidades



“EL PAPEL DE LA ÉTICA EN LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
Y LA EDUCACIÓN SUPERIOR”[1] RESEÑA
Lic. Fernando Britos V.[2]
RESUMEN
Si el tema que obra en el título de este libro no es asumido en forma decidida en el ámbito universitario de nuestro país no podremos resolver los grandes desafíos que nos plantea el desarrollo científico y la universalización de la educación superior. Es innegable que se han producido importantes aportes a los problemas éticos en el medio académico uruguayo y que muchos trabajan incansablemente para difundir los principios de la ética aplicada, por definición controversiales y complejos, en la docencia y la investigación de cada día. Sin embargo falta un empuje institucional, multidisciplinario, multisectorial, transparente e incluyente para que tantos esfuerzos fructifiquen. Debemos estar agradecidos a la Academia Mexicana de Ciencias la que, al organizar en el 2003, el simposio que dio origen a este libro nos marca el camino a seguir. No es un manual, no es un texto sentencioso y preceptivo, no es un paracaídas profesional o corporativo. Es una recopilación práctica y estimulante que nos interroga, ¿qué hemos hecho?, ¿qué debemos hacer? Ahora nos toca mover.
INTRODUCCIÓN
Porqué de esta reseña - Reseñar una obra colectiva importante, cuya primera edición data del año 2003 y que no ha vuelto a publicarse desde hace ocho años, merece algunas consideraciones previas. El Uruguay y especialmente la Universidad de la República parecen necesitar una reflexión y una acción institucional sobre este tema. En efecto,  el papel de la ética es esencial para la promoción eficaz de la investigación científica, para el desarrollo de la educación superior y para la gestión del conocimiento.
Coyunturalmente una pequeño nación latinoamericana transita una bonanza económica y desde hace varios años trabaja con un proyecto de país en el que educación y creación científica son pilares estratégicos fundamentales. La realidad exige una mirada sin complacencias sobre algunos de nuestros presupuestos o sobre las desigualdades y atrasos relativos que tenemos en estos campos en relación con los desafíos de la época, con nuestras propias aspiraciones como país y con los avances que han alcanzado las naciones hermanas, tanto próximas como lejanas, de América Latina y del mundo.
Esta reflexión sobre ética aplicada[3] es el ingrediente clave para que los grandes esfuerzos que se vienen realizando para el desarrollo científico, la socialización del conocimiento y el perfeccionamiento de la Universidad de la República, adquieran sentido y arraiguen en las nuevas generaciones.
Ética y gestión del conocimiento - Por  lo común, se piensa que los grandes problemas en materia de educación y desarrollo se encuentran en la calidad y resultados de la enseñanza primaria, secundaria y técnico-profesional. La Universidad de la República - que sigue siendo la casi exclusiva generadora del conocimiento científico, formadora de la gran mayoría de los profesionales y técnicos del país y proveedora de buena parte de los cuadros especializados que requiere el sector público y privado – para muchos parece estar al margen de turbulencias y problemas, reales o supuestos, en su área.
Esta falta de interés relativo se corresponde, aproximadamente, con el acceso de gobiernos de izquierda, a partir del 2005. En la interna, en tanto,  se promueve una Segunda Reforma Universitaria cuyos frutos son de difícil evaluación y cuyo debate no ha trascendido el entorno de la propia Universidad. Esto último no por falta de empeño de los promotores sino más bien por la falta de interés de todos los partidos y sectores políticos, sin excepción. En todo el espectro político no hay quien “piense” la Universidad. Esta falta de deliberación, de interacción y aún de cuestionamiento tiene, para el tema que ahora nos importa, dos consecuencias perniciosas: por un lado encapsula la problemática distanciándola del juego de la participación democrática y por otro lado, no permite la producción de cambios reales en la gestión del conocimiento como tema fundamental para cualquier sociedad.
Neogerencialismo y universidades - La preocupación por la ética en la investigación científica y la educación superior es – como veremos – la piedra angular de la gestión del conocimiento, es decir de la producción, socialización y adecuación del conocimiento en su sentido más amplio.
A nivel mundial, en la segunda mitad del siglo pasado, la ofensiva del neoliberalismo económico, produjo el auge del gerencialismo y el neogerencialismo, modalidades de gestión basadas en la trasposición a la gestión del conocimiento y al manejo de las universidades y de los proyectos científicos de los principios de gestión de la empresa privada y especialmente los de las grandes corporaciones.
De este modo, se entronizó el eficientismo y el utilitarismo, la administración por resultados, el individualismo y la competencia en sustitución de la cooperación. Se promovió la maximización del rendimiento y la rentabilidad de las inversiones a toda costa. La búsqueda de una excelencia abstracta y más o menos inmediata, el sistema de “estrellas de la ciencia” a través de premios y prestigio, etc. pasaron a ser las claves del éxito.
No profundizaremos ahora sobre las características que el neogerencialismo adoptó en el Uruguay pero no podemos soslayar la importancia que tuvo y que tiene en materia de gestión del conocimiento. Baste señalar que la masificación de la enseñanza terciaria y universitaria; el surgimiento de las universidades privadas y confesionales -  en los últimos meses de la dictadura -; la mercantilización de la enseñanza terciaria y superior;  la proliferación de carreras con muy baja sino inexistente inversión y sin el acompañamiento de investigación básica y aplicada; la creación de Facultades con el propósito instrumentalista de ofrecer títulos habilitantes; la aparición de posgrados de calidad dudosa (en el marco de una proliferación imprescindible de la oferta); la distorsión o inexistencia de verdaderas carreras (en docencia y en investigación) en numerosas disciplinas, son en gran medida acompañantes cuando no efectos del neogerencialismo aplicado a la gestión del conocimiento y la educación superior.
Los intentos enmarcados en las políticas neoliberales de quienes gobernaron el país en los 20 años previos al 2005, se centraban, por ejemplo, en imponerle a la Universidad de la República el cobro de matrícula. No prosperaron pero hicieron un ingreso lateral y circunscripto con la imposición del mal llamado Fondo de Solidaridad (una especie de impuesto a los títulos profesionales expedidos por la Universidad de la República que opera como una gravosa matrícula retroactiva).
La ciencia aséptica y la cueva del Minotauro weberiano – La influencia del neolberalismo sobre la educación superior y la gestión del conocimiento no ha sido realmente analizada ni debidamente criticada por la mayoría de los actores universitarios, los legisladores o el Poder Ejecutivo. Esto ha permitido que algunas concepciones generales se mantengan e incluso que sobrevivan en los nuevos desarrollos.
Es lo que Alvin Gouldner [4] denominaba “una ciencia desprovista de valores”, pretendidamente neutral, aséptica, que no toma partido. Esto es especialmente grave en las ciencias sociales, humanas y de la salud y conduce a “la cueva del Minotauro” donde docentes e investigadores se pierden y experimentan una amnesia que los abstrae de las circunstancias históricas y sociales, de cualquier praxis concreta que vaya más allá del mero funcionalismo, conductismo o cognitivismo.
En un campo práctico típicamente universitario, el individualismo y la irresistible presión de los sistemas de selección y promoción de los docentes e investigadores agrava algunos viejos vicios, comunes en las universidades de todo el mundo desde sus orígenes medioevales cuando campeaba el patrimonialismo feudal.
Nos referimos a la competencia perversa entre actores universitarios, al desarrollo de curias de poder y camarillas, padrinazgos, complacencias cruzadas, a la endogamia[5], a la irresistible presión del  “publica o muere”, a la distorsión y perversión de la evaluación por pares[6], a la utilización de los estudiantes (de grado, posgrado y posdoctorado) como mano de obra benévola o como claques cortesanas por parte de catedráticos e investigadores, a la creación de fondos opacos o “fundaciones” para el manejo discrecional de rubros extrapresupuestales, a las acreditaciones profesionales e institucionales acomodadas por razones políticas o de “intercambio de favores”, al desvío de fondos públicos o contribuciones privadas para el enaltecimiento personal de algunas estrellas o para la “fabricación” de premios y galardones, al secretismo en cuanto a los procedimientos, a la falta de solidaridad y desconsideración acerca de los sujetos que participan en las investigaciones así como hacia los colaboradores, colegas e instituciones.
Finalmente, en los últimos círculos se encuentran las formas dolosas del plagio, el robo del trabajo intelectual, la falsificación de datos y la adulteración de resultados y todas las formas de fraude, despojo y degradación[7] a los que puede conducir la codicia, las ansias de fama y poder, la soberbia y el descaecimiento moral  de las personas, fenómenos de los cuales, como se sabe, nadie está exento y mucho menos los universitarios que, en cualquier sociedad, gozan de oportunidades debidas al esfuerzo de la comunidad y por tanto están moralmente obligados a un compromiso profundo e integral con ésta.
Los desafíos éticos que se plantean no deben ser eludidos porque soslayarlos hace mucho más trabajosos los intentos por desarrollar una verdadera carrera docente[8], la promoción de la investigación científica y el desarrollo de los recursos humanos que necesita la Universidad del siglo XXI.[9]
Competitividad económica y sobre todo dignidad social - Entre nosotros, sin perjuicio de que muchos de dichos males operan, en forma discreta o manifiesta, se agregan otros, propios de nuestras características y de nuestra historia. Estos incluyen una subvaloración salarial del trabajo universitario en general: la Universidad de la República paga muy mal a sus docentes y funcionarios desde hace décadas. El proceso de deterioro comparativo, en relación, con cualquier país latinoamericano y especialmente con los del Cono Sur nos ubica en los últimos lugares[10].
