viernes, 12 de agosto de 2011

Testimonio sobre una evaluación psicotécnica


Estimados compañeros:
Lo que sigue no es más que un relato testimonial, cuyo escrutinio debe tomar en cuenta los alcances y limitaciones de este tipo de narraciones. [1]

A la voz de ¡aura!

Concursé para provisión efectiva de cargos de Licenciado en Trabajo Social en el Servicio Central de Bienestar Universitario (SCBU). El concurso finalizó a fines de diciembre de 2005 y su última prueba fue la psicolaboral,  que consistió en dos tests y una entrevista. Los tests fueron realizados en grupo  y la entrevista fue individual.

Creo que debo describir brevemente en qué consistieron los tests y en qué encuadre, contexto o como se quiera llamar fueron realizados.
El lugar fue la casa de Becas del SCBU.

Los siete concursantes que  llegamos a esa prueba nos encontramos que sobre la mesa alrededor de la cual nos hicieron sentar a todos, había 7 lápices, 7 gomas y siete hojas de papel en blanco.
La señora desconocida que allí estaba, ya sentada a la mesa, se presentó como Adriana Cristóforo, Profesora Titular de no recuerdo si Psicología Laboral o Psicología del Trabajo o algo por el estilo. Nos dijo que ese grupo docente considera que el trabajo no debe ser un lugar de dolor o algo así (no dijo sufrimiento) para el trabajador, sino un lugar de despliegue de sus posibilidades (o algo así) como ser humano, que si alguien quería hacer alguna pregunta ella la contestaría y que si alguien solicitaba posteriormente una devolución de los resultados de la prueba estaban dispuestos a brindarnos una entrevista. Sin transición agregó que los tests durarían más o menos una hora y media y que debíamos dibujar una figura humana lo más completa que nos fuera posible y luego otra que estuviera caminando bajo la lluvia y que sobre este segundo dibujo debíamos escribir un relato.
En algún momento nos repartió 7 hojas con 8 cuadros cada uno de los cuales tenía dentro una o más líneas rectas o curvas, con instrucciones en portugués, que nos impartió en castellano.
La tarea se desarrolló bajo el más absoluto silencio, roto sólo en dos momentos: en uno en que me tenté y me reí en voz alta porque me encontré a mí misma contando con cuidado a ver si había puesto una nariz, dos ojos, etc., etc. y otros también se rieron (todo sin palabras)  y en otro en que alguien preguntó si se podía ir y le fue contestado que sí con un tono y movimiento de una mano por parte de la Profa. Cristóforo, que interpreté como “aquí no se le está imponiendo nada a nadie”, Además de silencio había rigidez o casi ausencia de movimientos: allí no volaba una mosca. Tenía enfrente mío a una concursante que dejó de dibujar cuando yo estaba aún tratando de ponerle pelo a mi primer dibujo y que se mantuvo absolutamente quieta, casi sin pestañar, con una cara tan seria que parecía furiosa, por mucho rato, hasta que preguntó si se podía ir.
Pienso que durante nuestro trabajo de dibujantes y escritores la Profa. Cristóforo se mantuvo observándonos permanentemente. Incluso cuando se fueron yendo los concursantes y quedaron lugares vacíos, ella cambió de lugar para ver la cara del dibujante del que antes sólo veía el dibujo y la forma de hacerlo. Me di cuenta de esto porque en un momento levanté la cabeza y la vi cambiada de lugar y mirándome fijamente.

Ahora describiré brevemente la entrevista individual a la que tuve que concurrir en el día, hora y lugar a los que fui citada (fue en la casa de Psicología de la calle Mercedes).
Me encontré que todos habíamos sido citados para ese día en horarios consecutivos y de que había dos “equipos” entrevistadores: uno conformado por una joven y un joven que se nos presentaron sólo por sus nombres de pila y otro por la Profa. Agregada Alicia Muniz, que así fue presentada a nosotros por una funcionaria que nos avisó que llegaría tarde y que pedía disculpas y que la esperáramos.

Según pudimos cotejar luego con mis dos compañeras (tres de los quince concursantes inscriptos ya éramos AA SS de BU desde hace 7 y 8 años), los entrevistadores se diferenciaron en la manera o estilo en que entrevistaron. Los dos jóvenes formularon directamente las preguntas que tenían escritas en una hoja que leían y la Profa. Muniz planteaba temas al entrevistado, con un ojo puesto en la hoja que tenía sobre la mesa. Ambos equipos tomaban apuntes.