Los salarios universitarios están por debajo de los que se pagan en la región y entre las dependencias públicas, la Universidad de la República se ubica muy por debajo del promedio nacional, únicamente precedida en esta tabla del descenso por el Ministerio de Transporte y Obras Públicas y por el Ministerio de Defensa[11]. Las universidades privadas en el Uruguay pagan salarios aún más bajos y someten a sus docentes a condiciones excluyentes (por ejemplo exigiendo “exclusividad” a algunos profesores y negociando individualmente las remuneraciones de cada docente).
A partir de tan magras remuneraciones es muy difícil conformar equipos docentes y mantener investigadores. Esto se consigue a costa de grandes sacrificios que realizan los docentes y funcionarios, especialmente los jóvenes, que deben practicar el multiempleo y formas esterilizantes de trabajo a destajo, aunque por detrás de las bajas remuneraciones y de la limitación de las oportunidades (ausencia de verdaderas carreras en la Universidad) se advierte siempre la sombra de la emigración forzada.
Las bajas remuneraciones y sobre todo la falta de reconocimiento simbólico concreto ha llevado al desarrollo de “complacencias cruzadas”. La más típica pero no la única de estas complacencias fue formulada, en un arranque de “picardía callejera” por el Dr. Luis Alberto Lacalle, que se refería a los servidores públicos, cuando era Presidente de la República diciendo: ”ellos hacen como que trabajan y yo hago como que les pago”.
La penuria de las bajas remuneraciones y de las malas condiciones de trabajo generan dilemas y problemas éticos porque los términos de intercambio suponen concesiones inadmisibles para las dos partes. Por ejemplo, en muchos servicios universitarios los docentes no registran asistencia ni presencia o lo hacen por la mitad del tiempo que se les paga.
Sin embargo, “la dignidad del docente universitario no está en ganar más haciendo menos sino que, por el contrario, la dignidad se consigue con responsabilidad y compromiso” (Carlos Moreno 2008)[12].
El hacer la vista gorda como sistema se extiende como las manchas de petróleo en el mar y contamina otros campos de la acción. El nivel de exigencias se deteriora y el principio constitucional que establece que “el funcionario es para el cargo y no el cargo para el funcionario” resulta vulnerado lo que conduce a distintas formas de corrupción.
Los mecanismos para “compensar” la mala paga suelen manejarse en forma arbitraria por lo que adquieren la forma de privilegios. De este modo se vulnera la carrera docente mediante el abuso en la creación de cargos de confianza, la proliferación de interinatos (en desmedro de las designaciones en carácter titular que aunque por periodos limitados suponen mayor estabilidad  que precarizan el trabajo docente porque si bien pueden ser renovados también pueden ser cesados sin expresión de causa en lapsos breves.
Algunas veces los sistemas de promoción docente están inficionados  por el espíritu de curia o camarilla que fomenta el conformismo con jerarcas todopoderosos en su nicho institucional y erosiona la transparencia, la confianza y el espíritu crítico necesarios para un fuerte desarrollo de equipos de docencia e investigación. En forma parecida, las curias o camarillas son un obstáculo para la promoción de actividades interdisciplinarias,  multidisciplinarias e interinstitucionales porque acentúan las relaciones verticales y los enfeudamientos.
También sufre por esta razón la eficacia de los organismos colectivos y de cogobierno que pueden tender a ser manejados por  tecnócratas neogerenciales ajenos a las carreras funcionariales (docentes y no docentes).  Lo primero que el neogerencialismo de estirpe neoliberal  se plantea es destruir, en forma más o menos solapada, la carrera funcionarial insertando sus “cuadros tecnocráticos” en todos los procesos de toma de decisiones.
Cooperación o competencia - Desde el punto de vista de la psicodinámica del trabajo[13] el efecto más pernicioso de la sustitución neoliberal de la cooperación por la competencia en materia de organización, se refleja en la Universidad en distorsiones de las relaciones entre estudiantes y docentes y entre docentes. Naturalmente estas distorsiones muchas veces se han “naturalizado” o no tienen gran notoriedad. Por ejemplo, la competitividad exacerbada produce un fenómeno paradojal sobre la formación de grado y de posgrado.
Desde el punto de vista institucional la Universidad de la República está trabajando para mejorar en cantidad y calidad su oferta de estudios de posgrado, La proliferación de diplomas, maestrías y especializaciones es relativamente reciente en la mayoría de las Facultades. Dado que los ” verdaderos” doctorados (equivalentes a los PhD anglosajones) son escasos existe una carencia de docentes como para desarrollar esa formación.
Esto refuerza, en algunos casos, la existencia de determinadas curias o nichos académicos ocupados por quienes han tenido, con cuentagotas,  la posibilidad de culminar un doctorado en el extranjero. Quienes lo han hecho en los E.U.A., Francia, Gran Bretaña, Alemania u otros europeos, tienen una baja tasa de retorno al país. Quienes se han doctorado en Argentina o Brasil presentan una tasa más elevada y están nutriendo los cuerpos docentes pero, en todo caso, incluyen su formación dentro del margen de competitividad  y “estatus científico” que procuran mantener a brazo partido.
Algunas Facultades desarrollan, de hecho, posgrados exclusivos para sus egresados lo cual afecta seriamente la interdisciplinariedad y la transversalidad de la formación universitaria. La nueva jerarquización de los títulos hace que algunos de los docentes que han conseguido obtener su doctorado se dediquen, sistemáticamente, a desvalorizar los estudios de grado y a presentarse como “ejemplos” del camino a seguir.
Economía y prestigio - Naturalmente en la política de promoción de posgrados existe un factor económico notable. La mayoría de los mismos, en la universidad pública son pagos,  de modo que al tiempo que se levanta una barrera para cursarlos (esterilización de la demanda) aumenta su “prestigio”. De este modo, quienes han “llegado” a ser docentes de cursos de posgrado no solamente desvalorizan los estudios de grado sino que están efectuando una autopromoción con fines económicos.
Algo similar sucede con los cursos de actualización o formación permanente dirigidos a los egresados. En algunos servicios universitarios esta es una fuente importante de proventos que no solo se recaudan entre los egresados que concurren sino entre empresas privadas que patrocinan las actividades y pagan generosamente por la publicidad que efectúan entre los profesionales. En la gran mayoría de los casos el control y la contabilidad de estas actividades escapa a los mecanismos regulares de la Universidad y a veces ni siquiera pasa por algunas de las “fundaciones” que operan como fondos paralelos que eluden al Tribunal de Cuentas de la República [14].
Actos y consecuencias – El debilitamiento de las relaciones de cooperación y de las evaluaciones colectivas (para jerarquizar las evaluaciones individuales) junto con el incremento de la competencia, junto con las presiones difícilmente resistibles del sistema de “estrellas”  (docentes estrella, científicos estrella) producen el medio apto para la proliferación de infracciones a la ética, ya sea bajo la forma de deslices y errores, de faltas y de delitos (discriminación, ocultamiento de información, zancadillas, exageración de los méritos, inflación de los currículos, manipulación de estudiantes y colegas, plagio, fraude, estafas, hurtos, etc.).
La falta de una respuesta colectiva, institucional, no quiere decir que estos problemas no sucedan en nuestro medio. Su identificación y análisis, la consideración de los dilemas éticos concretos son fundamentales para prevenir las infracciones a la ética, corregir los daños que produce, fortalecer la formación de los estudiantes y egresados y restablecer la cooperación entre investigadores y trabajadores científicos.[15]
La ética como práctica cívica -  Aunque las infracciones a la ética sean hechos aislados o pueda existir una divergencia importante en cuanto a los alcances de determinadas actitudes, es preciso señalar el atraso relativo que existe en materia del análisis de los dilemas éticos en la investigación científica y en la educación superior. La medicina, la psicología y algunas otras profesiones cuentan con normas deontológicas bajo la forma de códigos de ética. Asimismo la ética y especialmente la bioética, es decir la aplicada a las ciencias de la salud, ha tenido cierta difusión, por cierto muy encomiable. Sin embargo, muchos compartimos la idea de que los códigos de ética, el conjunto de normas preceptivas, sirve para que las personas que se manejan según valores lo sigan haciendo pero son limitados como herramientas formativas y preventivas para quienes ingresan a la educación superior o se inician como investigadores o para impedir la acción de quienes violan los principios éticos [16].
La institucionalización de la ética parece  requerir, en primer término, un relevamiento de las dimensiones del problema, de la situación en que nos encontramos según la experiencia internacional y nuestras necesidades en la materia. En segundo lugar parecería que se impone el establecimiento de un ámbito de reflexión y de intercambio apelando a la experiencia acumulada y la Universidad de la República tiene las condiciones necesarias para impulsar la creación de este ámbito, a nivel nacional e incorporando a todos los que se interesan en la temática.
Finalmente, la institucionalización debe favorecer  una revitalización de la ética en todos los planos comprendidos aquellos donde se refleja la banalización del mal y de la injusticia social. En suma, se hace necesario integrar este esfuerzo en un marco de asunción de nuestras diferencias, la superación de las desigualdades y el restablecimiento de la comunicación a través del diálogo y la discusión. Esto es lo que Victoria Camps[17] considera como un deber cívico y en este camino la obra que Aluja y Birke coordinaron resulta una brújula eficaz.

EL CORAZÓN DE UNA OBRA COLECTIVA
El Dr. Martín Aluja Schuneman Höfer, es un entomólogo mexicano (actualmente Director del Instituto de Ecología del Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de su país). Se doctoró en ecología del manejo de insectos y control de plagas en la Universidad de Massachusetts y realizó estudios de posdoctorado en Suiza. La Mgr. Andrea Birke es colaboradora del Dr. Aluja, se licenció en Biología Terrestre en la Universidad de Veracruz y es Magister en Ciencias (Neuroetología) (2006-2008).
Ambos coordinaron esta obra patrocinada por la Academia Mexicana de Ciencias, cuyos catorce capítulos fueron desarrollados por veinticinco autores, en 367 páginas. Al principio – advierten los coordinadores en el prefacio -  se plantearon crear una obra de consulta, escrita mayormente en español, acerca de la situación actual de la integridad científica y el papel de la ética en la investigación y la educación superior. Les interesaba evaluar la situación en México pero rápidamente se dieron cuenta que se trataba de un tema universal que no podía estar circunscripto a un solo país.
Tres de estos capítulos deben considerarse como el corazón de la obra: el primero se titula Los aspectos éticos de la ciencia moderna. Su autor el Dr. Hugo Aréchiga (1940-2003) fue el mentor de varios de los autores, referente en la materia y una destacada personalidad científica y universitaria mexicana, prematuramente fallecido antes de que la obra fuera publicada.
Aréchiga advierte que “el conocimiento científico ha sido tradicionalmente un bien público producto de la libre discusión de ideas, creado y difundido con veracidad y orientado al beneficio comunitario”. En la sociedad basada en el conocimiento la ciencia posee un valor estratégico en el desarrollo de los países y adquiere un valor comercial lo que plantea desafíos formidables a la estructura ética de la ciencia.
Según el autor es imperativo para la comunidad científica la formulación y aplicación de códigos de comportamiento ético cada vez más explícitos que deben ser definidos de acuerdo con principios generales y con modalidades culturales propias, deben contar con mecanismos para vigilar su cumplimiento y para sancionar y prevenir las infracciones.
Paulette Dieterlen [18] es autora del capítulo titulado “Preocupaciones sobre el papel de la ética en la investigación científica y le educación superior en México. Una perspectiva filosófica” (pp. 67-85). La Dra. Dieterlen desarrolla seis temas, a saber, la tendencia a eliminar la ética del discurso científico que imperó en los siglos XVIII y XIX; en segundo lugar como vuelven a encontrarse la ética y la ciencia en el siglo XX; en tercer lugar considera dos corrientes de la ética “que más se han acercado a los problemas de la ciencia”: el utilitarismo y el deontologismo; en la cuarta parte se refiere a confusiones que suelen surgir al abordar estos temas y una “mala actitud”; en quinto lugar expone un método ético de equilibrio reflexivo (herramientas para que alumnos e investigadores puedan abordar, desde el punto de vista ético, los problemas planteados) y, por último, destaca que la enseñanza de la ética debe ir acompañada de la conciencia de que “nuestras prácticas se dan en el contexto de una sociedad sumamente desigual”.