A mí me entrevistó la Profa. Muniz, quien me saludó con un beso y me hizo entrar a uno de los consultorios del primer piso y me invitó a hablar de temas como por qué-para qué me había presentado al concurso, qué hacía yo con los problemas de que me hacían depositaria los aspirantes a becas (cómo los “manejaba” o sobrellevaba, etc.), qué expectativas y/o proyectos tenía visto que mi edad era 69 años, qué efecto tenía en mí ser soltera y no tener hijos, qué efectos tenía en mí el hecho de presentarme a un concurso sólo para seguir trabajando en el mismo cargo profesional que ya tenía desde varios años atrás, visto que ella sabía que el año anterior me había presentado y había salvado un concurso para ser Profa. Adjunta.
En este momento, sábado 13 de mayo de 2006, no recuerdo más. ¡¡¡¡Uuuuuuuffffffff !!!!!
¡¡¡¡¡ Ooooooommmmmm !!!!

¡Y se va la segunda!
La sección Concursos de Oficinas Centrales nos citó en enero de 2006 para que nos notificáramos del resultado de la prueba psicolaboral y del acta final del concurso. Concurrí y, además de estampar mi firma, contrafirma y fecha, leí lo escrito en una hoja que contenía puntaje asignado a cinco  (5) personas y era el resultado final de todo el concurso.
Esa hoja contenía información sobre cinco personas ¡¡¡ cuando fuimos 7 los que hicimos la última prueba !!!

Dije a la funcionaria que me atendió la sorpresa que esto me causaba y además le solicité que me diera por escrito lo que las psicólogas hubieran escrito sobre la totalidad de los concursantes que hicimos la prueba psicolaboral y, si ello no le fuera posible, lo que las referidas profesionales hubieran escrito sobre el resultado de mis propias pruebas. Ambas solicitudes me fueron negadas, bajo la información de que las referidas profesionales lo habían así dispuesto, informándoseles a los funcionarios de Concursos de Oficinas Centrales por parte de las autoridades competentes que lo escrito por las Psicólogas estaba en un sobre sellado que no podía ser abierto. Así que no tuve más remedio que solicitar ipso facto aquella entrevista “de devolución” que ambas profesoras habían ofrecido a los concursantes.

Andando las semanas, ya en febrero de 2006, se nos citó nuevamente para notificarnos de una nueva acta final del concurso. Concurrí nuevamente a estampar todo lo estampable por mi parte y verifiqué que esa nueva hoja contenía información sobre siete personas.
Uno de los siete concursantes finales no alcanzó el puntaje mínimo total requerido y otro fue eliminado en la prueba psicolaboral por atribuírsele un perfil no adecuado al ejercicio de las funciones descriptas en las Bases del Concurso.

En algún día de abril de 2006 la Profa. Alicia Muniz me llamó para ofrecerme tener la entrevista tal día a tal hora en la referida casa de Psicología.
Acepté y concurrí planteándome tener una conversación distendida con una Profa. Agregada desde mi calidad de Profa. Adjunta, sobre asuntos tales como
·         consentimiento informado: aspectos operativos y éticos;
·         fundamentos teóricos, metodológicos y técnicos para la traspolación de resultados de pruebas de personalidad y de medición de rendimiento intelectual originalmente ideadas para el campo clínico al campo de selección de personal;
·         estudios realizados en Uruguay acerca de la validez y confiabilidad de las pruebas a que fuimos sometidos los concursantes; etc. etc., en la medida en que fuera posible.

En realidad lo primero que no fue posible fue mantener una conversación y mucho menos aún una conversación distendida.

La Profa. Muniz me recibió recostada en su silla  y con una sonrisa que a mí me pareció condescendiente me dijo algo así: ... a ver, cuénteme cómo va viviendo todo este proceso ...
Contesté que no vivía ningún proceso íntimo en referencia al concurso y que me había visto obligada a molestarlas solicitándoles esta entrevista puesto que en el mostrador de Concursos no se me había proporcionado el resultado de la pericia psicológica que había habilitado a que se me adjudicaran determinados puntos en la prueba llamada psicolaboral.

La respuesta fue que esa disposición provenía de la “DGP” y que en lo que concierne al puntaje fue adjudicado por el Tribunal luego que la Profa. Cristóforo les leyera el informe psicológico producido por ellas. La sonrisa que me había parecido condescendiente había sido sustituída por una expresión que me pareció un rictus autoritario que incluía ojos sorprendentemente grandes: bueno, voy a pasar a leer el informe.

A medida que iba leyendo suspendía por momentos y me miraba (yo muda durante toda la lectura). También hacía comentarios: ... el informe tiene una estructura que es la que utilizamos en todos ellos ... (tomé nota: Motivaciones para el Concurso; Conclusiones; En suma.) En otro momento debo haber hecho un gesto y el comentario fue es textual.
Cuando terminó junté el índice y el pulgar de la mano derecha como pinza, extendí la mano ¡sin tocar la hoja sacrosanta!, puse sonrisita boba o pícara (¡esa fue mi intención!) y dije: Alicia ¿no sería posible una fotocopia de eso?

El rostro y la voz que inducían a miedo respondieron: mmmrrrr…diríjase a la DGP (Dirección General de Personal).
¿Qué decía el informe?
No puedo responder fehacientemente.