El tercer capítulo corresponde a los coordinadores de la obra, Aluja y Birke, y se titula precisamente “Panorama general sobre los principios éticos aplicables a la investigación científica y la educación superior” (pp.87-143). Este útil panorama fue elaborado a partir de una revisión de la literatura científica sobre el tema, la información disponible por Internet (palabras clave: Ética, Código de ética, Integridad científica, Conducta éticamente inaceptable, Conducta éticamente cuestionable, Conflicto de interés, Evaluación por pares, Curriculum vitae, Proceso de publicación, Formación de recursos humanos, Carta de recomendación) y la normativa y acciones de distintas organizaciones internacionales (United States Office of Science and Technology Policy, United States National Science Foundation, German Research Foundation y el United Kingdom Medical Research Council, United States Public Health Service, el Danish Committee on Scientific Dishonesty y otros) sobre la materia.

El capítulo incluye una clasificación y definiciones sobre las conductas analizadas, acompañadas por casos concretos y la forma en que fueron descubiertos, evaluados y sancionados así como la forma en que influyeron sobre las acciones preventivas posteriores. Esta es una guía útil cuya reproducción íntegra excedería los límites de cualquier reseña. Sin embargo resulta imprescindible incluir los acápites de las conductas referidas y sus principales referencias. Lo que sigue es una reproducción de lo tratado en el capítulo tercero con algunas glosas aclaratorias.

Conductas éticamente inaceptables (mala conducta científica) en el proceso de publicación.

Fabricación de datos -  (invención de datos, experimentos o trabajos que no se efectuaron).

Falsificación de datos - ( alteración de los datos para que se ajusten a las expectativas del investigador; los datos existen pero son manipulados para arrojar el resultado que se desea).

Plagio - (apropiación de ideas, métodos o textos sin mencionar a los verdaderos autores; tal vez la más común de las malas conductas aunque los medios informáticos también proporcionan herramientas para descubrirlos) .

Conductas éticamente cuestionables en el proceso de publicación.

Guardar indebidamente los datos crudos o información básica y provocar en consecuencia que no se puedan llevar a cabo réplicas, corroboraciones  o verificaciones - (los datos o información básica debe ser guardada por un lapso considerable, tres años según los estadounidenses, diez según los alemanes; el destruirlos u ocultarlos puede acarrear sanciones por negligencia y desvirtuar los resultados).

Llevar a cabo análisis “post hoc” sin especificarlo claramente - (los ingleses lo definen como mala conducta científica).

Selectividad en el uso de la información - (manipulación mediante la cual se eliminan en forma inadvertida los datos o documentos que no “sirven” para confirmar una hipótesis y se inflan los que la favorecen).

Citas bibliográficas incorrectas u omisión de citas relevantes - (es obligación de los autores revisar a fondo los antecedentes de su asunto o tema; la omisión en esta materia pretende hacer aparecer como nuevo u original un asunto ya trabajado por otros; en general es una forma de plagio o apropiación indebida porque muchas veces se copia bibliografías sin haber consultado las obras directamente).

Negligencia - (en términos generales, se considera negligente a quien no sigue los procedimientos correctos o no da cuenta de ellos en forma adecuada o a quien incluye información equivocada aunque haya incurrido en esas faltas por descuido, es decir sin mala intención. Para los británicos la negligencia es mala conducta científica independientemente de la intención del investigador).

Someter el artículo a más de una revista - (es un procedimiento muy mal visto por los editores de revistas científicas aunque esto no quiere decir que sean los árbitros; merece más debate sine ira et studio).

Otras faltas éticas o conductas éticamente cuestionables relacionadas con el proceso de publicación - (incluyen la publicación múltiple, conocida internacionalmente como “salame”, que consiste en fragmentar un manuscrito en pequeños trabajos que son presentados en forma independiente para “multiplicar” la producción; la publicación duplicada que consiste en volver a publicar en otra revista científica un artículo idéntico a uno publicado anteriormente; la publicación inflada es un tipo de publicación salame; el autoplagio o “refrito”  suele producirse cuando los autores reconocidos son invitados a escribir revisiones y repiten lo que escribieron antes o se limitan a cambiar el título de un artículo anterior; abuso del procedimiento de arbitraje se produce cuando un autor envía un artículo que sabe mediocre a una revista arbitrada para beneficiarse así de uno o dos juicios de alto nivel de modo que tomando en cuenta las críticas recibidas, corrige las debilidades del artículo original y lo envía a otra publicación; reportar un artículo como aceptado para publicación cuando dicha aceptación no se ha producido; autoría injustificada: la autoría de un artículo se justifica por el aporte intelectual y el trabajo realizado a lo largo del proceso; Aluja y Birke advierten que “hoy en día se ha vuelto práctica común incluir personas que no cumplen con esos requisitos”, se trata de lo que se denomina ‘autoría regalada’ y en otros casos ‘altruísmo recíproco’ (en el caso de la relación estudiante-mentor se sugiere que el estudiante figure como primer autor “en caso de que esté dispuesto a aceptar la responsabilidad en todas las etapas, o único , en caso de que el profesor no haya contribuido sustancialmente al estudio en alguna de las etapas críticas”.

Faltas éticas cometidas en el proceso de evaluación de artículos por editores y revisores.
Manejo de manuscritos recibidos para ser arbitrados - (los artículos recibidos para ser publicados no pueden ser retenidos ni copiados; los revisores y editores no deben utilizar los datos o información contenida en ellos que deben ser considerados como propiedad intelectual del autor y la revisión debe llevarse a cabo en lapsos breves; el editor y los árbitros tienen una obligación de confidencialidad y estos últimos no deben aceptar manuscritos que impliquen conflictos de interés porque los trabajos deben evaluarse en base a sus méritos sin que intervengan criterios de índole personal o de competencia entre los científicos.

Conflictos de interés - Ejemplos de conflictos de interés que involucran a la institución, sus directivos y al personal.

Figurar por ser directivo en todos los trabajos que se publiquen en la institución o envíen a congresos, sin haber participado efectivamente en su concepción y elaboración -  (el caso puede ser considerado asimismo como ‘autoría injustificada’).

Obsequios y gratuidades - (es una conducta inaceptable que una persona use su posición para obtener ganancias extraordinarias).

Compensaciones - (todas las retribuciones de cualquier tipo que reciban los investigadores por una consultoría o ponencia que favorezca la comercialización de un producto o servicio, siempre que no sea modesta, implica un conflicto de intereses).

Nepotismo y corrupción - (es éticamente inaceptable la contratación de familiares o de personas que terminan viviendo o trabajando en otro lugar).

Pago múltiple por el mismo trabajo - (por ejemplo cuando un investigador recibe un salario por la institución en la que trabaja y otro por el organismo que financia su proyecto).

Conflictos de esfuerzo - Los conflictos de esfuerzo son aquellos donde la dedicación, el tiempo y el esfuerzo aplicados a otras actividades colaterales interfieren en el buen desempeño en un trabajo[19]. El conflicto de esfuerzo es una forma de conflicto de interés y representa una presión constante ya que es parte de la cotidianeidad. El trabajador debe tomar decisiones acerca de cuantas responsabilidades puede asumir sin detrimento de una u otra y sin que la tensión le afecte en su salud o en la de quienes le rodean. En los contratos y compromisos de trabajo es ético establecer la forma en que se conjuga lo sustantivo con lo accesorio o extraordinario.

Cualquier sistema de trabajo debe respetar nuestros tiempos y cualquier trabajador debe tener la responsabilidad de decir “no puedo, ya estoy saturado”. Entre nosotros, los sistemas de acumulación de sueldos y las ordenanzas relativas a las dedicaciones totales (DT) procuran evitar irregularidades producto de los conflictos de esfuerzo pero es preciso señalar que, por lo común, son insuficientes para impedir la saturación, especialmente en cargos de responsabilidad académica o funcional.

Esto es así porque esas normas se refieren solamente al trabajo prescripto y hacen hincapié en los aspectos mensurables. En cambio, no tienen en cuenta otro aspecto indisociable del trabajo humano: el trabajo real, es decir aquel que se resiste a la definición, el que requiere el compromiso, la creatividad y la inteligencia práctica del trabajador para ser llevado a cabo y que no puede ser contemplado por las normas. Si los trabajadores se limitan a cumplir el trabajo prescripto hacen lo que se llama “trabajo a reglamento”, una respetable medida de lucha que no debe confundirse con la práctica integral del trabajo humano.

Conflictos de conciencia - Los autores citan a Macrina (2000)[20] al señalar que los conflictos de conciencia se dan cuando las creencias de un docente, un funcionario o un investigador con respecto a un tema son inflexibles, aparecen como cuestiones de principios, e influyen invariablemente al emitir un juicio con respecto a un asunto sobre el que tiene que expedirse. No existen acuerdos sobre este tipo de conflictos pero es innegable que se manifiestan con tanta mayor intensidad cuando mayor es la responsabilidad en cuanto a la toma de decisiones.