El primer puñetazo que oí fue deterioro cognitivo acorde a la edad y por ahí cerca algo sobre experiencia (no sé en qué sentido). Tengo anotado “donde lo intelectual no es lo más relevante”. “Búsqueda de perfil”. “Evaluación de personalidad”.

Una vez terminada la lectura procedí a decir que lo de deterioro cognitivo acorde a la edad era tautológico: encontraron lo que ya sabían que iban a encontrar. Y agregué que si yo juzgara que necesitaba HOY una prueba acerca del funcionamiento de mi cerebro solicitaría a mi médico del Casmu una consulta neurológica que midiera seriamente mi rendimiento intelectual. En este momento la Profa. Muñiz se agitó y respondió que el informe no decía nada de eso ni pedía eso, mmmmmmmrrrrrrrrrrrrr.

Oí algo así como que mi actitud o interés primordial es grabarme en la cabeza las ideas y percepciones que recojo de cada uno de los estudiantes entrevistados y/o de las familias visitadas. Es cierto no sólo que dije eso sino que lo practico y lo logro ¡ay! y son cientos los chiquilines con los que trabajo. ¿Será que la Psicología juzga que esto denota un perfil de personalidad no apto o apto con reparos para el ejercicio del cargo que se concursa?

Y luego como pude (o más bien no pude) fui introduciendo los temas con fórceps: no se me permitía hablar, se me acusaba de que yo estaba poniendo en duda el saber y la ética de la Psicología, etc., etc. Pregunté si estos tests habían sido debidamente validados y estudiados en su confiabilidad en Uruguay y se me respondió que yo sabía que no, que habían sido probados con “poblaciones similares”. Se me dijo que se llamaban “Figura bajo la lluvia” y “Wartegg” y que en Internet encontraría toda la información que quisiera sobre ellos.

El clima “espiritual” me parecía extremadamente violento. Yo tenía que ir a poner un parcial para 164 alumnos y creía que ya había cumplido con mi deber, así que dije que formaba parte de Affur, que tenía posición tomada acerca de que este tipo de pruebas no deberían incluirse en los concursos, que el tema ya estaba en discusión en alguna de las cinco áreas académicas de la Udelar y que cada una tendría que pronunciarse, tarde o temprano, por acción u omisión. La Profa. Muniz a esa altura ya hablaba en voz muy alta y decía que yo estaba confundiendo los ámbitos e insistía en que me dirigiera a la “DGP”.
Me paré, di la vuelta a la mesa, me incliné y le di un beso y le dije que yo tengo mucho respeto por la Psicología. Se puso de pie y me dijo: ... Desconfío ... Ah! No, ud. no es como las demás concursantes. ...Desconfío ... mientras caminaba hacia la puerta y me la abría.

Salí pensando que en esa casa yo no sería en adelante persona grata (la Profa. Muniz me dijo que ella era responsable del Area Diagnóstico en la Facultad de Psicología, cuya sede es precisamente este local.

Fin de la historia.

A los que tuvieron la paciencia de llegar hasta aquí les digo que hasta la prueba psicolaboral otra compañera y yo estábamos empatadas en 189 puntos, con unos 10 ó 12 puntos de distancia del resto (nos había ido yo diría que muy bien en el puntaje de méritos y en todas las pruebas). La psicolaboral nos desempató a favor de mi compañera, que obtuvo 2 puntos más que yo. Seguimos primeras y distanciadas del resto, PERO AMBAS FUIMOS JUZGADAS COMO APTAS CON SALVEDADES.

Yo trabajo en el cargo para el que concursamos hace ahora 9 años y mis calificaciones siempre estuvieron por encima de 100 (con la anterior Directora y con la actual). Mi compañera hace 8 años que trabaja en el cargo para el que concursamos, tiene 21 años menos que yo y calificaciones iguales y/o mejores que las mías. Nuestros compañeros y nuestros chiquilines becarios y sus familias nos quieren y nos respetan.
(No me importa lo que hacés, lo que has hecho ni lo que harás.)

Saludos a todos y ojalá que las palabritas que anteceden confieran un poquito más de transparencia a estas actividades que se quieren mantener en la opacidad.
Blanca Gabin.



[1] Hay vasta literatura acerca de los problemas de validez de los testimonios, de los diarios personales, de los relatos de vida, de las historias de vida, etc. Goza de prestigio por estas latitudes el artículo del sociólogo Carlos Piña “Sobre las Historias de Vida y su campo de validez en las Ciencias Sociales”, Revista Paraguaya de Sociología, Año 23, Nro. 67 pág. 143-162, que está en la biblioteca de la FCS, así como una versión algo diferente publicada en Chile, creo.  Mi orientación personal en este terreno está dada por los trabajos historiográficos orientados hacia la historia oral, inaugurada en la segunda mitad del pasado siglo por Thompson, historiador marxista inglés. Muy importante bibliografía en portugués accesible en Acrobat Reader en el sitio de la Fundación Getúlio Vargas.

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