Ejemplos de conflictos de interés que involucran a los estudiantes y personal académico joven, en los que interviene la institución y los profesores

Creación de instituciones de educación superior o de investigación persiguiendo intereses personales o políticos (coyunturales) – “En nuestro medio sigue siendo común – sostenían Aluja y Birke – la creación de instituciones motivadas por intereses políticos de corto plazo y no con el fin de mejorar el nivel de la oferta educativa o de investigación a la sociedad”.

No contar con una política honesta de mejoramiento del nivel académico del personal - (“En instituciones donde existe un rezago en materia de formación de recursos humanos de alto nivel, se dan casos donde por presiones externas, se motiva al personal a inscribirse en programas de posgrado. En nuestro concepto, se incurre en una conducta éticamente cuestionable a nivel institucional, si se otorgan permisos a personal que no tiene el potencial para transformarse en un científico independiente. Es decir, si la persona involucrada será un técnico con grado de doctor cuya carrera se estancará. Lo mismo se aplica en casos donde se acepta que el personal se inscriba en programas de posgrado de ínfima calidad con el fin de evitar que la persona involucrada fracase. Lo éticamente correcto en estos casos es fomentar la honestidad intelectual e impedir que se le otorguen grados superiores a personal sin vocación de científico o sin capacidad para transformarse en un investigador independiente. En estos casos, el camino a seguir, es el fomento de una sólida carrera de técnico” (p.116,-117).

Manejar políticas de contratación de personal académico excluyentes que impidan el ingreso de elementos de alto nivel - (endogamia que Aluja y Birke señalan como frecuente en algunas universidades de provincia donde se otorgan ventajas incomparables a los egresados de la casa).

Implementación de políticas que atenten contra la óptima formación de un estudiante - (esto se hace patente en dos aspectos: en los programas de estudio y en las políticas de titulación. Si esta última está estructurada según metas de eficiencia terminal o de facilitarle el camino a un número limitado de asesores y estudiantes, se estará incurriendo en una falta ética.

Creación de programas de posgrado sin contar con el suficiente personal docente o la infraestructura mínima necesaria para garantizar la óptima formación del estudiante - (“En parte fomentado por presiones gubernamentales o coyunturales (modas) y en parte por intereses personales de individuos o grupos que quieren hacer carrera, se crean programas de posgrado sin contar con el personal docente o la infraestructura de apoyo necesaria. El efecto sobre el estudiantado y sobre la sociedad en general suele ser nefasto ya que se producen maestros o doctores en ciencias mal formados que pasarán a formar parte de un círculo vicioso ya que ellas o ellos ingresarán a su vez a otras instituciones de investigación o docentes donde se involucrarán en la “formación” de recursos humanos” (p.117-118).

Nombrar directivos que no cuenten con el perfil adecuado para dirigir una institución educativa o un programa de posgrado.

Manejar indebidamente los apoyos financieros (por ejemplo becas y donaiones) que la institución recibe.

Manipular los procesos de selección de estudiantes en detrimento de la calidad de los mismos - (“Este conflicto de interés no es nuevo”).

Manipular la información real sobre el estatus de  programas de posgrado  - (“Eliminar información sobre estudiantes reprobados con el fin de no perder becas o de permitirle al estudiante cambiarse de asesor…”).

El abuso de los apoyos financieros del erario público por parte del estudiante durante sus estudios de posgrado - (en lo fundamental por no dedicar su tiempo exclusivamente a la formación de posgrado como lo requieren estas becas).

Conflictos de interés entre mentor (asesor, tutor) y estudiante
Los conflictos de interés entre profesores y estudiantes se tratan en profundidad en los capítulos V, VI, VII y VIII de la obra. Ahora se mencionarán como títulos los casos más graves: tener más becarios de los que se pueden guiar y formar; “robo” de estudiantes; uso de estudiantes; favoritismo o discriminación de estudiantes; publicar como primer autor los datos de un alumno si el alumno expresa el deseo de ser primer autor.

Financiamiento (público y privado) y conflictos de interés.La docencia de calidad y la investigación son actividades muy costosas. Frecuentemente se plantean problemas éticos para decidir la asignación de recursos entre temas que son de interés social y aquellos, no necesariamente coincidentes, que le interesan a la comunidad académica. “La falta de recursos y la presión por publicar para acceder a los escasos recursos económicos han fomentado prácticas poco éticas que van desde las ‘pequeñas desviaciones’ para solicitar más presupuesto del que realmente se necesita hasta las imparcialidades, errores, negligencia y el fraude” (p.121). Los autores se extienden en recomendaciones para asegurar la objetividad de los procesos de evaluación por pares, entre ellas no evaluar proyectos de su misma institución, eximirse de hacerlo en el caso de colegas con quienes se compite o colabora, o con los cuales hay una relación de amistad o enemistad. Asimismo los evaluadores deben aceptar que no actuarán con dolo y que no se transformarán, en modo alguno, en obstáculo o promotores interesados de los intereses de un colega.

Ejemplos de conductas inaceptables en relación con el manejo de financiamientos: favoritismo en el otorgamiento de financiamiento; proporcionar datos imprecisos en el curriculum vitae con respecto a la cantidad de dinero que se obtuvo por proyectos en colaboración con otra institución; inflar el presupuesto más allá de las necesidades del proyecto; cambiar constantemente de línea de investigación para acceder a los recursos financieros de moda.

Formación de recursos humanos. - Aluja y Birke señalan que involucrarse en la formación de recursos humanos representa una alta responsabilidad y un compromiso con valores éticos fundamentales. “La pregunta fundamental que todo tutor o maestro debe hacerse a si mismo es la siguiente: ¿Tengo la vocación y cuento con la formación, experiencia y habilidad para fungir como director de una tesis o profesor de una materia? Por ejemplo, ¿es posible dirigir una tesis de doctorado sin haber dirigido antes varias tesis de licenciatura? ¿Es ético dirigir una tesis sobre un tema que no se domina y que obligará a la persona involucrada, en el mejor de los casos, a apoyarse en colegas para sacar adelante al estudiante o en el peor, a dejarlo a la deriva y obligarlo a buscar asesoría en otro lado?” (p. 124).

Estructuración de un curriculum vitae. - Debido a que los universitarios se mueven en un medio donde la confianza y la veracidad son los únicos principios aceptables, la estructura de un CV es fundamental y la presencia de inexactitudes, la información falsa o la percepción de un intento de engañar pueden acarrear daños irreparables. Por esa razón, los autores desarrollan una serie de recomendaciones que deben seguirse en la presentación de un currículo para ajustarse a las exigencias éticas. Así tratan acerca de la presentación de publicaciones; datos personales; formación profesional; cursos y talleres de capacitación; premios. distinciones profesionales. membresía en sociedades profesionales; actividades profesionales; experiencia en docencia y formación de recursos humanos; conferencias por invitación; presentaciones no invitadas en congresos; participación en talleres, congresos y simposios; financiamiento a estancias de investigación y actividades científicas; patentes.

Finalmente los autores analizan los problemas éticos que se presentan en la elaboración de cartas de recomendación, las solicitudes de becas (se refieren en lo esencial al Sistema Nacional de Investigadores de México), a los estudios de impacto ambiental y a los cursos de acreditación y aprobación.

TODAS LAS VOCES

El capítulo cuarto se titula “Ética en la investigación científica y la educación superior. Situación en los Estados Unidos de América”. Es el único escrito en inglés y su autor, Michael Kalichman, hace un recorrido panorámico por el estado del arte en un país que se destaca por sus hallazgos científicos pero también por la frecuencia y gravedad de las infracciones éticas y delitos. Tal vez las partes más importantes de este aporte se encuentren en el examen del papel de la formación académica para contrarrestar las conductas éticamente inaceptables y en el enfoque prospectivo que realiza sobre el futuro de la conducta científica responsable.

El capítulo quinto expone la perspectiva de una estudiante de licenciatura a través de un cuestionario y encuesta. Es un aporte muy interesante de Arely Castillo-Méndez y Leticia Garibay-Pardo porque pone de manifiesto las faltas éticas de los docentes y autoridades, tales como la discriminación de género o de clase social, el maltrato, las proposiciones inadecuadas, el desinterés de los docentes y estudiantes por sus obligaciones académicas, la manipulación personal, la mala preparación de la cátedra, la falta de reconocimiento en colaboraciones o trabajos de investigación, la compra-venta de exámenes y calificaciones, la escasa formación y actualización de algunos docentes así como el poco interés en la formación de los alumnos. Las autoras también investigaron las conductas inapropiadas de los estudiantes (copia de exámenes y trabajos, aceptación de calificaciones no merecidas a cambio de complicidades, falta de integridad para denunciar irregularidades, etc.  La conclusión más significativa es que los problemas se originan en el desconocimiento del concepto de ética y sus alcances por parte de los estudiantes.

Una estructura similar tiene el capítulo sexto, donde Fernando Iván Flores-Pérez expone la opinión de los estudiantes mexicanos de posgrado a través de una encuesta. Un porcentaje próximo al 20% de los estudiantes de especialidades, maestrías y doctorados opinaron que el comportamiento de su tutor no era ético.

El capítulo séptimo lleva el sugestivo título de “El que no transa no avanza”: la ciencia mexicana en el espejo”. César Domínguez Pérez-Tejada y Rogelio Macías-Ordóñez analizaron la percepción que los científicos mexicanos tienen del desempeño ético de sus colegas y si el haberse formado fuera de México incide en esa percepción. Los resultados les indicaron que este último aspecto no parece gravitante. En tanto, científicos que trabajan en dieciocho instituciones de investigación por todo el país indican que la incidencia de faltas éticas parece ser elevada. Loa autores no solamente discuten el valor del instrumento empleado como estimador de la realidad sino que consideraron mecanismos, de corto y largo plazo, para enfrentar el problema.

El capítulo octavo, producido por Carlos Montaña, se refiere a “El papel del profesor y director de tesis en la trasmisión de valores éticos”. El ensayo advierte que el crecimiento académico que deben promover los directores de tesis y profesores en sus estudiantes debe incluir la trasmisión, fundamentalmente a partir del ejemplo, de una conducta de apego estricto a las normas éticas. Sin embargo, la trasmisión de tal conducta “debe formar parte de una oferta global de calidad educativa a nivel institucional y por lo tanto, puede verse entorpecida tanto por problemas de organización académica institucional como por problemas de organización de los estudios de posgrado” (p.245). En el texto se desmenuzan los distintos problemas desde los institucionales a los de organización de los posgrados.

El capítulo noveno versa sobre “El papel y estructura de una comisión de ética en una institución académica” y fue aportado por Mario Martínez García y Tania Zenteno-Savín. A grandes rasgos advierten que no existe un modelo típico de comisión de ética aunque la experiencia internacional recomienda algunas características esenciales: independiente, multidisciplinaria, multisectorial y pluralista.

El capítulo décimo apunta a “La ética en la investigación científica y en la enseñanza con amimales vertebrados” (por Aline S. de Aluja). El décimo primero desarrolla la perspectiva de la Comisión Nacional de Bioética de México (por Fernando Cano Valle y José Luis Torres Cosme). El décimo segundo se titula “Hacia un código ético para la investigación biomédica en México” (Raúl Mancilla et al.). El décimo tercero, bajo el título “Ética e investigación: una visión desde el sur de México” (Gerardo González et al.) pone sobre el tapete los diferentes criterios que se manejan en torno a la bioprospección, a la explotación de los recursos naturales, a la participación de las comunidades indígenas y el desarrollo sustentable. En el último y brevísimo capítulo, Alfonso Labqué, se refiere a las “Consideraciones éticas relacionadas con los recursos fitogenéticos”.

El aparato erudito de la obra es adecuado por cuanto cada capítulo cuenta con su bibliografía y presta especial cuidado a las obras y fuentes asequibles por internet. Aunque estas están desactualizadas al cabo de ocho años constituyen una buena base para una actualización y profundización sobre los materiales más recientes así como para la ubicación de textos clásicos a través de un buen repertorio de palabras clave. El índice general está bien estructurado y el índice temático es un tanto escueto. La lectura es, en la mayor parte de los casos asequible al gran público sin perder por ello la acuidad propia de una obra de discusión y debate académico. Con la excepción de artículos y desarrollos puntuales en México, Perú, España, Argentina y Brasil, entre otros, todavía no se ha producido una obra similar, en cuanto a practicidad y amplitud de miras, en español o portugués y en los últimos años.





[1] Aluja, Martín y Andrea Birke (coord..) (2004) El papel de la ética en la investigación científica y la educación superior – 2da. Edición – FCE, Academia Mexicana de Ciencias, México. ISBN 968-16-7271-2
[2]Licenciado en Psicología (Universidad de la República). Se interesa en temas de ética y derechos humanos, psicopatología y psicodinámica del trabajo.
[3] Wikipedia, citando a James Fieser (Internet Encyclopaedia of Philosophy), la define como la parte de la ética que se dedica a estudiar los problemas morales concretos y controversiales.
[4] Gouldner, Alvin (1969) “El mito de una sociología desprovista de valores” En: Horowitz, Irving L. (1969) (comp.) Ls nueva sociología. Ensayos en honor de C. Wright Mills (vol.1) Amorrortu, Buenos Aires.
[5] El término (inbreeding, inzucht, etc.) admite variantes en distintos países. En España por ejemplo se aplica al hecho que los nombramientos docentes recaen con fuerte preferencia entre docentes de la universidad que expidió el título y también a la promoción de quienes integran el mismo instituto, equipo, cátedra o taller, Entre nosotros por obvias razones la segunda de estas acepciones es la pertinente.
[6] Cfr Roudinesco, Elizabeth (2005) El paciente, el terapeuta y el Estado; Siglo XXI, Buenos Aires, pp.101,105. La autora hace una crítica demoledora de lo que llama “la ideología del peritaje” que actúa mediante sistemas o “máquinas de peritaje” que pretenden controlar “científicamente” la trasmisión del saber. Roudinesco atribuye la invención de este sistema de clasificación de competencias a un médico norteamericano, Eugene Garfield, quien, en 1957, se propuso eliminar toda forma de afecto o subjetividad en los criterios de selección de investigadores para “fabricar premios Nobel”.
[7] Schulz, Pablo C. e Issa Katime (2003) “Los fraudes científicos”.En: Revista Iberoamericana de Polímeros,Vol.4 (2), abril de 2003,
[8] Cfr. Collazo, Mercedes (coord.) (2008) Debates teóricos, metodológicos y políticos sobre la formación docente universitaria; Comisión Sectorial de Enseñanza, Universidad de la República, Montevideo.
[9] Albacht, P. (2001) Educación superior comparada. El conocimiento, la Universidad y el desarrollo. Cátedra UNESCO de historia y futuro de la Universidad. Universidad de Palermo, Madrid. También Cfr. Escotet, M. (1993) Universidad y devenir: Lugar Editorial, Buenos Aires  y Becher, Tony (2001) Tribus y territorios académicos; Ed. Gedisa, Barcelona.
[10] Moreno, Carlos (2008) Algunas consideraciones acerca de las condiciones salariales de los docentes universitarios en América Latina (internet) versión3 Knol 2008 ago22. Disponible en http://knol.google.com/k/carlos-moreno/algunas-consideraciones-acerca-de-las/2ihmzwsor9416/2

 [11] Cfr. Britos, F. (2012) El drama de los salarios en la Universidad de la República . En http://fernandobritosv.blogspot.com; 17 de marzo de 2012.

[12] OP. Cit. Nota 9.
[13] Cfr. Dejours, C. (2009) Sufrimiento y trabajo ¿Cómo pensar la acción? (una conferencia de C. Dejours traducida del francés; en http://fernandobritosv.blogspot.com , 20 de abril de 2012). Mientras que la psicopatología del trabajo se ocupa de las enfermedades mentales producidas por el trabajo, la psicodinámica del trabajo se ocupa de los procesos psíquicos que permiten encarar y superar el sufrimiento generado por el trabajo.  Y “estatus científico”
[14] El típico argumento neogerencial para las “fundaciones” es el del manejo ágil de los fondos, el resultado es siempre la pérdida de transparencia aunque no necesariamente el dolo.
[15] Britos, F. (2012) Doctor Miller, bienvenido al club de los infractores. En revista La Onda digital, N° 570, 17 de marzo de 2012.
[16] Un ejemplo de le ineficacia de los códigos de ética surge claramente cuando se estudia la ucha de un grupo de destacados psicólogos estadounidenses para conseguir que los señalamientos generales del código de ética de la American Psychological Associaction se apliquen para impedir la participación de sus miembros en las torturas y otras prácticas criminales contra los prisioneros en las que están empeñados los Estados Unidos. Cfr. Coalition for an Ethical Psychology: www.ethicalpsychology.org/ .
[17] Camps, Victoria (1988) Ética, retórica y política; Alianza Universidad, Madrid. PP. 51 : “El significado ético de la acción viene dado no por la decisión final, sino por la argumentación que pesa los pros y los contras y justifica la elección hecha. Ahora bien, una ética que subraya la importancia de la deliberación sobre la de la decisión no es una ética sin respuesta sino una ética consciente de la provisionalidad y vulnerabilidad de todas ellas y que, por tanto, necesita someterlas de continuo a la prueba de otras razones y otras experiencias. Todo discurso es, ciertamente, un instrumento de manipulación y de violencia. No obstante ese es un peligro que la ética ha de asumir y no puede ocultar bajo unas formas de expresión inflexibles y solemnes sino que ha de manifestarlo propiciando otras formas menos definitivas como la discusión y el diálogo”.
[18] La Dra. Paulette Dieterlen Struck (n.1947) es doctora en filosof{ia por la UNAM, Directora del Instituto de Investigaciones Filosóficas (integrante del Sistema Nacional de Investigadores de México desde hace más de 20 años, nivel III) e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias. Tiene vasta obra édita sobre derechos humanos, justicia distributiva y pobreza,  marxismo analítico, racionalidad y ciencias sociales, entre otros temas de filosofía práctica.
[19] Los autores manejan la definición de Macrina, F.L. (2000) Scientific Integrity: An Introductory Text with Cases; 2da ed.; ASM Press, Washington D.C.
[20] Op. Cit en nota anterior.

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